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El Valle de Aran se aleja de Cataluña

El Ayuntamiento de Viella, la capital aranesa.
El Ayuntamiento de Viella, la capital aranesa.
  • El independentismo se estrella en este rincón de los Pirineos, donde esquía lo más granado de España. El 70% de sus vecinos vive del turismo

Los mapas electorales de Girona y Lleida, las provincias en las que el nacionalismo catalán ha tenido siempre más arraigo, amanecieron el lunes teñidos de un solo color. Junts pel Sí, la plataforma independentista, era mayoritaria en todos los municipios... salvo en seis (tres de Ciutadans y otros tres del PSC). Los seis pertenecen curiosamente al Valle de Aran, una isla en medio de la hegemonía de los partidarios de soltar amarras. Una región con la estación de esquí más ‘cool’ del país, Baqueira Beret, por donde se desliza lo más granado de España, incluida la Familia Real. La melodía pegadiza de la ruptura con España que con tanta alegría se había propagado dejó de sonar al chocar con la abrupta geografía pirenaica: Aran, con una población de 10.000 habitantes, resistía a los cantos de sirena como si fuese una versión actualizada de la aldea gala de Astérix ante los romanos.

En honor a la verdad, hay que decir que Junts pel Sí fue la candidatura más votada en el valle, aunque por un estrecho margen: la plataforma que agrupa a CDC y ERCsumó 1.207 votos, 25 más que el Ciutadans de Inés Arrimadas, la segunda fuerza. Y las cosas resultan aún más clarificadoras si se comparan los resultados de los dos bloques en liza: la suma de los no independentistas (básicamente Ciutadans, PSC, PP, Si que es Pot y Unió) alcanzó el 67% de los votos frente al 31% que resultó de añadir los apoyos del CUP a Junts pel Sí, que se dio un buen batacazo. Bajó del 37,45% de las últimas autonómicas al 31%.

Los más de seis puntos que se ha dejado la plataforma en el camino confirman una realidad que sale a relucir en todas las elecciones: los araneses no quieren saber nada de la independencia de Cataluña. «El valle nunca ha sido independentista y las elecciones del domingo lo han vuelto a dejar claro», reflexiona Javier Ricou, que escribe para ‘La Vanguardia’ desde Viella, la capital aranesa. «Los resultados deberían hacer pensar a partidos como CDC y ERC. En el momento en que han apretado el acelerador de la independencia han sufrido una pérdida de apoyo considerable».

«Allí solo hay miseria»

Aquí, como en otras muchas partes, la gran sorpresa del domingo fue la irrupción de Ciutadans como segunda fuerza, un papel que en las anteriores autonómicas le correspondió al PP. En el partido de Albert Rivera no se han andado por las ramas: han rechazado categóricamente la independencia e incluso han insinuado que en caso de que llegara a producirse propondrán una consulta para que el valle se mantenga unido a España ‘enganchándose’ a Aragón.

Para entender la frialdad con la que contemplan los araneses los arrebatos independentistas de sus vecinos hay que echar la vista atrás y recordar que ha vivido durante siglos de espaldas a Cataluña. Rodeado por montañas que lo mantuvieron aislado por el sur hasta la apertura en 1948 del túnel de Viella, subsistió de forma autárquica entre penurias. «Allí es mejor no ir porque solo hay miseria», recuerda haber escuchado en casa a sus mayores el periodista Ricou, natural de una localidad aragonesa próxima.

El turismo le dio la vuelta al calcetín y de ser una de las comarcas más pobres pasó a los puestos de cabeza en las listas de renta, una posición que sigue sin abandonar. Los araneses son administrativamente una autonomía dentro de la autonomía catalana: su Consejo General gestiona competencias similares a las de cualquier gobierno regional y tiene la última palabra en asuntos de tanta enjundia como la educación, la sanidad o el turismo, la piedra angular de la economía aranesa (el 70% de la población vive del sector).

Esa peculiaridad con respecto a otras comarcas catalanas explica que los alumnos araneses sean escolarizados en cinco idiomas (aranés, castellano, catalán, inglés y francés) o que el catalán no sea la lengua hegemónica ni en la calle ni en las relaciones con la administración. También que el título que proporciona el único instituto que hay en Viella les sirva a sus estudiantes para acceder tanto a una universidad española como a una francesa: Toulouse está a dos horas de coche, la mitad de lo que se tarda en ir a Barcelona. Hasta los medios de comunicación de la Generalitat dejan a un lado el catalán e incorporan el aranés en sus desconexiones locales.

El aranés es en realidad una variante del occitano, la lengua que se habló en el sur de Francia. Su prodigiosa recuperación –hace unas décadas se daba por desaparecido– tiene mucho que ver con la voluntad de los araneses de no ser ‘colonizados’ por un idioma, el catalán, que muchos sienten como una imposición. Un estudio del Idescat, que es el instituto de estadística de la Generalitat, fijaba así los usos lingüísticos en el valle hace un par de años: castellano (38%), aranés (23,4%) y catalán (16%). Otro informe sobre las afinidades identitarias de sus habitantes –‘El sentiment de nacionalitat de la Val d’Aran’– concluía que se sienten mayoritariamente araneses (65%) y más españoles (43%) que catalanes (35%). Queda claro.