Ideal

Luena, en 2003
Luena, en 2003

Luena, un joven pero experto conocedor de las entrañas del partido

  • De los paseos por los montes riojanos donde fraguó su alianza con Pedro Sánchez, a sus aspiraciones por construir una carrera en un doble escenario: la política riojana como alternativa a Pedro Sanz y la nacional, como cara visible del nuevo PSOE

César Luena sigue quemando etapas a la velocidad de la luz. Mientras su perfil termina de concretarse sobre el terreno más cercano y sigue deshojando la eterna margarita de si competirá con Pedro Sanz en las autonómicas del 2015, el líder de los socialistas riojanos atrapa otra clase de poder, también suculento: ingresa en el selecto sanedrín del nuevo jefe del PSOE español como hombre de confianza. De modo que alcanza un objetivo que hace años tenía pinta de utopía: cuando paseaba con Pedro Sánchez por los montes de Cameros, durante las visitas del entonces desconocido dirigente socialista a La Rioja, entre ambos se forjó una alianza que el cónclave de este fin de semana terminará de sellar. Dos socialistas de larga crianza en la sombra, con una trayectoria más o menos pareja, que ahora confluye en un momento clave para su partido: su reconstrucción como alternativa fiable frente al PP, en medio de las borrascas desatadas a su izquierda, con IU cotizando al alza y con Podemos amenazando con mordisquear ese sector del electorado donde el PSOE se tenía por la única referencia.

Se trata de un tiempo para hombres audaces, lo cual suena paradójico en el caso de Luena, un dirigente que ha medido siempre sus pasos con cautela. Un político precavido que sólo se asegura de dar el siguiente paso cuando la piscina está más que llena, desbordante. Así fue ascendiendo por el escalafón del PSOE riojano, luego de un meritoriaje que incluyó cargos de escasa relevancia a nivel regional, mientras construía su identidad política en el Consejo de Estudiantes de la Universidad de La Rioja y se convertía en el primero de su clase gracias a las tupidas relaciones fraguadas en los inevitables campamentos de verano, donde los cachorros socialistas van soldando el tipo de vínculos que duran toda una vida: esa suerte de sociedad de socorros mutuos que acaban conquistando las estructuras del partido.

Gerontoparque nacional

De ahí que Luena, pese a su juventud casi insolente en el gerontoparque de la política nacional, presume sin cumplir los 34 años de un profundo conocimiento de las entrañas del partido que ahora tendrá que tutelar. Forma parte de ese misterio llamado aparato desde que, como dirigente de las Juventudes Socialistas, ya se acostumbró a ocupar despacho junto a la sede central de Ferraz y consiguió llamar la atención de los seniors del partido. Fue entonces cuando Pepiño Blanco le cobijó bajo su ancha ala y un envalentonado Luena tomó el impulso decisivo para dar el paso que sus compañeros riojanos le pedían: convertirse en su secretario general.

De nuevo gracias a su dominio de las tripas del PSOE riojano y el apoyo brindado desde Madrid, consiguió pacificar en su tierra natal un partido siempre en estado de combustión que ahora, aunque sigue sin levantar el vuelo en las urnas, al menos ha conseguido cohesionar. Dominado el frente interno, irrumpe hoy entre los actores principales de la política española gracias a un golpe maestro propio de quien se mueve con habilidad entre bambalinas: logró apoyar sin que se notara demasiado a Sánchez en su carrera como sucesor de Rubalcaba y, aunque poniéndose como suele de perfil, se convierte ahora en su mano derecha.

Dueño de una densa agenda de relaciones personales y afinidades parlamentarias anidadas así en Ferraz como en la carrera de San Jerónimo, hincha del Real Madrid, devoto de las caminatas a buen ritmo que le llevan desde su piso en el Madrid castizo hasta la ribera del Manzanares y tan adicto a la bici que exhibe entre lamentos en su teléfono la foto de Contador derrotando a Nibali en este Tour aciago para el ciclista madrileño, este doctor en Humanidades con una tesis sobre la historia del vino de Rioja cuya autoría el PP ha puesto bajo sospecha siempre ha mirado hacia lo lejos. Hacia muy lejos. Nunca ha ocultado sus ambiciones desde que, siendo un jovencito, entusiasmaba a los socialistas más veteranos con un desparpajo impropio de quien por entonces empezaba a afeitarse. Una soltura que nunca le ha abandonado y que necesitará exprimir ahora cuando, en efecto, la política española exige hombre audaces. Llega el momento de saber si César Luena hubiera podido formar parte del grupo que siguió a Shackleton en la conquista del Polo bajo estas premisas: “Se buscan hombres para peligroso viaje. Largos meses de completa oscuridad. Dudoso regreso sano y salvo. En caso de éxito, honor y reconocimiento".