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Recetas para partirte de risa

Marián García, en su farmacia de Mejorada del Campo (Madrid), donde ha recopilado tantas anécdotas.
Marián García, en su farmacia de Mejorada del Campo (Madrid), donde ha recopilado tantas anécdotas. / Óscar Chamorro
  • Farmacéutica de nacimiento y bloguera de moda, ‘La boticaria García’ publica increíbles anécdotas vividas en el mostrador. Hay quien confunde el Nolotil con el colágeno o pide gotitas de Maxibón para los ojos

Sabe usted cuántos tipos de cliente puede llegar a tener una farmacia? Nada menos que 37. La madre primeriza, el padre de los recados, la cotilla, el moroso, el enamorado de la auxiliar, el asesino –poco frecuente pero igualmente peculiar– y... no se haga el loco: aunque no lo crea, usted es uno de ellos. Saber de qué estamos hablando le llevará unos segundos, justo lo que se tarda en completar el test que Marián García, la boticaria del momento, propone.

Un ejemplo: lleva toda la tarde con dolor de cabeza y se decide a entrar en una farmacia para poner fin a tan terrible situación…

A: No recuerdo el nombre de ese medicamento que me funciona fenomenal para la jaqueca, pero no importa, le diré a la farmacéutica que las pastillas son blancas y redondas. Seguro que sabe cuáles son.

B: Cuando la boticaria me dice el precio del ibuprofeno pongo el grito en el cielo. ¡De ninguna manera! Mañana pido cita en el médico y que me haga una receta para que me salga más barato. ¡Para eso llevo pagando toda la vida la Seguridad Social!

C: Estoy embarazada, así que le hago jurar a la farmacéutica por la Santa Madre Iglesia que el paracetamol no va a hacer daño al niño. De paso, me quedo tres cuartos de hora (que me se pasan en un suspiro) preguntando qué tipo de biberones cree ella que combinarán mejor con la personalidad de mi bebé. Una hora después, salgo de la farmacia sin paracetamol y sin biberones. En realidad no me encuentro tan mal. Prefiero esperar.

Dependiendo de dónde haya puesto usted la cruz, será el paciente que atenta contra el vademécum, la madre primeriza o el pensionista. Son solo tres, pero hay 35 tipologías más establecidas por Marián con la ayuda de cientos de anécdotas que ha ido recopilando durante años y que, además, acompaña de consejos para que el profesional sobreviva en el intento:«¿Que el paciente se ha aplicado una ampolla de Nolotil en la cara confundiéndola con la de colágeno? El farmacéutico no moverá ni una ceja –el paciente probablemente tampoco–, no puede irle tan mal. Al fin y al cabo es analgésico y el efecto es pasajero».

Todo eso, y más, es lo que Marián –conocida en la blogosfera como ‘La boticaria García’– explica en ‘El paciente impaciente’ (La Esfera de los Libros), el libro que acaba de publicar y que la ha llevado a engordar la lista de quienes ella misma denomina ‘farmafamosos’.

Desde que su recopilación de anécdotas ha visto la luz, un mes y medio de gira por congresos, radios y televisiones la han convertido en la farmacéutica 2.0 más famosa del país. Un trabajo en el que mucho ha tenido que ver un inagotable sentido del humor que dice haber heredado por vía paterna y que, en un gesto de generosidad, hace extensivo a buena parte del pueblo manchego: «Hay un montón de ejemplos, mira si no a José Mota».

La cosa comenzó con un blog cargado de ironía sobre la maternidad primeriza que tituló ‘Mi Gremlin no me come’ y que, con el tiempo, y el miedo a que la madre superiora del nuevo colegio de su Gremlin la descubriera escribiendo alguna impertinencia, decidió aparcar. Sin embargo, a Marián le dio por pensar que para alguien que, como ella misma cuenta, nació un día en que su madre estaba de guardia, qué mejor que escribir de una botica.

Marián García (Madrid, 1982) es boticaria por parte de madre y padre en un país en el que, por qué no decirlo, si alguien se pone a imaginar una herencia apetecible, inmediatamente imagina una farmacia. El caso es que por eso, y porque la primera obra completa que leyó fue un prospecto de aspirinas, aparcó su gusto por las letras para matricularse en la Complutense, licenciarse en Farmacia y doctorarse en nutrición. La inspiración le llegaría luego; en concreto, una fría noche de guardia en la farmacia que compró en un pueblecito de Cuenca al poco de terminar.

Siete años en un lugar en el que el farmacéutico es la única fuerza viva que queda –una vez recortados médicos y curas por efecto de la crisis y el escepticismo– dieron para mucho. Tanto como para que a la vuelta de aquel primer destino, ya instalada en un barrio de Madrid, se animara a poner en marcha un blog en el que salpica decenas de consejos y reflexiones con un increíble anecdotario que ha sido el germen de ‘El paciente impaciente’. «Antes se confiaba en el profesional. El paciente llegaba, preguntaba y se dejaba asesorar. Ahora internet es un peligro. Creé el blog con la idea de ayudar e informar intentando ser graciosa, y funcionó».

Y ya puestos, también habla de los de casa: Marián incluye en su libro trece perfiles de boticarios: el farmasaurio, la farmapija, el farmafantasma, los farmatuiteros...