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Los jueces de la pirueta

El 'head judge' Matthew Jennings, en el espacio para jueces desde el que se arbitra la prueba de Big Air.
El 'head judge' Matthew Jennings, en el espacio para jueces desde el que se arbitra la prueba de Big Air. / J. I. C.
  • Siete de las doce disciplinas del Mundial de Sierra Nevada se deciden por la media y suma de puntuaciones individuales

Sus apreciaciones deciden quién gana y quién no en las disciplinas que los contemplan como una parte imprescindible. Son jueces. Desde un puesto privilegiado definen, según sus puntuaciones, los vencedores en competiciones como el Big Air, los baches, los Aerials y el slopestyle y halfpipe tanto en esquí como en snowboard. Son varios los criterios que tienen en cuenta. Niegan sentir la presión. Lo cierto es que de sus valoraciones depende todo.

Ubicados en pequeños cuartos sobre grandes estructuras metálicas, los jueces disponen de varias pantallas donde apreciar más claramente cada truco aéreo. En el caso concreto del Big Air, por ejemplo, su plataforma está ubicada sobre una colina a la misma altura del único ‘kicker’ de la prueba, para poder observar la pirueta con la mayor claridad posible. «Aunque esta es una competición muy seria, necesitas romper con la monotonía del día y divertirte un poco», esgrimen.

Son estrictos y profesionales, con muchos años de experiencia a sus espaldas en las competiciones más importantes de los deportes de invierno. Eso no impide que la tensión de la atmósfera pueda romperse con alguna carcajada, más chascarrillos e impresiones compartidas. Un buen rollo palpable y compatible con la ética de trabajo.

Normalmente son cinco, vigilados por un ‘head judge’ encargado de comprobar que son precisos y que trabajan bajo los mismos principios, ayudándoles también a identificar los trucos y anotar las puntuaciones rápidamente.

Lo explica el estadounidense Matt Jennings, ‘head judge’ en Sierra Nevada de las competiciones de slopestyle y halfpipe en esquí y Big Air en snowboard. «Tienes que juzgar sin prejuicio, valorar a cada ‘rider’ sin saber o pensar de qué país procede. Nosotros sólo vemos los dorsales, no tenemos nombres. Miramos qué truco realiza y lo comparamos con otros, si es mejor o peor, y luego damos una cifra para clasificarlos adecuadamente», describe sobre su trabajo.

«Ver vídeos de todos los participantes días antes de la competición nos ayuda a saber cuál es el nivel de los ‘riders’», asegura. «Trabajamos como un equipo, eso nos ayuda a saber cuáles son los trucos que se ejecutan. Sabemos qué esperar de cada competición», expresa.

Criterios

Expone el «buen uso de toda la pista, buenas carreras y buenos saltos» como aspectos importantes del slopestyle y «la buena amplitud y buenos trucos y agarres» como detalles significativos del halfpipe. Para este último no necesita pantallas, imprescindibles en slopestyle. «Es muy importante para apreciar las pequeñas diferencias en los trucos, durante cuánto tiempo se agarran y con cuánta solidez, la dificultad, la altura, la distancia… nos ayuda mucho», certifica.

Ola Sundekvist, sueco, forma parte del equipo como asistente del ‘head judge’, o sea de Jennings. «Los jueces de puntuación se basan en su criterio, del 1 al 100, y luego contamos las medias para hacer el total. Se fijan en la dificultad, la ejecución, la amplitud y el aterrizaje», comenta. Resalta la dificultad de arbitrar en Big Air al tratarse de un solo salto en el que los ‘riders’ deben hacer la diferencia. El número y nivel de participantes hace que se dividan en tres jueces por dos ‘heats’ (rondas). Es una forma de agilizar el trabajo y mejorar el rendimiento de los propios jueces.

«Es una gran responsabilidad, pero este equipo juzgará en los Juegos Olímpicos y esto es un calentamiento», razona Sundekvist tras subrayar que «todos los jueces son independientes». Comparten impresiones sobre la mesa manteniendo el criterio individual sobre el aspecto concerniente a cada uno. También disfrutan de los saltos como si fueran un espectador más. Tienen derecho.

Son árbitros de la pirueta con las medallas al final de sus ojos, unas veces con una pantalla y repeticiones como ayuda y otras merced a un vistazo único. Sus puntuaciones establecen quiénes pasan cada ronda, quiénes llegan a la final y quién se vuelve con el oro. Ellos deciden.