La crisis se ha convertido en una incomodísima compañera de viaje para muchas familias desde hace ya más de cinco años. De una manera o de otra, pero siempre está ahí. En la cocina, en la tele del salón, en el cuarto de baño... y hasta en el catre. Lo determina casi todo. Desde la decisión de tener más o menos hijos -léase despiece de esta información- hasta la de acabar con el nexo conyugal. Centrémonos en este punto. Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que se conocieron el pasado jueves, dicen que la cifra de hogares que se rompen en Jaén se mantiene prácticamente invariable de un año para otro. En 2011 hubo 1.220 divorcios frente a los 1.191 que se registraron en 2010. Visto así, en principio, no habría noticia. Pero la letra pequeña sí que es interesante. Las rupturas en que existe mutuo acuerdo -otrora misión casi imposible- se han incrementado un relevante 10,1 por ciento. Es decir, las parejas siguen quitándose el anillo del dedo anular de la mano derecha, que es donde suelen colocárselo los esposados cuando se prometen amor eterno, pero prefieren hacerlo de 'buen rollito'. Esto para mí, esto para ti; adiós muy buenas.
Y aquí es donde entra en liza el 'factor euros'. Es cierto que en muchos casos impera el sentido común y se prioriza el bienestar de los críos -si los hubiere-, pero también es igual de cierto que en muchos otros casos lo que prima es el dinero. Y en este punto conviene recordar una cosa importante. Estamos hablando de un contrato. Por lo civil o por el rito católico, pero un contrato al cabo y a la postre. Deshacerlo tiene consecuencias económicas. Ésta es la madre del cordero.
Mil euros para empezar
Se estima que un procedimiento de 'guante blanco', con avenencia entre las partes, suele costarle a cada una de ellas entre 900 y 1.200 euros sólo en asistencia jurídica -el Colegio de Abogados de Jaén dispone de unas tarifas orientativas para sus afiliados-. Cuando los procesos se complican, y no hay forma de alcanzar un entendimiento, la cantidad puede ser mucho mayor, ya que el letrado participa en un porcentaje de la liquidación de los bienes patrimoniales. Pero a estos gastos habrá que sumar otros muchos que no están tasados y que deberán ser asumidos por la persona que se marcha de casa, que normalmente se tendrá que alquilar un piso y afrontar el abono de pensiones y demás obligaciones dictadas por el juez.
El INE también aporta otras claves sobre la solidez de los matrimonios jienenses. La etapa crítica transcurre cuando llevan entre seis y diez años de vida en común. Tanto es así que casi el 20 por ciento de los 'fiascos' se produce en este intervalo temporal. Tampoco son fáciles las cosas en el lustro siguiente, entre los once y los quince años, cuando el porcentaje alcanza el 16,6 por ciento. A partir de ese momento, el número de fracasos decrece de forma considerable. Respecto a quiénes toman la iniciativa, lo más habitual es que ambos tengan muy claro que «lo nuestro no tiene sentido». Pero cuando no hay avenencia, resulta llamativo que el paso de presentar los papeles en el juzgado lo dan el doble de mujeres que de hombres. Las razones las explica muy bien un abogado con amplia trayectoria y con 'mil y una batallas' libradas en este campo, Luis Heredia. «La experiencia demuestra que en el 95 por ciento de los casos son los maridos los que tienen que abandonar la vivienda, con todas las contingencias que ello acarrea y ahora más si cabe con la incertidumbre que estamos viviendo en estos momentos», asegura Luis Heredia.