Ideal

El desencanto

Los hijos de la transición adorábamos esa película sobre la familia Panero, de Jaime Chávarri, que contaba las aventuras (más bien las desventuras) de esa familia después de la muerte de Leopoldo Panero, poeta oficial del régimen: la viuda, Felicidad Blanc, y los hijos Leopoldo (genialoide pero superado por el mundo), Juan Luis, poeta decadente (adoro los fetiches) y Michi (fin de raza) me vienen a la memoria en este momento en el que quería describir lo que sentimos los ciudadanos respecto de los políticos. Frente al oropel del padre, representado por el homenaje póstumo en Astorga, se palpa el desencanto que reina o produce su familia ("la sordidez más puñetera"). Desde luego, podría aquí reproducir de memoria muchos de sus diálogos.

Es lo que tenía el video beta de entones: teníamos dos o tres películas (El desencanto, Casablanca, El Angel exterminador) pero las veíamos millones de veces.

Siempre he pensado en dos películas clásicas que me influyeron por sus diálogos: Casablanca, fuera ("¿Me desprecias, Rick? Si te dedicara uno solo de mis pensamientos probablemente lo haría", " presiento que éste es el comienzo de una bella amistad" "siempre nos quedará París"' "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos" y la mítica "tócala otra vez, Sam", que me dicen que no sale en la película en ningún momento) y El desencanto, aquí.

En aquella época se hablaba mucho del desencanto, no sólo referido a la película, sino sobre todo al sentimiento de desilusión hacia la política que tenia la ciudadanía, después de una transicion vivida en la calle con una alegría que contrastaba con el ulterior aburrimiento de la normalidad democratica.

Pero luego dejamos de hablar de desencanto. Lo mas parecido es lo que dijo el cordobes Montilla desde su cargo de Presidente de la Generalitat: desafecto. Supuestamente, los catalanes sentirían desafecto respecto de España.

Luego vino la crisis y el 15M. Esas palabras se quedaron cortas y se dió paso a los indignados.

Parece un tema de grado: desencanto es un grado mínimo (pérdida de la ilusión inicial), desafección (desapego, pérdida de afecto), indignación (grado máximo, expresivo del enfado hacia la situación y hacia la clase política)

Ahora los representantes de los indignados, encabezados por Pablo Iglesias, son parte de la clase política, y tendrian que indignarse contra ellos mismos. En este casi ya un año desde las elecciones:

Sigue sin aclararse su financiacion vía Venezuela;

Uno de sus ideólogos, Monedero, tenía un complejo entramado societario para pagar menos impuestos;

Uno de sus dirigentes, Echenique, no paga a su ayudante la Seguridad Social.

Por tanto, clase política son todos, se comportan todos parecido. Hemos repetido las elecciones porque los políticos han sido incapaces de llegar a acuerdos entre sí. Ni siquiera la grave crisis financiera y económica les ha llevado a entenderse. Tampoco la crisis territorial (con una parte importante del Estado queriendo independizarse)

Y vamos a unas terceras elecciones (y quien sabe si luego a unas cuartas). Desde luego, la palabra desencanto no parece suficiente para describir el sentimiento que sentimos hacia los políticos. Aparte de que exige un previo encanto, que, al menos respecto de Rajoy y Sánchez, no ha existido nunca. Desafecto tambien se queda corto. Indignados sería palabra más apropiada si no fuera porque tambien estamos indignados contra los representantes de los indignados.

Cabreados, cansados, hastiados, frustrados, pasotas, maleados, timados, engañados, estafados, toreados, ninguneados, alucinados, anodadados, serían palabras mas exactas.

En el colegio, cuando nos sorprendían hablando con el vecino y nos declárabamos inocentes, el profesor decía siempre: dos no juegan si uno no quiere. Aquí está claro quien no quiere. Pero habría que echar a los dos, quiera uno o no quiera.

Y ahora nos llamaran a votar otra vez. ¿Para que? ¿Para volver a no pactar? ¿Hasta que el PP temga mayoría absoluta?

Si Jaime Chávarri tuviera que rodar ahora, la película ya no sería El desencanto, sino El Alucine o La frustración. Y podía basarse en la familia Sánchez, especiamente tras el desastre en las elecciones gallegas y vascas.

Material no le iba a faltar.

P.s. Alguien tiene que decirle a Pedro Sánchez que esfá haciendo el ridículo. Que se vaya pronto o se carga a un partido centenario.