Los profesores de esquí reclaman una legislación para el uso de las pistas

Los profesores de esquí reclaman una legislación para el uso de las pistas

No existe una legislación específica para el uso de las pistas y se pide vigilancia para evitar situaciones como la de una profesora granadina que fue arrollada por un esquiador que se dio a la fuga

ALEJANDRO MOLINAGRANADA

Para May Rodríguez la temporada de esquí no va a terminar el día seis de mayo. Es profesora de esquí y el pasado diecisiete de marzo terminó ingresada en la UCI tras ser arrollada por un snowboarder en la pista del Río. La persona que provocó el accidente ni siquiera se detuvo a auxiliar a May y ella tuvo que ser evacuada en camilla. Hoy sigue recuperándose de las secuelas pero ha perdido movilidad en sus extremidades y sensibilidad. Su regreso a las pistas es remoto. El suyo no es un caso aislado. Atropellos, trabajar en condiciones climatológicas extremas, la altitud... El trabajo de profesor de esquí no es un camino de rosas. Es difícil sustraerse de los tópicos que rodean esta profesión y que la presentan como unas eternas vacaciones de lujo y diversión. Nada más lejos de la realidad. El medio en el que se trabaja es muy duro, especialmente en Sierra Nevada, que tiene las pistas a mayor altitud de toda España. A esto hay que sumar la afluencia de esquiadores. Cumplir las normas de comportamiento cuando se esquía debería ser suficiente para evitar accidentes pero no siempre ocurre.

El caso de May es uno más de los que se producen cada temporada en las estaciones de esquí españolas. Los profesores pasan muchas horas en pista y están muy expuestos. Antonio Ruiz de Morales es el jefe de profesores de la Escuela Española de Esquí de Sierra Nevada y a lo largo de su vida ha sido testigo de muchos casos de atropello. «La vigilancia es fundamental para mejorar la seguridad en pistas», asegura Antonio, que también pone el acento en la función de los mismos profesores. «Ser profesor es más que esquiar bien, hay que enseñar a los alumnos a respetar las normas, a no llegar a toda velocidad a la cola de un remonte, a saber ubicarse en una pista, no vale todo». Esto es algo que el nuevo reglamento de la Asociación Turística de Estaciones de Montaña Españolas (ATUDEM) deja muy claro, el profesor debe velar por la seguridad.

Actualmente no existe una legislación específica que regule el uso de las pistas por parte de los esquiadores y snowboarders. Un esquiador se desplaza a gran velocidad en un espacio que comparte con cientos de personas pero no cuenta con una ley como la de tráfico aunque las condiciones se asemejen. En Sierra Nevada, al igual que ocurre en el resto de estaciones españolas, se rigen por las normas de la ATUDEM, que a su vez están basadas en las de la Federación Internacional de Esquí, pero ojo, no son una ley. Estas, entre otras cosas, recuerdan que no se debe parar en un cambio de rasante, que el esquiador que nos precede tiene preferencia o que se debe señalizar un accidente.

¿Pero quién vela por el cumplimiento de estas normas? Como en cualquier otro ámbito, son los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado los que tienen la autoridad. Más allá de ellos, el servicio de pistas de cada estación es la autoridad oficiosa, pero carece de la fuerza legal para realizar según qué actuaciones. Retirarle el pase a un usuario que esté haciendo un mal uso de una pista es algo que no puede realizar un pistero. Sí pueden en otros países. En Francia un alcalde puede dotar de autoridad a un pistero y algunos estados norteamericanos el sherif puede nombrarlos ayudantes. En España no. El director de montaña de Sierra Nevada, Eduardo Valenzuela, asegura a IDEAL que sería partidario de una norma así pero hoy por hoy la ley no lo contempla. Él fue uno de los miembros de la comisión del Senado que elaboró en 2006 un informe para el uso racional de las estaciones de esquí. Desgraciadamente no se tradujo en una ley como, por ejemplo, tiene Italia o Colorado, en Estados Unidos.

En el apartado físico, el profesor de esquí también sufre los efectos de trabajar en un entorno muy duro. José Sáez tiene 53 años y lleva 20 dando clases de snowboard. El pasado verano sufrió un ictus del que se ha recuperado satisfactoriamente. Las clases son su único medio de vida y este invierno ha vuelto a las pistas. «La dureza de este trabajo se ve a largo plazo y el problema llega cuando menos te lo esperas», explica 'Joe' que es como se le conoce en su colectivo. El desgaste de las articulaciones, las roturas de ligamentos y demás lesiones relacionadas con unos movimientos muy específicos son otro aspecto que incide especialmente en estos trabajadores.

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