El hermano menor

El río en su cauce medio, en el antiguo carril de las canteras de serpentina.
El río en su cauce medio, en el antiguo carril de las canteras de serpentina. / Juan Enrique Gómez
Paisajes para vivir el verano

El arroyo de San Juan conduce el deshielo de los borreguiles del Veleta hasta el cauce del ‘gran Genil’ | Crea cascadas, llena turberas en las altas cumbres y llega poderoso al inicio de la vereda de la Estrella, tras marcar las lindes de la última dehes

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

El agudo gorgojeo de un mirlo acuático se deja oír a pesar del fuerte rugir del agua, brava y tumultuosa, mientras se prepara para sumergirse, una y otra vez, en las frías orillas del arroyo, junto a un rápido torrente de montaña. Busca larvas de libélulas, pequeños peces o caracolillos con los que alimentarse y sobrevivir en el territorio donde nació al inicio de la primavera. Es un juvenil de Cinclus cinclus, que en los cauces de Sierra Nevada lleva de segundo apellido el de la subespecie ‘acuaticus’. Forma parte de una población que coloniza las arboledas de las zonas medias y bajas del arroyo de San Juan, en las laderas que desde el Veleta caen hacia el valle del Genil y Güéjar Sierra, y que puede sobrevivir gracias a la buena calidad de las aguas que llegan desde las altas cumbres. Durante todo el año recorren el cauce y sus barrancos para aprovechar los recursos que de forma estacional les ofrecen los ecosistemas ribereños que el San Juan crea a partir de su curso medio, desde los angostos, casi impenetrables, surcos rocosos bajo la Hoya de la Mora, hasta las laderas de la Hortichuela.

Las aguas del arroyo de San Juan vienen de las praderas más elevadas del Veleta, desde roquedos situados a más de 2.800 metros de altitud, donde el deshielo de enormes capas de nieve genera erráticos cursos de agua que se buscan entre si para crear efímeras cascadas que discurren bajo placas heladas y terminan encharcándose en el borreguil alto de San Juan, desde donde vuelven a precipitarse por escorrentías de marcados desniveles, que al llanear generan las fértiles turberas que ocupan los tajos al norte de la Virgen de las Nieves y bajo la cara este del mojón del Trigo, con su viejo observatorio en la cumbre. Visto desde los cortados de la Hoya de la Mora, el curso del San Juan dibuja una línea que asciende hacia los altos del Veleta, verde entre junio y julio (la primavera nevadense), que torna al ocre desde agosto a la llegada de las nieves.

El San Juan desciende rápido, ha de salvar una pendiente de 1.500 metros en poco más de cinco kilómetros. Bajo las paredes verticales del albergue militar de la Mora se dirige en una rápida caída entre cascajales hacia las estribaciones de Haza Mesa y las veredas que desde los campos de Otero, bajo los peñones de San Francisco, se dirigen hacia Cabañas Viejas y los bosques de roble melojo situados sobre la Estrella, a la altura del Vadillo, hacia espacios donde la imagen de las caras norte de los colosos, Alcazaba y Mulhacén, muestran la impactante cuerda alpina de Sierra Nevada.

El agua se filtra entre rocas y cascajales, recorre caminos subterráneos y alimenta fértiles herbazales situados bajo los tajos de San Francisco, en las laderas bajo las que discurre el arroyo, donde crecen masas de acónitos y aquilegias de flores azuladas, que comparten hábitat con senecios y ranúnculos que llevan apellido granatense. (…)

Reportaje completo, datos, fotogalerías y vídeos en Waste Magazine

http://waste.ideal.es/riosanjuan.htm

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