«Si les gusta la ingeniería, que se matriculen, porque no les va a costar más que a un chico»

Lucía Álvarez González se asoma entre pantallas./Alfredo Aguilar
Lucía Álvarez González se asoma entre pantallas. / Alfredo Aguilar

Lucía Álvarez González ha estudiado 'Teleco' en Granada, un ejemplo para las alumnas que optan por una carrera tecnológica

ANDREA G. PARRAGRANADA

Si el pedal de la bicicleta se rompía no se lo ponían, le enseñaban cómo se arreglaba. Así todo. Desde pequeña en casa, Lucía Álvarez González (Órgiva, septiembre de 1995) se ha interesado y preguntado el por qué de las cosas. Siempre le gustó la ciencia y más la tecnología. Conforme creció, compartió con su hermano, que estudió Informática, ratos de programación y ese interés por conocer todo, que su madre ya le había inculcado, se tradujo en elegir una ingeniería. No iba a hacer Informática ni Química como su hermana. Se decantó por el grado en Ingeniería de Tecnologías de Telecomunicación en la Universidad de Granada (UGR). Empezó en el curso 2013-2014 y terminó en el 2016-2017. En la actualidad está haciendo el máster en Ingeniería de Telecomunicaciones.

«En un mundo, el de la tecnología, eminentemente masculino, Lucía es un ejemplo para todas las chicas que se plantean hacer una carrera tecnológica, pero lo descartan porque creen que no es para ellas». La reflexión es del director de la Escuela de Informática y Telecomunicaciones de la Universidad granadina, Joaquín Fernández Valdivia.

Lucía Álvarez dice que la capacidad no es cuestión de género, es una cuestión de la persona y el trabajo que realiza. No niega que haya estereotipos, pero una vez en la carrera «nunca» se ha sentido excluida. De todos modos, nunca se planteó nada de estereotipos para elegir los estudios. Le gustaba y se matriculó. Nota no le faltaba para hacer lo que quisiera. En el bachillerato obtuvo matrícula de honor y en la selectividad, con las asignaturas que cursó -era del bachillerato de Ciencias de la Salud- obtuvo un 12,884 al ponderar con las preferentes, aunque en Telecomunicaciones entró con una nota menor porque no hizo las materias específicas para ponderar estos estudios.

En ese mundo que dicen de hombres, Lucía, que va con su ordenador colgado mientras anda por los pasillos para hacer este reportaje, envía un mensaje claro a las estudiantes que quieran hacer alguna ingeniería: «Si les gusta, que se matriculen. No les va a costar más que a un chico. Yo no le he dado ninguna importancia y he sido una más en clase». Es una carrera en la que hay que estudiar mucho, pero tanto ellas como ellos.

El curso pasado la carrera la terminaron solo seis chicas. Las otras cinco fueron Marina, Beatriz, otra Lucía, Laura e Irene. Lucía no deja pasar la oportunidad para decir a todo el mundo que aproveche la oportunidad de hacer una carrera en la que las expectativas laborales son muy buenas. Las estadísticas apuntan a que se necesitan más ingenieros que los que cada año se gradúan.

Acumula matrículas

Lucía Álvarez acumula matrículas de honor en sus diferentes etapas educativas. En el trabajo de fin de grado -lo presentó el año pasado- obtuvo otra. Desarrolló una herramienta basada en una técnica novedosa capaz de llevar a cabo la detección temprana y bloqueo de ransomware. Sus tutores en el trabajo fin de grado fueron Pedro García Teodoro y José Antonio Gómez. Obtuvo un premio en un congreso que participó.

A esta joven de Órgiva, que ha practicado gimnasia rítmica siguiendo los entrenamientos hasta segundo de carrera en la UGR, le gustaría dedicarse a temas de ciberseguridad. Le interesa todo lo relacionado con la seguridad de sistemas y de redes. Pero vaya, no me cierro a ningún campo», añade. Este es otro ámbito con muy pocas mujeres, aunque a Lucía Álvarez eso no le asusta ni importa.

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