El profesor de la Universidad de Granada que imparte lecciones de vida

Javier Díaz Castro muestra en un teléfono el folio con el que acompañó a su examen. /ALFREDO AGUILAR
Javier Díaz Castro muestra en un teléfono el folio con el que acompañó a su examen. / ALFREDO AGUILAR

Javier Díaz Castro entregó a sus alumnos de Farmacia y Ciencia de los Alimentos un folio en el que les daba instrucciones para el examen

ANDREA G. PARRAGRANADA

Javier Díaz Castro, profesor titular de la Universidad de Granada (UGR), ha dado una lección de buen maestro. Las redes sociales han hecho viral lo que dejó por escrito en un folio, en forma de instrucciones, que les entregó a sus alumnos antes de hacer el examen de Fisiología tanto en la carrera de Farmacia como en el grado en Ciencias y Tecnología de los Alimentos.

Este granadino, nacido en 1980, que estudió en los Maristas y se licenció en Farmacia en la institución en la que ahora es docente no entiende las clases sin explicaciones sobre la materia y ayudando a crear un ambiente positivo en el que aprendan sobre la asignatura e inteligencia emocional. El día 18 de mayo, examen de Farmacia, y el día 4 de junio, el de Tecnología de los Alimentos, sus alumnos recibieron junto a las preguntas del examen, un folio en el que se les decía: «Instrucciones para el examen. Estoy convencido de que conocéis las preguntas, están extraídas de lo que hemos trabajado en clase muchas veces. Confiad en los conocimientos que habéis recibido y en vuestro trabajo. Si el resultado no es el esperado por ti, podrás mejorar en sucesivas convocatorias y te servirá para saber que conocimientos debes reforzar más».

Para después de la prueba, les aconsejaba seguir «teniendo curiosidad por todo» y les recomienda evitar «el estrés. Trabajad con firmeza y determinación, pero disfrutando y cultivad las relaciones con familia y amigos. Estudiad mucho, pero no dejéis de lado a aquellos que nunca os abandonarán». Lo firmaba como Javi.

Estas palabras, y otras más, se han hecho virales en las redes sociales. Javier o Javi, como le llaman muchos de sus alumnos, se ha visto abrumado de todas las buenas palabras de sus estudiantes de este curso y de otros. Acumula miles de 'me gusta' y retuits. Dice que este año académico ha utilizado estas reflexiones porque ha visto a sus pupilos más agobiados que otros. «Estaban saturados», relata. Evoca que muchos de ellos le dijeron «Javi no se puede hacer esto, darnos el examen con estas instrucciones, porque vamos a llorar».

Díaz Castro es querido entre su alumnado. Solo hay que ver las redes sociales y lo que él cuenta: «Hay estudiantes que les di clases hace años que están trabajando y aún me siguen consultando cosas», rememora. Y es que si este docente se encuentra uno de sus 'discípulos' en la calle o en cualquier otro espacio fuera de la UGR no duda en atender el llamamiento.

En la charla con este periódico, Javier Díaz Castro deja otras cuantas reflexiones que sientan cátedra. «Esa barrera entre estudiante y profesor no debería de existir en una Universidad del siglo XXI», sentencia.

Este granadino argumenta reiteradamente que «no soy ningún docente abanderado ni referente de nada. Mi método funciona con mis alumnos». No quiere ser protagonista, él quiere dar clases e investigar. Hay días que dedica a su trabajo más de quince horas.

Prepara sus clases con esmero. Califica su trabajo como un «privilegio». No es un profesor acomodado. Es inquieto y con las ideas claras: «Los profesores somos aprendices toda nuestra vida. Me jubilaré aprendiendo». Por eso, nunca utiliza los mismos apuntes para sus clases. Utiliza una media de diez horas para preparar una hora de enseñanza para sus alumnos.

En clase de Fisiología de Farmacia tiene 80 universitarios, y en los grados de Ciencias y Tecnología Humana 60 al igual que en Nutrición Humana. Suelen aprobar el 90%. Díaz Castro es un profesor querido y respetado. Si le llaman Javi es con respeto. Mejor que le tuteen que le llamen de usted, pero no le tengan respeto ni aprendan con él, confiesa.

Javier, al igual que muchos de sus estudiantes se acordarán de él toda la vida y para bien, tiene tres docentes como referente. Margarita Sánchez, Inmaculada López Aliaga y Mariano Valderrama. Las dos primeras son de Fisiología y el tercero de Matemáticas. «No me gustaba ni se me daban bien las Matemáticas y Mariano hizo que me encantaran», rememora.

Este granadino de familia humilde asegura que con esfuerzo todo se puede conseguir. Su periplo para llegar hasta donde ha llegado no ha sido un camino de rosas. Recuerda muy bien cómo fueron esos dos años (de 2009 a 2011) en Londres para completar su etapa internacional para conseguir acreditarse después como docente. «Como no tenía dinero compraba comida caducada, que era un 50% más barata», recuerda.

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