Ideal

Vuelve el hombre

Vuelve el hombre
  • El luchador Conor McGregor es el nuevo icono fashion. Salvaje en el ring, crea tendencia con su estilo duro, sus cuidados cortes de pelo y sus trajes a medida

Conor McGregor (Dublín, 1988) llama a las cosas por su nombre: «Lo único que me interesa es vestir bien y patear el culo de mis rivales». El luchador irlandés, que no es precisamente un dechado de diplomacia, es el hombre del que todos hablan. Es el nuevo icono fashion y al que todas las marcas de moda rinden pleitesía con la extensión de jugosos contratos. McGregor, imagen de Reebok, no admite medias tintas. Representa al modelo de hombre salvaje. Brutal. Contundente. Lo más viril que ha nacido en la tierra en muchos años. Se le ve extremadamente feliz con un perfil tan duro. Muy parecido al del actor británico Tom Hardy. Encarna la vuelta del macho. Por algo le apodan 'The Notorious'. Otros le han bautizado con el sobrenombre de 'El infame'. Algunos editores de moda lo señalan como el hombre más bestia y al mismo tiempo más 'cool' del mundo. Le apasiona el lujo y sujetarse los pantalones, que suele llevar muy ceñidos, con ostentosos cinturones de Hermès y el logo de la marca francesa -una 'G' rematada en letras supergrandes- divisándose a kilómetros de distancia.

La discreción no es su fuerte, porque simplemente no es su estilo. Si sobre el ring muestra su lado más salvaje y se enorgullece de machacar y humillar a sus rivales, fuera de él actúa como una 'celebrity'. Tiene maneras de estrella del rock y se comporta como si los focos llevaran apuntándole toda la vida. Con esa mirada tan desafiante, sólo verlo da miedo. Así que cualquiera se atreve a dudar sobre su condición de triunfador. «Me parece bien que la gente crea en este Dios o en aquel, yo pienso que nosotros podemos ser nuestros propios dioses. Yo creo en mí mismo», confesó a la revista de moda 'GQ'.

Porque esa es otra. Puede ser o parecer todo lo bruto que quiera -aunque en gustos musicales muestra debilidad por... ¡Mariah Carey!-, pero olfatea como nadie el negocio. Sabe que se debe a todos los públicos. A los que le siguen y jalean en sus espectaculares peleas de artes marciales mixtas (MMA) y los que agradecen su apoyo a la industria de la moda acudiendo a los desfiles. Por eso, lo mismo acapara las portadas de publicaciones chic donde muestra su lado más dandi que las de corte deportivo. 'Rolling Stone' fue de las últimas revistas en subirse al carro al nombrarle 'sex symbol' junto al cantante Justin Bieber y el primer ministro canadiense Justin Trudeau.

Es tal su fama (y arrogancia) que el exceso de confianza le lleva a cometer deslices de los que jamás muestra el más mínimo signo de arrepentimiento. Esta misma semana irritó a los ciudadanos colombianos al colgar en las redes sociales un 'selfi' en el que aparecía con una camiseta que llevaba impresa el rostro del fallecido narcotraficante Pablo Escobar acompañado de la palabra 'twins' (gemelos, en inglés). En vez de pedir disculpas, McGregor hizo oídos sordos a los numerosos fans que le recriminaron semejante posado.

Tampoco le remuerde la conciencia la forma que tiene de ganarse la vida en un «juego brutal, peligroso. El objetivo es infligir daño. Si no hay diversión en lo que haces, dime por qué lo estás haciendo. Yo me divierto y me gano la vida haciéndolo», reflexiona. Comenzó a boxear como método de defensa al sufrir 'bullying' siendo un niño en el colegio. Con el cuerpo plagado de cientos de tatuajes, este fenómeno experto en soltar certeros zurdazos a las mandíbulas de sus oponentes ha impuesto un estilo propio con sus trajes de 5.000 euros hechos a medida y de corte clásico, que combina con pajaritas o corbatas, esmerados cortes de pelo, cuidada barba, tupé pelirrojo... También le gusta lucir enormes y carísimos relojes que romperían las muñecas de otros. «Tres personas murieron para hacer este sólido reloj de bolsillo de oro», expresó en una de sus habituales salidas de tono. Con aspecto de 'hipster', se ha convertido en inspiración para muchos jóvenes que, evidentemente, no pueden seguir su lujoso tren de vida.

Aprendiz de fontanero

Conor, que trabajó de aprendiz de fontanero antes de ganarse la vida repartiendo salvas de puñetazos y vivió un tiempo de los bonos de asistencia alimentaria, gasta dinero a espuertas. Se dejó casi medio millón de euros en la compra de un 'Rolls-Royce' para festejar su victoria sobre el brasileño José Aldo y el pasado abril le regaló a su novia, Dee Devlin, con la que sale desde hace diez años, un reloj Cartier de diamantes valorado en 275.000 euros.

No sólo se lo puede permitir, sino que aprovecha cualquier momento para manifestar su culto al dinero. «¿Qué tiene de malo? Quiero asegurarme que mis hijos y los hijos de mis hijos tengan una buena vida. El dinero me motiva y cada vez que gano pulverizo a mi oponente. Soy el mejor luchador del planeta. Necesito quitar de en medio a toda esta gente y buenas peleas o acabaré endeudado bien pronto», esgrime este púgil acostumbrado a liquidar los combates por la vía rápida -«me tomaría menos de 30 segundos envolverlo como una boa constrictora y estrangularlo, si tuviera enfrente a Floyd Mayweather», subraya- pero que se confiesa «humilde» en la victoria y derrota.