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La nueva nave del capitán Kirk

La nueva nave del capitán Kirk
  • El destructor ‘USS Zumwalt’ no solo comparte con el ‘Enterprise’ de ‘Star Trek’ el nombre de su comandante, sino una tecnología que le permite dejar en tierra a la mitad de su tripulación

Repantingado en su sillón rodeado de pantallas gigantes del puente de mando, el capitán Kirk da la orden para que la nave, un prodigio de tecnología de aspecto futurista, zarpe en la misión encomendada. Los amantes de la saga ‘Star Trek’ reconocerán en la anterior frase el comienzo de una nueva película de su héroe galáctico favorito –con permiso del señor Spock–, pero se equivocarán de cabo a rabo. El capitán Kirk, de nombre de pila James A., no manda el mítico ‘Enterprise’ sino el ‘USS Zumwalt’, el mayor y más sofisticado destructor que haya servido jamás en la Armada de Estados Unidos, lo que equivale a decir del mundo entero. Acaba de largar amarras del astillero donde ha sido construido a orillas del río Kennebec, en Maine, para poner rumbo a su base en San Diego, California.

El nombre de su comandante no es, sin embargo, lo más curioso del barco. Tampoco las dimensiones del buque –186 metros de eslora, 15.000 toneladas de desplazamiento que incluyen todo tipo de sistemas ofensivos y defensivos– o su original diseño prismático y piramidal, concebido para dispersar las ondas de los radares enemigos. Lo verdaderamente llamativo del flamante destructor es que ha conseguido reducir su tripulación hasta límites insospechados: apenas 147 hombres –y mujeres–, entre oficiales y marinería, la mitad de los que enrola cualquier otro destructor.

Pese a la apabullante panoplia de armamento letal de que dispone, el capitán Kirk es un hombre afable que lleva con buen humor las inevitables comparaciones con su tocayo del celuloide. «Ciertamente, de vez en cuando me han tomado el pelo diciéndome: vas a llegar donde ningún otro hombre ha llegado antes en esta clase de nave», confiesa. Pero se pone más serio cuando habla de sus mejores armas, que paradójicamente no están hechas de frío metal o tecnología punta sino de carne y hueso. «Esta tripulación tiene tres grandes virtudes: un alto nivel de experienca técnica, la capacidad de trabajar en equipo y la destreza para conseguir que se haga en cada momento lo que necesita hacerse», resumía la pasada semana en la ceremonia de botadura.

El ‘USS Zumwalt’, que ha costado 4.400 millones de dólares, es el primero de la clase. De una nueva clase de destructores, se entiende, que incorporará la Armada estadounidense gracias a un ambicioso y carísimo programa militar muy criticado cuando se puso en marcha hace quince años. La flota original iba a incluir 32 barcos; por el momento, solo se han encargado tres. Concebido para el ataque mar-tierra, debe su nombre al almirante Elmo R. Zumwalt Jr., que fue jefe de operaciones navales de Estados Unidos entre 1970 y 1974, cuando su país libraba una guerra en Vietnam y otra global y soterrada contra la Unión Soviética.

Barcos fantasma

Reducir al mínimo la tripulación, o incluso eliminarla por completo, es el sueño de cualquier almirante que quiera dormir con la conciencia tranquila después de jugar a las batallas navales. Y va camino de hacerse realidad: Si el ‘USS Zumwalt’ es capaz de entrar en zafarrancho de combate con la mitad de marinos a bordo que sus enemigos, otro barco de su misma bandera, el ‘Sea Hunter’, no necesita embarcar a nadie en absoluto. Este ‘dron de los mares’ de 40 metros de eslora, construido en Portland (Oregón) y actualmente en fase de pruebas, será capaz de cubrir con total autonomía 10.000 millas náuticas –podrá ir por su cuenta de América a Japón y volver– dedicado a la misión para la que ha sido concebido, rastrear y destruir submarinos, esquivando el tráfico marítimo y el mal tiempo. Detrás de su construcción está la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) estadounidense, que también trabaja en el desarrollo de perros y mulas de carga robotizados para usos militares. Su gran reto, más allá de la complejidad técnica de fabricar un barco totalmente autónomo, es blindar su centro de mando para que ningún pirata informático pueda apoderarse de él a distancia.

La marina civil también es consciente de las ventajas de ahorrarse los gastos de las tripulaciones en el tráfico marítimo. Un estudio financiado por la Unión Europea investiga cómo crear una flota de barcos sin pilotos, marineros, maquinistas o cocineros a bordo. Y la empresa británica Rolls-Royce, que además de fabricar fastuosos automóviles es uno de los principales constructores del mundo de motores y turbinas de aviación, trabaja en Noruega en un proyecto de realidad virtual por el que los futuros capitanes podrían, desde un confortable puesto de mando situado a miles de millas de distancia, capear los temporales que azotan a sus cargueros en mitad del océano. Los ingenieros sostienen que estos buques sin tripulación serán más seguros, menos contaminantes y más baratos de operar y mantener que los actuales, ya que serán un 5% más ligeros y consumirán entre un 12 y un 15% menos de combustible. Según sus expectativas, en una década los primeros barcos drones surcarán las aguas del mar Báltico en singladuras de prueba. Y entonces el capitán Kirk tendrá que ceder el paso al capitán chip.