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La pesca deslumbrante de Taiwán

La pesca deslumbrante de Taiwán
  • Solo tres barcos mantienen la tradición de atraer a las sardinas con fuego, una técnica única en el mundo que las autoridades quieren preservar

Es un momento mágico: en medio de la negrura, un fogonazo parte de pronto la noche y en la superficie del mar se desencadena una loca danza de reflejos plateados. Son miles de sardinas -más concretamente, sardinelas del Japón- atraídas sin remedio por esa luz repentina y cegadora, que brincan atropelladamente fuera del agua tratando de alcanzar el fascinante fulgor. Su empeño puede recordar al de las polillas que bailan alrededor de las lámparas eléctricas y, al igual que ocurre en el caso de los insectos, tendrá un desenlace funesto: la misteriosa llama arde en el extremo de una vara de bambú, manejada con pericia por un pescador desde la proa de una barca, y los peces concluirán su breve vuelo atrapados en las redes que alza el resto de la tripulación.

La pesca con fuego es una tradición del norte de Taiwán. Según los historiadores, llegó a haber trescientas embarcaciones que la practicaban, pero hoy solo quedan tres. En mayo de cada año, cuando los preciados bancos de sardinas se aproximan al estuario del río Tamsui, estos botes salen a su encuentro bien provistos de carburo de calcio: son las 'piedras de fuego' que, en contacto con el agua, generan el acetileno que alimenta la llamarada. La temporada se extiende hasta agosto, con jornadas de seis horas que, si la faena se da bien, pueden rendir hasta cuatro toneladas de este pescado tan apreciado en las gastronomías de Taiwán y Japón: eso equivale a unos cuatro mil euros. Pero, claro, no todas las noches son así de buenas: «Mis ingresos diarios son inestables», ha resumido a la agencia Reuters el propietario de una de las embarcaciones, Jian Kun. Como la inmensa mayoría de estos pescadores, Jian Kun ya ha superado la frontera de los 60 y contempla con pesimismo el porvenir de esta costumbre de siglos.

Camino de la desaparición

Los pescadores se van retirando y no hay jóvenes que adquieran sus destrezas, perfeccionadas a lo largo de toda una vida de práctica. Las autoridades del país asiático están preocupadas por la probable desaparición de esta singularidad cultural, que está bien considerada desde un punto de vista medioambiental: «Es una técnica única y preciosa. Además, como se aplica en un área de operaciones bastante reducida, afecta relativamente poco al entorno y está catalogada como una técnica amigable», explican en la oficina pública que gestiona las pesquerías y los puertos, donde los expertos estudian desde hace años la mejor manera de poner freno a la rápida decadencia. El Gobierno ha concedido un subsidio a los profesionales, para que sigan prendiendo sus antorchas en las noches de primavera y verano, y el año pasado se decidió incluir la pesca con fuego en el listado del patrimonio cultural taiwanés.

Pero la vía más prometedora para preservar esta tradición es la del turismo. Desde 2012 se celebra un festival anual, dedicado a divulgar entre la población urbana «el trasfondo histórico y el significado cultural» de la pesca con fuego, y las tres embarcaciones que la siguen practicando son invitadas a realizar exhibiciones. Los tres meses de temporada se han convertido en una atracción para los viajeros, que se apostan pacientemente en la orilla a la espera del deslumbrante fogonazo y la frenética ebullición de peces: este año, se han creado paquetes turísticos que, por un precio de entre 40 y 160 euros, permitían subir a bordo de los botes para contemplar de cerca el espectáculo del fuego, la vida y la muerte. La convocatoria ha tenido especial éxito entre los aficionados a la fotografía: también ellos, como los bancos de sardinas, parecen obsesionados por atrapar el súbito resplandor.