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Adiós a Jorge Fernández, el ministro de los líos

Jorge Fernández Díaz.
Jorge Fernández Díaz. / J. J. Guillén (Efe)
  • La ‘operación Cataluña’, las guerras intestinas en la Policía, la ley mordaza, sus polémicas religiosas y sus salidas de tono llevaban meses señalándole fuera del Gobierno

Es difícil encontrar en democracia un ministro que se haya metido en tantísimos charcos en solo una legislatura. Jorge Fernández Díaz aparecía en todas las quinielas como principal candidato para marcharse del Gobierno y, al final, así ha sido. Mariano Rajoy finalmente ha optado por no someterse al desgaste innecesario y previsible de tener en su gabinete a un ministro reprobado en el Parlamento por la denominada ‘operación Cataluña’ y que se va a enfrentar en los próximos meses a una comisión de investigación por sus tejemanejes contra los independentistas.

Fernández Díaz se había convertido en los últimos meses en un peso inaguantable para Rajoy a raíz de la filtración el pasado mes de junio de su confabulación antiindependentista con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña (OAC), Daniel de Alfonso. Pero lo cierto es que Fernández se había convertido en una incómoda china en el zapato de Rajoy mucho antes de la ‘operación Cataluña’. Sus meteduras de patas gratuitas, las conocidas como ‘fernandadas’, la guerra sin cuartel entre comisarios en el Ministerio del Interior o sus polémicas religiosas hacía mucho tiempo que le habían apartado del Consejo de Ministros, según reconocen algunos de sus más próximos.

Quizás la gota que colmó el vaso para Rajoy fue enterarse por la prensa en agosto de 2015 que su ministro del Interior se había reunido en secreto con el ya por entonces ‘maldito’ e imputado Rodrigo Rato, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo… ni al ángel Marcelo que, según declaró públicamente, le ayudaba a buscar aparcamiento.

Fernández, un auténtico especialista en lanzarse sin red, ya comenzó a levantar ampollas en el gobierno por "reventar" importantes operaciones policiales, dando él mismo la exclusiva, aun cuando el operativo estaba todavía en marcha. La Audiencia Nacional llegó a investigarle por un delito de revelación de secretos después de que convocara una conferencia de prensa para dar detalles sobre una operación contra los Grapo por el secuestro de Publio Cordón cuando el dispositivo policial estaba abierto y bajo secreto sumarial.

Su faceta de activista católico ortodoxo -es destacado miembro del Opus Dei- le hizo meterse en todos los avisperos. Nadie pudo detener al ministro en febrero de 2014 cuando decidió conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial, con carácter honorífico, máxima distinción del cuerpo, a Nuestra Señora María Santísima del Amor. Antes, en 2012, Fernández Díaz otorgó la Gran Cruz de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar, medida aprobada en Consejo de Ministros a propuesta suya.

Su pasión religiosa, esta vez como declarado antiabortista, le llevó a meterse en uno de los mayores jardines que se le recuerdan. Fue en abril de 2013 cuando, a preguntas de un periodista sobre la ley de interrupción del embarazo, tuvo la ocurrencia de comparar en plena rueda de prensa a ETA con el aborto. «Algo tienen que ver, pero no demasiado», dijo mientras explicaba la caída en Francia del aparato logístico de la organización terrorista. El éxito policial fue eclipsado por su sorprendente equiparación.

También le perdió su fervor en marzo de 2013 cuando criticó el matrimonio homosexual porque, entre otros detalles de enjundia, dijo que esa unión no «garantizaba» la «pervivencia de la especie». Aquellas frases enfadaron al PP y al Gobierno casi tanto como la reunión con Rodrigo Rato, pero el Ejecutivo se limitó a desautorizar sus palabras.

Entonces no hubo ninguna reprimenda pública, como tampoco las hubo por no poder (o querer) controlar las guerras intestinas entre los principales responsables del Cuerpo Nacional de Policía, que terminaron involucrados en la filtración de las conversaciones en su despacho con De Alfonso o arrastrando por el suelo el buen nombre de la institución por los juzgados de media Madrid.

Quizás el único charco en el que se metió el ministro y que fue visto con buenos ojos por Rajoy fue el de apadrinar la denominada ‘Ley Mordaza’, que endureció, sobre todo, las sanciones a las protestas callejeras. La imagen de Jorge Fernández sufrió un gran desgaste público, pero quizás aquella ley, muy polémica en la calle, fue la única que le hizo ganar puntos frente a Rajoy. Puntos insuficientes, después de lo visto hoy, para pasar la reválida de repetir en el cargo.