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«Si su hijo le pide ayuda con las matemáticas, no sude»

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El profesor Adrián Paenza. / Óscar Chamorro

  • El profesor argentino Adrián Paenza aboga en su nuevo libro, 'Matemática para todos', por acercar los números a adultos y jóvenes sin miedos y de un modo recreativo

Adrián Paenza empieza a calcular: "Llevo 40 años dando clase, aunque pongamos que son 30, por si acaso exagero; 800 alumnos pasan por semestre por mis aulas; en total, puedo decir que he dado clase a 24.000 jóvenes". Todo en la vida de este profesor universitario argentino son matemáticas, pero los números, en realidad, no son ajenos a nadie: estimar cuánta gente hay en un estadio de fútbol o en una manifestación es matemáticas; repartir una tarta también lo es.

Desde hace muchos años, el empeño de Paenza es demostrar que las operaciones no son ningún monstruo del que haya que huir. Contra todo pronóstico, sus libros divulgativos ('¿Pero esto también es matemática?', 'Matemagia') son superventas (más de un millón de ejemplares en total), y es que el autor cree que los adultos los compran porque tienen carencias que nacieron en ellos cuando eran adolescentes y que ahora quieren solventar. Paenza ha venido a España para presentar su última obra, 'Matemática para todos' (Debate).

¿Pero por qué tanta gente asegura que no tiene ni idea de matemáticas? A juicio de este profesor, las causas deben buscarse en un método de aprendizaje que no funciona. "Se les habla a los adolescentes de siete dieciochoavos, del teorema de Pitágoras, de los senos y los cosenos... No se puede empezar a enseñar matemáticas a los jóvenes de esa manera, utilizando problemas que ellos no tienen en su día a día. No se sienten involucrados y no les interesa", se lamenta Paenza, que considera una atrocidad que los niños estudien las tablas de multiplicar a la edad tan temprana a la que lo hacen ahora.

Fútbol para enseñar física

Adrián Paenza, que ganó en 2014 el Premio Leelavati al mejor divulgador de matemáticas del mundo, aboga por empezar en los niños con matemáticas recreativas. Por ejemplo, para aprender a codificar y decodificar (dos conceptos mucho más comunes de lo que parece -decodificador de televisión, clave de wifi codificada-), Paenza propone el juego de escribir un mensaje y otorgar a cada letra un número; para enseñar física, plantea la posibilidad de estudiar los agujeros de las bolas de golf, los tiros a tabla en el baloncesto o los tiros con efecto en el fútbol; y para imaginar objetos en tres dimensiones, jugar con el cubo de Rubik. Por cierto, el récord mundial de completar el cubo está en 5 segundos 66 centésimas.

Uno de los momentos más temidos para cualquier padres llega cuando el vástago pide a los progenitores que le echen una mano con los deberes de matemáticas. Paenza pide que esta situación se trate con naturalidad. "Que nadie sude", bromea. "Los padres siempre están a disposición de sus hijos para cooperar con ellos, pero no tienen que demostrarles que son infalibles. Uno de los problemas de los adultos es que nos cuesta decir 'no sé'. Pero en estas situaciones, hay que decir 'no sé' y a partir de ahí, busquemos con ellos en un libro, en internet... Buscando juntos se genera una relación que no se puede dar de ninguna otra forma. Pero si además, al final no se encuentra una solución al problema, basta con decir, otra vez, 'no sé'. Nadie es peor persona por no saber".