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Pops-up como este de Ana Llenas están indicados para niños y adultos. En este caso, se trata de una bonita historia de amor.
Pops-up como este de Ana Llenas están indicados para niños y adultos. En este caso, se trata de una bonita historia de amor.

Pop-up y pestañas para estimular la mente y la imaginación

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  • La profesora de Didáctica de las Artes Plásticas y Visuales Judit García Cuesta nos explica los beneficios de estos libros en la mente de los más pequeños... y de los adultos

Libros que al abrirlos muestran imágenes tridimensionales o móviles, cuentos con desplegables y pestañas que esconden objetos, historias en las que importan más las texturas y los ruidos que lo que cuentan en sí... Todos estos pequeños tesoros cumplen su función: estimular la mente y la creatividad del pequeño. Pero, ¿qué los diferencia?¿A qué edades se debe jugar con cada uno? ¿Cómo ayudan en la educación de los niños?

La profesora de Didáctica de las Artes Plásticas y Visuales de la Facultad de Educación de Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Judit García Cuesta, nos da las claves.

De pop-ups y pestañas

«En primer lugar, querría matizar que los libros pop-up son beneficiosos para los niños, pero también para los adultos. Y, a partir de aquí, trataré de explicar por qué es interesante tener estos libros en casa.

Un libro pop-up es una herramienta con la que podemos trabajar varios conceptos interesantes para fomentar la imaginación del niño por diferentes motivos: el primero y más obvio es trabajar el concepto de tridimensionalidad en un formato que tradicionalmente ha estado sujeto a la bidimensionalidad, ya que el artista diseña en cada página pequeñas experiencias en las que el niño, y también el adulto, ha de descubrir los entresijos de ese nuevo espacio que se abre ante sus ojos. Y esto es algo realmente útil para trabajar las ganas de descubrir, sobre todo en el adulto, pues el niño esas ganas ya las tiene», afirma la experta.

El segundo motivo se apoya en el movimiento y la transformación del espacio: «El niño (y el adulto) ve a los personajes, objetos y entornos cobrar vida con cada página, ya que en ellas encontramos pestañas, solapas, túneles, volvelles (ruedas giratorias), imágenes combinadas, tridimensionales, etc., que muestran imágenes ocultas que debemos descubrir para continuar con la narrativa del cuento», explica García Cuesta.

«Todas estas características», agrega, «hacen que podamos trabajar el fomento de la imaginación y la creatividad, pues las historias dejan de ser lineales y es el niño (o el adulto) el que decide la forma de interactuar con la historia. Además, al interactuar físicamente con los elementos emergentes, el niño practica conceptos de psicomotricidad fina al coger pestañas y solapas que en ocasiones son complejas de accionar. Por lo tanto, este tipo de libros pueden ayudarnos a fomentar el pensamiento divergente, pues cuando leemos este tipo de libros exploramos muchas posibilidades de lectura, lo que hace que este tipo de libros rara vez pueda contarse igual. Además el niño aprende por descubrimiento, lo que hace que estos aprendan a pensar por sí solos al preguntarse hipótesis y confirmarlas. Pongo un ejemplo: tengo que encontrar un ratón en esta cocina y tengo varias posibilidades, así que debo de tirar de todas las solapas para descubrir dónde está. Cuando encuentro al ratón confirmo la hipótesis de que el ratón está escondido en la cocina».

A cada edad, su libro

Los libros con ruidos y texturas son los primeros que tenemos que ofrecer a los 'peques', pues les permiten interactuar con el libro usando, motivando y perfeccionando los cinco sentidos. «Este tipo de libros deben darse a bebés de entre 0 y 18 meses. Los primeros que recomiendo son los de tela, porque son muy manejables para los bebés y no pasa nada si se los llevan a la boca, ya que pueden tocarlos, arrugarlos y morderlos sin miedo a que se hagan daño (y además se pueden lavar), pues en estas edades tocar, comer y chupar son las formas que tiene el niño de conocer e interiorizar el mundo que le rodea. Cuando el niño ya adquiere la destreza suficiente para pasar páginas y controla mejor sus movimientos (más o menos a partir de los 9 meses) es el momento de empezar a darle libros de cartón con bordes redondeados, y donde las texturas sean las protagonistas», explica García Cuesta.

Con respecto a los pops-ups y los libros de pestañas, «la edad apropiada es a partir de los 6 meses, cuando el 'peque' es capaz de interactuar con el libro y disfrutar de todas sus posibilidades. Obviamente la figura del adulto tiene que estar presente en todo momento y tiene que focalizarse en realizar una narración entretenida y participativa para hacer interactuar al niño con todos los elementos del libro. Usar este tipo de libros a edades tan tempranas es bueno para estimular la mente del niño, pues a estas edades se asombran con todo y el movimiento que se genera en las solapas les encanta. Eso sí, entre los 6 meses y los 18 meses, los niños sufren un cambio tremendo y entran en una etapa un poco destructiva para este tipo de libros, así que hay que tener cuidado para que no los rompan», explica.