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Guerra de surtidores en La Raya

Un camionero portugués reposta en una estación de servicio española próxima a la frontera con su país. :: casimiro moreno
Un camionero portugués reposta en una estación de servicio española próxima a la frontera con su país. :: casimiro moreno
  • El Gobierno portugués aplica una rebaja de precios en las gasolineras fronterizas con España para evitar la fuga de sus transportistas. Parece que va a pinchar en hueso

La Raya: dícese de los 1.290 kilómetros que completan la frontera entre España y Portugal. Desde la desembocadura del río Miño por el Norte hasta el estuario del Guadiana por el Sur. O a la inversa. En este caso, el sentido de la marcha tampoco altera el producto. El término deriva de la denominación popular de una línea divisoria, pero en este caso el peso de los siglos y el de su trascendencia política, económica y militar han acabado por otorgarle rango de nombre propio. Con mayúsculas. La Raya.

Se constituyó como frontera con la firma de la Paz de Zamora, en 1143, cuando Portugal se desgaja e independiza del reino de León. Los límites lusos eran entonces mucho menores que en la actualidad porque aún no se había expandido hacia el Sur. Desde mucho antes de aquella fecha hasta el 29 de junio de 1926 en que el Acuerdo de Límites revisa y sella en Lisboa la línea tal y como la conocemos en el presente, La Raya, es sabido, ha sido escenario histórico de permanentes conflictos de toda naturaleza: territorial, comercial, cultural... Y las escaramuzas bélicas fueron a menudo la forma en que los poderes de ambas partes trataban de resolver esas diferencias a su favor.

La proximidad también ha generado numerosos episodios de fraternidad, no dramaticemos, pero las peleas han existido y, con otras caras, siguen existiendo. En nuestro tiempo tienen lugar de forma educada e incruenta. El último capítulo se desarrolla desde el pasado jueves. Ese día el Gobierno portugués comenzó a aplicar una rebaja de 13 céntimos en cada litro de combustible en un total de 55 gasolineras fronterizas con Castilla y León, Extremadura y Andalucía. Una medida de la que por ahora solo pueden beneficiarse transportistas profesionales de mercancías con camiones de más de 35 toneladas y encaminada a cortar el torrente de vehículos de carga que cada día atraviesan la frontera para ahorrar una buena cifra en los surtidores españoles, sensiblemente más baratos.

La reacción del Ejecutivo luso tiene lógica porque son miles los vehículos de gran tonelaje que jornada a jornada se desplazan a Badajoz, Salamanca o Huelva con el propósito exclusivo de economizar en cada viaje una media de 250 euros, según la diferencia de tarifas a uno y otro lado de La Raya. Hay que tener en cuenta que la capacidad del depósito de un camión de grandes dimensiones supera a menudo los mil litros. El peregrinaje es más que comprensible. En una primera estimación, el Ministerio de Economía portugués calcula que esta circunstancia le provoca una pérdida próxima a los 135 millones de euros. Una cantidad que se le va por el sumidero y que quisiera recuperar, al menos en un alto porcentaje, con el decreto que puso en vigor hace cuatro días y que afectan a 17 estaciones de servicio colindantes con Salamanca, otras 13 con Zamora, 14 con Badajoz y 11 más vecinas de la provincia de Huelva. Quedan fuera de esta estrategia las gasolineras que limitan con Galicia.

¿Conseguirán los responsables políticos portugueses su propósito? No parece fácil. El experimento no pinta bien porque los precios siguen siendo menores en territorio español: un promedio de 90 céntimos el litro de gasóleo A por una media de 1,025 euros el luso. Algo más de doce céntimos. Multipliquen por mil.

«Estamos igual»

El ahorro posible es todavía mayor en la gasolinera pacense de San Martín, en el polígono industrial de El Nevero. Luis Fuster, su encargado, está muy tranquilito. «En estos pocos días no hemos notado ningún perjuicio. Estamos igual. En nuestro caso, a pesar de su rebaja de 13 céntimos, seguimos siendo unos 20 céntimos más baratos y nos está llegando el mismo número de clientes portugueses». La estación de San Martín se encuentra ubicada en la salida 403 de la A-5 Madrid-Lisboa, a apenas dos mil metros de la frontera. Eso le permite aplicar tarifas muy agresivas.

El optimismo de Fuster contrasta 15 kilómetros hacia el Oeste, en Elvas, ya en el Alentejo portugués, con la resignación de Adolfo Teles, gerente del surtidor de BP en esa localidad. «Ha pasado muy poco tiempo; no hemos notado ninguna diferencia. Aquí por ahora no vienen más clientes y muchos camiones siguen pasando la frontera. Iremos viendo». Una esperanza débil.

Tampoco parece mayor la del propio Gobierno impulsor de la iniciativa. Conocedor de sus limitaciones, el Ejecutivo del socialista António Costa se ha dado de plazo hasta final de año para valorar si con el decreto gana en competitividad y recauda más impuestos. Mientras, el tráfico en La Raya no cesa.