El río de los 'mil' nombres

Paisajes para vivir Granada

Arroyos de las cumbres sur de Sierra Nevada bajan las laderas de la Alpujarra hasta las ramblas del Guadalfeo, el ‘río de la Victoria’ de Abderramán

El río de los 'mil' nombres
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE Granada

Una estrecha línea de color verde discurre entre los oscuros grises y ocres de las rocas metamórficas de las cumbres de Sierra Nevada, delata la presencia de un mínimo flujo de agua generado por el deshielo. Mana en mil y una fisuras de los pedregales para unirse en un fino y angosto cauce. En ese punto, bajo los cortados del Tajo Colorao, a 2.900 metros de altitud, en la vertiente suroriental de la alta montaña nevadense, en los Prados del Puerto, se inicia el recorrido del agua de las altas cumbres, un caudal al que se unirá otro fluir del fruto de la nieve que comienza su periplo entre los pastizales del Ventisquero de las Cabras. Las gentes de la Alpujarra oriental, de Bérchules y Cádiar, les llaman Chico y Grande, dos ejes de verdor que unen sus fuerzas a 2.500 metros de altitud. Es el nacimiento de un río que forma parte de la historia y la evolución de la naturaleza y sus habitantes, fauna y flora de un territorio que en poco más de 35 kilómetros en línea recta baja desde las cumbres al mar. El Guadalfeo, el río de los muchos nombres, el cauce en cuya ribera derecha se alzan las laderas de la Alpujarra Alta, y la Baja y la Contraviesa, a la izquierda.

No es fácil observar al que conocemos como Guadalfeo en todo su recorrido, ni siquiera lograr su delimitación, porque el cauce que protagoniza la principal subcuenca del sureste granadino, realiza gran parte de su recorrido bajo denominaciones otorgadas desde hace más de dos milenios por las gentes de la Alpujarra, el Valle y la Costa, pero su búsqueda en las tierras altas de Bérchules y Cádiar, su curso medio en Torvizcón y Órgiva, la presa de Rules, y su paso por los desfiladeros de los Vados y el gran delta de Motril y Salobreña, supone comprender gran parte de la evolución hidrológica y natural del oriente.

Las misteriosas aguas que ya unidas discurren junto a cortijos y reciben las avenidas de barranqueras, llevan el nombre de río Bérchules a su paso por el núcleo urbano de esta población, pero unos kilómetros aguas abajo, al llegar a la localidad de Cádiar, el nombre cambia y adquiere la denominación Guadalfeo, aunque para muchos no es más que el río Grande de Cádiar. El viaje del agua continua, la línea verde marca bosques de galería, riberas de zarzales y cañaverales, tarais y fresnedas, y vuelve a alimentarse con otro caudal que llega desde las inmediaciones del Mulhacén, desde los arroyos que caen desde Siete Lagunas, y que con el nombre de río Trevélez desemboca en el Guadalfeo. (…)

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