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La ciencia oculta de los 'skiman'

El 'skiman' del equipo español, Luca Trionte, prepara la tabla de Regino Hernández antes de comenzar la primera ronda de snowboard cross por equipos.
El 'skiman' del equipo español, Luca Trionte, prepara la tabla de Regino Hernández antes de comenzar la primera ronda de snowboard cross por equipos. / ALEJANDRO MOLINA
  • Tan importante es la habilidad del 'rider' como la de quien prepara el material que utilizará para deslizarse por la pista

Minutos después de coronarse se campeón del mundo, el francés Pierre Vaultier confesaba a una televisión extranjera haber repetido con la tabla de su oro en Sochi. Vieja pero poderosa bajo altas temperaturas, confió en ella y la suerte se mantuvo. Su elección tiene algo de superstición pero sobre todo de estrategia. El material, de tabla o de esquís, que usa un ‘rider’ tiene una influencia directísima con su rendimiento sobre la nieve. Cada equipo, cada corredor, tiene a una persona detrás encargado de ello. Son los ‘skiman’.

Estas figuras son expertos dedicados al mantenimiento, preparación y reparación de los equipos de snowboard y esquí. Responsables de dejar el material a punto para quienes compiten, como si de un coche se tratase. El lógico deterioro de las tablas y los esquís con su uso continuado provoca un desgaste que se traduce en un menor control de los mismos y un mayor esfuerzo por conducirlos. Afilar los cantos, encerar, conservar lisa la suela. Toda una ciencia para la que España tiene en Miguel Oviedo a su referente, ‘skiman’ de reconocida trayectoria a nivel internacional y que ha trabajado para el equipo noruego femenino y masculino, sueco femenino y, cómo no, para el español.

Condicionados por la temperatura, la humedad y las características del ‘rider’, el trabajo de los ‘skiman’ bien puede marcar la diferencia entre una medalla de oro o una de plata, entre un podio o un cuarto puesto. El italiano Luca Trionte es el ‘skiman’ del equipo español en este Mundial de Sierra Nevada, quien ha trabajado las tablas de plata de Lucas Eguibar y Regino Hernández. «Mi función consiste en preparar la tabla del mejor modo, en su estructura, poner una base y la cera final, es complicado de explicar. La base está en tomar la tabla, poner una estructura para nieve muy blanda o muy fría y después trabajarla con mucho cepillo», acierta a describir una tarea compleja, que trabaja mejor que cuenta.

Trabaja el material durante prácticamente todo el día en plena competición. Tras cada manga. Cree que «tener un buen ‘skiman’ es la base para un ‘rider’: el 90%». Para ello no ve necesaria una formación académica. «Se necesita experiencia; no hay una escuela, sólo mucho trabajo. Yo trabajaba en una tienda antes de comenzar con Italia en las Olimpiadas de 2002», recuerda.

Aclara que el trabajo de las tablas se ajusta más al estado de la nieve que a las condiciones del ‘rider’. «En este equipo español todos tienen los mismos cantos. Según la carrera puede variar el largo de la tabla, la cera y la estructura, pero los cantos y el tuning se mantienen. Tenemos un aparato que calcula la humedad del aire y la temperatura y otro que mide la nieve. En función de eso buscamos la mejor cera», desarrolla. Se guarda un as bajo la manga: «Luego, hay diferentes trucos que hacen que la tabla sea más rápida o no».

La rivalidad entre los ‘skiman’ es terrible. «Cada uno tiene su experiencia y hay competencia entre uno y otro, uno puede utilizar una cera y yo otra. Competimos». También se trata de una cuestión de valor. «Va en la persona. Si quieres estar en la media, no arriesgas. Si quieres arriesgar un poco, es intuición personal. En la carrera de hoy hemos utilizado intuición personal cambiando la tabla en el último momento», concluye orgulloso.

Nacho Hernández trabaja en el taller de la tienda Monitor Tecno en Pradollano. Saltan chispas en algunas de sus máquinas con las tablas deslizándose en su interior. Explica el procedimiento de su trabajo: «El esquí llega arañado o con falta de material. Limpiamos la superficie de la suela y la planificamos un poco para pasarla por Cofix y darle plástico, tapando los arañazos. Este plástico se funde a 290 ºC. Cuando la suela se enfría lijamos para quitarle plástico y rematarlo y por último le damos el acabado afilando los cantos en una máquina con discos cerámicos». Además, se le imprime un dibujo a la suela del esquí con el objetivo de que «al pisar la nieve se forme una película de agua que deja deslizar más el esquí y que según la nieve puede ser más o menos profundo».

Cada persona es un mundo y su tabla o esquís, otro. «Se puede customizar un poco el acabado que cada persona quiere, dejando un canto a 90 grados, 88, 87.5… distintas configuraciones en función de la necesidad del corredor o aficionado», señala. Ejemplifica: «Para esquís de alquiler normal de gama media hacemos el canto a 90 grados con uno de tuning porque el canto está un poco inclinado hacia dentro para que sea fácil entrar en el giro y no haga extraños. Un profesional requiere un canto más afilado para que a la menor insinuación de peso en el esquí, este entre en la curva. Esto, para alguien que no sea muy bueno, le puede resultar perjudicial».

El proceso es el mismo tanto para los esquís como para la tabla de snowboard, con la salvedad de distintos tipos de impresión del dibujo. Varía la composición del material según su calidad. «Los más sencillos llevan madera en el interior y poquita fibra alrededor. Si se sube el nivel se precisa que sea más duro en torsión, como el chasis de un vehículo, para que sea más deportivo y tenga una respuesta más precisa». Para endurecerlo se introduce carbono o láminas de titanal. «Aparte, otras marcas patentan su propio sistema de amortiguación para que el esquí vibre menos», añade.

Rigor y análisis

Factores que determinan la capacidad de un ‘skiman’ son el rigor y la dedicación en el trabajo pero también la capacidad de lectura y análisis de la nieve. «En nieve dura, hielo, es muy importante tener los cantes bien afilados. Con mucha nieve el esquí se va a deslizar bien pero entra en juego el tuning», comenta Nacho. También se debe escuchar al ‘rider’: «Le puede indicar dónde quiere que empiece a afilar el canto, dónde quiere que termine, que esté más o menos vivo… todo eso influye».

Su trabajo se asemeja al de los mecánicos de Fórmula 1 cuando los vehículos entran en ‘boxes’. Aunque los ‘skiman’ no operen durante el pleno desarrollo de la carrera, sí que deben actuar con la mayor celeridad posible haciendo valer su agilidad manual y mental. Limar hasta el último detalle; prever hasta la mínima circunstancia influyente. La tensión se corta con un cuchillo cuando se contempla a Luca Trionte de lleno en faena. Aplica toda la concentración que puede reunir porque es consciente de su responsabilidad, con un ojo en el material y otro en la nieve que lo rodea.

Todo hombre tiene una gran mujer detrás, se dice, y todo ‘rider’ un ‘skiman’ en la sombra. O en la luz, porque su prestigio también es considerable como muestran sus trayectorias y sus ‘traspasos’. Algunos de ellos son considerados estrellas a la misma altura del propio ‘rider’, sus contratos son testigos.

No es para menos. Son brujos de la madera y la fibra, chamanes de la cera y el filo de los cantos. Lectores de la nieve con la mejor tecnología como aliada. El éxito del que cabalga también pertenece al caballo y al que lo cuida. El mundo de los ‘skiman’, un gremio de misterios.