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«España se convirtió para mí en una prisión»

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Testimonio de Ayo. / Foto: Alberto Ferreras | Vídeo: Virginia Carrasco

  • DÍA MUNDIAL CONTRA LA TRATA

  • Durante el año 2015, las fuerzas de seguridad liberaron en España a 133 víctimas de trata, mujeres procedentes en su mayoría de países como Rumanía o Nigeria. Esta es la historia de Ayo

Ayo tiene 25 años y es de Nigeria. Llegó a España en 2014 engañada por una red de explotación sexual que la obligó a ejercer la prostitución en las calles de Madrid durante casi un año, hasta que una operación policial la liberó de la situación de violencia y explotación y la derivó al Proyecto Esperanza, una fundación que lleva casi dos décadas ofreciendo atención integral a las víctimas de una lacra de la que, advierten los expertos, solo conocemos la punta del iceberg.

“En Nigeria estudiaba la preparatoria para la Universidad y allí conocí a una persona de mi edad que me habló de Europa y de la posibilidad de estudiar y trabajar allí. Habló con mis padres, que se emocionaron con la idea y aceptaron. Por eso vine”. La juventud de Ayo contrasta con la madurez de sus ojos mientras relata su historia. Destila una fuerza tremenda cuando la conversación planea sobre sus planes de futuro, sobre sueños que van creciendo a medida que los pronuncia. “Estoy haciendo un curso de atención sociosanitaria y quiero seguir estudiando, sacar la ESO y después un grado medio para trabajar en un centro de día. Me gustaría hacer Enfermería y cuando pienso en el futuro me veo trabajando incluso como doctora y eso me da fuerza para seguir adelante”, enumera con una sonrisa. Cuando se refiere al pasado, la voz se quiebra de forma casi imperceptible. Recuerda perfectamente cada detalle de lo que ha vivido pero no le gusta hablar de ello. Reflexiona un instante cuando le preguntan si le gusta España. “Ahora sí, pero al principio no me gustó nada, para mí era una prisión. Entré en una casa y allí estuve durante un año, no fui a ningún otro lugar”.

“Cuando Ayo llegó a España, la realidad no tenía nada que ver con lo que le habían dicho. La obligaron a ejercer la prostitución en las calles de Madrid y la amenazaban continuamente con que si no pagaba la deuda de 50.000 euros que le exigían, iban a hacer daño a su familia. También estaba sometida a un rito de vudú por el cual no podía pedir ayuda o hablar con la Policía. Estuvo diez meses hasta que una investigación policial la sacó de esa situación y la derivó al Proyecto Esperanza”, explica Marta González, coordinadora de dicho proyecto y volcada en la atención a las víctimas de trata cuando esta lacra no tenia nombre ni estaba tipificada como delito en el Código Penal (se incluyó en el 2010). Recuerda el día en el que Ayo llegó al programa hecha un manojo de nervios y desconfianza. “Tenía un nivel de ansiedad muy fuerte, le costaba mucho verbalizar lo que le había sucedido y confiar en que la ayuda que se la ofrecía era desinteresada, porque muchas veces son engañadas por personas de su entorno, amigos e incluso familiares".

Desde aquel día ha pasado un año y seis meses en los que Ayo, por encima de todo, ha aprendido a no tener miedo. “Ahora me siento fenomenal, pero al principio es muy difícil confiar en quienes te quieren ayudar. Tenía miedo de me pasara algo malo o de que vinieran a matarme pero ahora sé que no va a pasar. También he entendido que el vudú no funciona, que si no crees en estas cosas no te pueden hacer nada”. Cada mañana, Ayo reza y canta para afrontar el día con fuerza y optimismo. La mayoría de las canciones que conoce son religiosas, aunque admite que se está dejando conquistar por Enrique Iglesias. En los momentos de debilidad, se reconforta pensando en su familia y recurre a la psicóloga del proyecto. “Siempre contesta al teléfono cuando estoy nerviosa. Hacemos ejercicios de respiración las dos juntas, después me doy una ducha y trato de dormir o canto y bailo, que me ayuda mucho”. “Pensé que no iba a volver a ser yo misma pero he vuelto a ser feliz. Soy dueña de mi vida para enfrentar las dificultades y estoy muy orgullosa de mí misma”.

Un negocio muy lucrativo

La explotación sexual mueve cinco millones de euros al día en todo el mundo. En España, durante el año 2015 las fuerzas de seguridad liberaron a 133 víctimas, la mayoría procedentes de Rumanía o Nigeria, pero también de España. “Solo alcanzamos a detectar la punta del iceberg y los datos oficiales se limitan a la labor policial, pero no abarcan toda la realidad. Las estimaciones del Ministerio del Interior señalan que en España hay miles de mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual, laboral, para matrimonios serviles, para ejercer la mendicidad, cometer hechos delictivos o incluso dos casos recientes de trata para tráfico de órganos”, explica González.

La coordinadora del Proyecto Esperanza recuerda que no hay un único perfil de víctimas. La mayoría son jóvenes de entre 18 y 25 años pero de niveles educativos o socioeconómicos muy variados. También la nacionalidad va fluctuando en función de la situación económica del país de origen. En los 90 llegaban de Colombia y Ecuador; en los 2000 la mayoría eran rusas, ucranianas o rumanas; en los últimos años, el mayor número proviene del África subsahariana y también de China. “En lo que sí coinciden es en que son mujeres enormemente fuertes, valientes, valiosas y con una capacidad de recuperación increíble. Nuestra tarea es apoyarlas en este proceso para crearse un futuro”.