Ideal

Erasmus que quieren ser granadinos

Estudiantes Erasmus con carteles de sus países.
Estudiantes Erasmus con carteles de sus países. / Ramón L. Pérez
  • La UGR es la universidad europea que más estudiantes recibe y muchos de ellos sueñan con quedase unos años a vivir y trabajar

Granada, su ciudad y su Universidad, es territorio Erasmus. Es el destino preferido, por encima de cualquier otro, para participar en este programa de movilidad que ha cumplido ya tres décadas. Hace tiempo que las tierras granadinas reciben a miles de jóvenes que estudian y viven la cultura y gastronomía patria sin desaprovechar un solo segundo. A tope.

«Hice un viaje de ocio hace un tiempo a Granada y desde entonces supe que iba a hacer la estancia del Erasmus aquí sí o sí». La frase es de Francesca Rosato, estudiante italiana (Leca) de Lengua Moderna. Vive y estudia en la ciudad de la Alhambra desde el 11 de septiembre de 2016 y cuando termine el curso volverá a su país, pero tiene pensado regresar a la Universidad de Granada (UGR) a cursar un máster.

Esta joven está encantada con la Universidad y con su paisaje y paisanaje. Le fascina la combinación de culturas. Los tópicos están presentes en la conversación. «Echaré de menos las tapas a dos euros cuando regrese a mi ciudad», anota. Si bien, hay otras «falsas creencias» que las desmonta con una expresión muy de la tierra: «Es mentira lo que se dice de que te vas de Erasmus y te regalan la nota. Nadie regala nada». Sí valora que en Granada ella tiene la impresión de que es «más fácil» que en Italia su carrera.

La participación en el programa Erasmus es una experiencia académica y de vida. Venla Coadic, que dejó París el día 18 de septiembre para estudiar en la UGR durante un curso, está emocionada con la experiencia académica y con la ciudad. Su lugar favorito es el Albaicín. Allí vive con otros estudiantes. Estudia Traducción e Interpretación y el próximo curso se queda en Granada a hacer un máster. Ya han admitido su petición, dice.

Esta joven francesa, con raíces finlandesas y sin acento -no se vislumbra en su charla crianza en la ciudad de la Torre Eiffel-, eligió la UGR por la reputación que tiene la Facultad de Traducción e Interpretación. El coste de vida, que es menor que en otras ciudades, también influyó. En todos estos meses todo lo que imaginó que podría ser ha sido mejor. «Me ha encantado», remata.

Vivir en Granada y trabajar es algo en lo que piensa Radouane Boujaaboud, que estudia tercero de Traducción e Interpretación en el marco del programa Erasmus+, que abrió sus fronteras fuera del marco de la Unión Europea. Es de Jemesset (Marruecos) y llegó a la capital granadina en febrero.

Este joven serio, que elige cada palabra cada vez que habla, llegó a tierras nazaríes después de haber estudiado bien con qué se iba a encontrar. Se decantó por Granada, que dice que es «la cuna del español como idioma», por lo que académicamente le ofrecía la Universidad y la cultura de la urbe en general. Boujaaboud, que va en silla de ruedas, está pensando hacer un máster y volver a la UGR. No duda en destacar la accesibilidad de la Universidad y la ciudad. En febrero llegó por primera vez a Granada y está entusiasmado, quiere vivir en esta capital de culturas.

Elisa Brugiafreddo, que estudia Filología Hispánica y Filología Inglesa, llegó desde Turín a la ciudad de la Alhambra «por casualidad» como ella misma admite. «Quería venir a España, algunos amigos me dijeron que Andalucía y me ha encantado». Esta ciudad es «más barata» que Italia. Aun así tiene beca, pero todos los meses «tengo que poner algo de dinero más». En todos estos meses dice que le ha gustado Granada en general y sus gentes. «El ambiente juvenil que hay es muy bueno», apostilla. Por supuesto, no duda en decir que le gustaría vivir aquí.

El mejor 'segundo plato'

Rosi Ivanova está cursando este año académico en el campus de Cartuja el grado en Turismo. Es de Bulgaria, de Sofía, concretamente. Su primera opción era Alicante, pero al final fue admitida en Granada. No se arrepiente. Está contenta. De la Universidad subraya el buen trato que está recibiendo por parte del profesorado. «Además, aquí se hacen más actividades que en mi país. Por ejemplo, hemos visitado la Fundación Rodríguez Acosta», describe.

«Es la ciudad perfecta para el Erasmus, pero a mí para vivir me gustan las ciudades más grandes», dice sinceramente esta joven, que no dudará en recomendar a todo el mundo que visite estas tierras del sur de España.

Jannis Kuenzel, que estudia Economía, llegó en febrero procedente de Frankfurt (Alemania), y es el que menos fluido habla español, pero está encantado con Granada. Despierta la sonrisa del resto de compañeros Erasmus que participan en este reportaje porque hay tres palabras que se entienden y destacan sobre otras en su alocución: «Disfrutar la vida». Eso es lo que le está permitiendo la ciudad.

Entre risas, dando vueltas a un sombrero en la mano, hace también una reflexión que refleja el espíritu del programa Erasmus de hacer ciudadanía de Europa y del mundo. Anota que con todos los problemas que hay en la actualidad en Europa, el Erasmus es un ejemplo perfecto de que «todos podemos vivir juntos». De momento, este joven alemán volverá a su país a terminar sus estudios.

El Erasmus ofrece también prácticas. Es el caso de Silvia Marzella. Viene de Sicilia. Llegó el 13 de enero y está haciendo prácticas en un colegio. Es profesora de inglés y francés. El español no lo habla tan fluido. Dice que el sur de España no es tan diferente del sur de Italia; no obstante, a Granada capital le falta el mar para que esta joven se quede a vivir aquí.