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Descubren partículas que podrían causar alzhéimer en la polución de las ciudades

Descubren partículas que podrían causar alzhéimer en la polución de las ciudades
  • Son minúsculas esferas de magnetita, un mineral con una sensibilidad extrema a los campos magnéticos y, se cree, la capacidad de dañar el cerebro

  Un equipo de investigadores británicos ha documentado la presencia de unas pequeñas partículas en el cerebro que, se cree, pueden provocar daños neurológicos e incluso fomentar la aparición del alzhéimer. Según sus experimentos, son esferas microscópicas de magnetita, un mineral extremadamente sensible a los campos electromagnéticos y provenientes del medio ambiente. Probablemente, destacaron, de la polución de las ciudades.

     «Hace veinte años que se descubrió que en el cerebro humano se forman partículas de magnetita, un mineral muy magnético», destacan los investigadores en un artículo que ha publicado la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). «Un análisis con microscopía electrónica ha permitido detectar otras similares, muy abundantes, con características que coinciden con lo que se esperaría de una formación a altas temperaturas, lo que a su vez sugiere un origen exógeno». Sus datos, por tanto, hablan de contaminantes que llegan al cerebro desde el exterior.

     La magnetita, apuntan los científicos responsables del estudio, tiene el potencial de causar graves daños al cerebro por tres de sus cualidades: «porque tiene actividad de reducción y oxidación, porque tiene cargas en su superficie y por su comportamiento altamente magnético». Además de su sensibilidad a imanes y campos electromagnéticos fuertes, las otras dos características pueden interactuar con otras moléculas y provocar daños celulares de distinta magnitud.

     Según su estudio, el camino más probable por el que estas partículas de magnetita recién descubiertas llegan al cerebro es a través del sistema respiratorio. «Como la mayoría de estas partículas tiene un tamaño de menos de 200 nanómetros de diámetro, pueden entrar al cerebro directamente a través del nervio olfativo », indicaron los científicos, liderados por la investigadora Barbara Maher, de la Universidad de Lancaster (EE UU). «El hallazgo es importante porque la magnetita, incluso a tan pequeña escala, puede responder a campos magnéticos externos y es tóxica para el cerebro al contribuir a la creación de radicales libres».

     Para colmo, han identificado nanopartículas con las mismas características -pequeño tamaño y forma redondeada- como parte de la polución habitual de las ciudades. «Estas nanopartículas se encuentran a menudo en las partículas de polución», indican. Se pueden detectar, sobre todo, cerca de las carreteras ya que tanto la combustión de los coches como el calor que provoca la fricción de las ruedas ayuda a crearlas.

     Los autores del trabajo también apuntan a otras posibles fuentes de polución entre las que aparezcan estas nanopartículas de magnetita, como «las estufas mal selladas o las chimeneas».

     Otros orígenes

     Los daños que estas partículas puedan causar en el cerebro son más un razonamiento teórico que una constatación práctica. Su comportamiento químico hace sospechar que puede provocar problemas neurológicos, pero estos no están confirmados de forma experimental. Aun así, explican los investigadores, han detectado una correlación entre la presencia de este mineral en el cerebro y la aparición temprana del alzhéimer que todavía está por explicar en detalle.

     «Una investigación previa detectó un aumento del 138% del riesgo de sufrir alzheimer entre pacientes con una concentración algo mayor de partículas de polución en el cerebro», afirma el trabajo, en referencia a un estudio sobre más de 95.000 individuos en Taiwan. «Todavía no se sabe qué características de la polución produce más toxicidad, pero nuestros resultados son intrigantes y deberían impulsar un estudio más en detalle».