Ideal

El referéndum italiano sobre la reforma constitucional

Ya hemos visto el resultado: al igual que en el Reino Unido con el Brexit y en Colombia con los acuerdos de paz, el pueblo ha respondido que no a la propuesta del Gobierno de turno. Y -es una conjetura, pero no infundada- seguramente habría dicho que no en cualquier caso, es decir, así hubiese sido tenido la pregunta un contenido diferente o incluso justo el inverso.

Los tres Gobiernos, en efecto, formulaban una consulta -y esperaban una respuesta positiva- sobre asuntos tan específicos como, respectivamente, la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, la ratificación de lo acordado con la guerrilla y, en fin, la reforma del texto constitucional de 1947 que abogaba por “un Estado más sencillo y más barato”.

Pero el pueblo soberano he reformulado la pregunta para terminar entendiendo que se recababa su opinión sobre otra cosa: ¿está vd. contento con David Cameron, con Juan Manuel Santos y con Mateo Renzi o, por el contrario, quiere darles una patada en el trasero?

Siendo esa otra la pregunta, la tentación de votar que no resultaba irresistible. Y en efecto no se ha resistido.

Conclusión: que, como bien nos advirtió el maestro Luis Rosales, “no preguntes lo que no quieras saber”. Y es que sobre lo que la gente te va a responder (negativamente, por supuesto) es sobre tu persona. Lo otro -creer que la consulta versa sobre lo que en teoría versa- es caer en un autoengaño.

¡Cómo son los políticos (y no sólo los españoles)!: unos auténticos marcianos.

Así se entiende que Rajoy, un superviviente de la política, se resista a convocar un referéndum. Ni para la reforma política, ni para la Constitución, ni para la independencia de Cataluña ni para nada. A veces se debate sobre la democracia directa y la democracia representativa. Y las supuestas ventajas de la democracia directa. Pero aunque solemos decir que el pueblo nunca se equivoca -o por eso mismo-, conviene evitar preguntarle directamente.

Lo que tampoco parece razonable es que los políticos eludan su responsabilidad trasladando la adopción de determinadas decisiones al pueblo. Parece claro que hemos elegido a los políticos para que tomen decisiones no para que nos trasladen la decisión a los demás.

El pobre Cameron fue un irresponsable convocando el referéndum de Escocia pero le salió bien. Y se creció y convocó el seguiente, pero le salió mal. Pero esto es la tónica general: el riesgo de convocar un referéndum es que la gente te diga lo que piensa o que aproveche para pegarte un bofetón sabiendo que le sale gratis.

¿Reférendum? No, gracias.