Compañeras de piso para combatir la soledad

Cinco personas mayores ponen su vivienda a disposición de cinco universitarios en Granada

Carmen y la estudiante Noelia, su 'compañera' de piso, se dan apoyo y cariño./Alfredo Aguilar
Carmen y la estudiante Noelia, su 'compañera' de piso, se dan apoyo y cariño. / Alfredo Aguilar
ANDREA G. PARRAGRANADA

Cada mañana cuando Noelia se va a la Universidad se asoma al cuarto de Carmen para decirle chao. Hasta el día 22 de octubre de 2017, esta universitaria veinteañera y esta mujer de 91 años no se conocían. Ahora son compañeras de piso. Carmen Moreno García Valdecasas vive sola en su casa y Noelia Bernárdez estudia segundo de Historia en la Universidad de Granada (UGR) y tras una experiencia , el curso pasado, en piso compartido con otros estudiantes, que no le gustó mucho, se mudó con Carmen, que sentada en su salón no deja de bromear.

Es una persona vitalista y en la medida que «las goteras o chorreones –oído, vista, pierna…–» que tiene, en alusión a las dolencias, le dejan sale a pasear y charlar con sus vecinas. A Carmen no le gusta estar sola. «La soledad no la soporto y menos por las noches», dice con todas las letras esta mujer que desde hace tres años ha participado en este programa de alojamiento de estudiantes con personas mayores. Por su casa han pasado ya dos alumnas de la UGR y Noelia es la tercera. Primero estuvo Habiba, que vino desde Marruecos a estudiar en la Universidad granadina, y después llegó Katherine, que es de Colombia.

Noelia, que estudia segundo de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras en el campus de Cartuja, llegó a Granada en septiembre de 2016. Es de Buenos Aires y no ha regresado desde entonces a su país. Le gustaría acabar la carrera en la Universidad granadina y tras una primera experiencia de vivir en piso con otros alumnos se acogió a este programa de la UGR y de la Delegación Territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales en Granada, de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía. «Necesitaba un sitio tranquilo para poder estudiar y además económicamente también me viene bien», cuenta esta estudiante que pasa casi todo el día en la facultad.

Se levanta a las siete de la mañana y por las noches se acuesta antes que Carmen. Eso sí, cenan juntas y charlan de cómo les ha ido el día y lo que ha pasado en España y el mundo. «Yo soy el noticiero de la casa», dice divertida Carmen. «Me entero de todo por Carmen», añade Noelia.

Hace este comentario mientras Noelia le enseña unos apuntes que había sacado para hacer las fotografías de este reportaje y son de Historia Antigua. En ese momento Carmen no duda en soltar: «Casi de mi tiempo», ocurrencia con la que desata la risa de Noelia. No llevan mucho tiempo conviviendo, pero Noelia siente ese cariño familiar que tiene tan lejos. En Granada esta joven argentina no tiene familia ni conocidos.

Carmen tiene un hijo, que vive en Sevilla y fue él quien le dijo que si quería participar en este programa. Confiesa esta granadina de corazón joven que no le gusta estar con gente muy mayor porque se agobia mucho. «Me gustan más los jóvenes que los mayores», admite. Si bien, puntualiza que «depende de como sean». A ella le gusta la gente alegre y dinámica. Tiene tres nietos, pero dos están fuera de Granada y solo una vive aquí.

El secreto para que la convivencia funcione entre compañeras de piso con setenta años de diferencia lo tiene Carmen. «En estas cosas lo que funciona muy bien es la educación. La Universidad granadina y la Junta responden muy bien de las chicas», relata mientras bromea, de nuevo, con Noelia porque a veces no se entera bien. «Se le escapan las ideas –porque no oye muy bien y tiene audífono–», le comenta Noelia y al momento Carmen apostilla: «Las ideas no, se me escapan –que no oye– algunas palabras».

Carmen que tiene estudios básicos, pero está «muy al loro» como reitera en algunas ocasiones, está relacionada con la Universidad granadina a sus noventa años. Noelia agradece la oportunidad de poder participar en este programa que le facilita la vida en Granada. Además, tiene beca de comedor y todos los días almuerza en el comedor de la UGR en Cartuja. Esta joven de espíritu viajero hizo intercambio durante el bachillerato a Suiza y Estados Unidos, y ahora es una alumna más en la UGR, donde le gustaría graduarse.

Cada día pasa en el campus de Cartuja unas diez horas. Las noches está en casa de Carmen, que se preocupa de que, aunque sea para hacer la fotografía para este reportaje al colocarse al lado de la puerta, se abrigue el cuello con un pañuelo. Además, no deja de aludir Carmen durante la conversación a que Noelia tiene que ir muy lejos con este frío. Debe coger el autobús todos los días para ir a clase.

Cinco 'parejas'

El programa de alojamiento de estudiantes con personas mayores y/o discapacitados cuenta este curso 2017-2018 con cinco ‘parejas’. Cinco personas mayores han puesto a disposición de otros cinco universitarios sus casas a cambio de compañía. Los universitarios no pagan alquiler, solo deben hacerse cargo de la parte proporcional de los recibos de luz y agua.

Este programa de alojamientos alternativos, impulsado por la Junta de Andalucía y la Universidad granadina a principios de la década de los noventa, ha facilitado el estudio a cientos de jóvenes universitarios tanto de diferentes pueblos y ciudades de España como los que vienen de otros países.

Solo durante un curso, el 2012-2013, concretamente, no se ofertó. En los primeros años, según cuentan desde la institución universitaria granadina, participaban cada curso unos veinte universitarios y mayores. La UGR fue pionera y después otras universidades fueron copiando este programa solidario, beneficioso para universitarios y para personas mayores. Este curso, es posible que aún se incorporen al mismo alguna persona mayor más y algún alumno, según informan desde la administración autonómica.

Carmen y Noelia ya han iniciado un viaje que esperan que sea positivo para las dos en los próximos meses. Las noches, aunque Carmen dice que duerme poco y de despierta de madrugada, ya no son al menos tan tristes ni está tan sola.

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