En mitad de una Eurocopa y con los clubes más pendientes de fichajes o de presentar las respectivas campañas de abonos, la noticia de que se había llegado a un acuerdo entre la Liga de Fútbol Profesional y el Consejo Superior de Deportes para controlar y rebajar la deuda que los clubes tienen pudo pasar un tanto desapercibida. Pero si hay una entidad más que satisfecha con esta medida es la UD Almería. El club rojiblanco ha apostado siempre porque exista un control exhaustivo de las cuentas de todos los equipos en España y que cada uno gaste lo que tiene. «Que todos juguemos con las mismas reglas» han dicho por activa y por pasiva.
Ahora esta situación se puede comenzar a dar. Cierto es que nadie se fía después de muchas promesas y ninguna realidad, pero el acuerdo entre la LFP y el CSD tiene que ser el comienzo de otra manera de gestionar los clubes de fútbol en España. La actual deuda de las entidades profesionales en su conjunto con Hacienda y la Seguridad Social se acerca a los 700 millones de euros. Y el Gobierno ha dicho basta. El que no cumpla a partir de este momento bajará de categoría o desaparecerá.
Este verano, se podría decir, será el último con mano abierta. El que no cumpla con su particular hoja de ruta el 30 de junio de 2013 sabe que tendrá que dejar paso a otra entidad y cerrar sus puertas. Y el Almería está tan tranquilo. Contento más bien de que se controle la situación de todos los clubes en España. «No se podía seguir así», dicen desde dentro de la UD. Desde el Estadio de los Juegos Mediterráneos se espera que, en un futuro cercano, «todos puedan fichar y tener los presupuestos que pueden manejar y no vivir por encima de las posibilidades que se tengan». Una afirmación que han venido repitiendo por activa y por pasiva pero que, hasta la fecha, no han tenido respuesta del resto de entidades ni de los órganos superiores.
Grandes diferencias
Los rojiblancos se han encontrado con un pensamiento similar de la LFP y, sobre todo, del CSD. No así de la mayoría de clubes que militan en la actualidad en la Primera y Segunda División. Exceptuando a los dos grandes (Real Madrid y Barcelona), la llamada clase media-alta de la máxima categoría no estaba del todo conforme con esta medida. Para cuadrar presupuestos y pagar deudas, los clubes tendrán que vender a los jugadores que sean necesarios con el fin de ir rebajando la deuda con Hacienda y con los proveedores de las distintas entidades. Algo, hasta ahora, impensable en la mayoría de los miembros de la Liga de Fútbol Profesional en España.
La entidad presidida por Alfonso García tenía claro que su línea era la única vía de salvación para que el fútbol español no siguiese acumulando una deuda astronómica. Un pensamiento y una forma de actuar que lo llevó de la Primera a la Segunda División al no poder entrar en el mercado como hicieron otros clubes (Real Zaragoza) que, pese a tener deudas muy altas, firmaron jugadores en el mercado de invierno con fichas importantes.
Este nuevo paso dado se suma al que provocó una huelga de jugadores en la primera jornada de la recién terminada Liga tanto en Primera como en Segunda. Los futbolistas exigían unas garantías en el nuevo convenio colectivo con la Patronal para poder tener seguridad en los cobros. El Almería, aunque oficialmente estaba del lado de los equipos, sabía que esta presión de los futbolistas era en el propio beneficio de entidades como la rojiblanca. Miguel Ángel Corona ya dijo en su momento que la huelga «beneficiaría a equipos como el Almería que no tienen ningún tipo de deuda con Hacienda o la Seguridad Social y se ven perjudicados ante otros equipos que siguen firmando y no pagan».
Los clubes tienen ahora un año para poner las cuentas claras y mostrar un claro plan de viabilidad. De no ser así será complicado que clubes como el Dépor o Valladolid, ascendidos a Primera, puedan lograr un éxito en los despachos igual que el que han conseguido en el campo.