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«Estoy enamorada hasta la médula»

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«Estoy enamorada hasta la médula»

La modelo Sandra Ibarra ha aprendido que «hay vida durante el cáncer». Ha nacido tres veces y ahora rueda a toda velocidad junto al periodista Juan Ramón Lucas, con quien le gustaría envejecer

10.06.12 - 00:46 -
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No sabía que iba a recibir tanto cariño tras escribir el libro, si lo sé lo acabo antes», murmura entre sonrisas Sandra Ibarra, con esa voz suya, dulce y envolvente. Se siente sorprendida y abrumada por el apoyo, como si fuera la primera vez que le reconocieran el valor con el que ha luchado durante tanto tiempo contra la leucemia que le destrozó el 95% de su médula y que ha derivado en 'Las cuentas de la felicidad' (Planeta), en las librerías desde el pasado martes. Entusiasmada y satisfecha. Será porque, por fin, ha ajustado cuentas con la vida y consigo misma al narrar su larga travesía por la enfermedad. «Casi he llorado más recordando por lo que he pasado que cuando lo padecía, quizá porque me negaba a ahondar en ello». Verdad a medias, o tal vez humildad. Desde que le detectaron leucemia el 10 de marzo de 1995, a los 20 años cumplidos y en plena ebullición de proyectos vitales y profesionales, la modelo y comunicadora inició una senda que ahora tiene nombres y apellidos: la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad Frente al Cáncer. Lleva más de tres lustros regalando esperanza y optimismo a enfermos y familiares, y a la sociedad entera, porque «ninguno de nosotros está preparado para ser protagonista de historias desdichadas que les pasan a los demás», porque nadie espera que el destino le traicione como a ella. Y porque después de tanto dolor y angustia, encontró en esa adversidad su gran aliada para sacar lo mejor de sí misma.
Sandra Ibarra contesta sin vacilar a la pregunta sobre la fecha de su nacimiento.
- 8 del 4 del 74. O, si lo prefieres, el 10 de marzo del 95, o el 11 se septiembre de 2002 (primer aniversario del 11-S). He nacido tres veces.
La primera en Santo Domingo, un año después de que su madre, Malús, vallisoletana de Medina del Campo, se liara la manta a la cabeza y, enamorada, se fuera a la República Dominicana para casarse con su padre, el culto y educado (había estudiado en Boston) Alexis Ibarra, miembro de un clan de diplomáticos y banqueros que trabajaron a las órdenes del dictador Trujillo. La familia se trasladó al año siguiente a Medina. Tuvieron cuatro hijos (uno por año) y un buen día el padre les abandonó. Sandra, la mayor, tenía entonces 5 y su madre, 26. Así que fue de su progenitora de quien aprendió ese espíritu rebelde y ese empeño en no rendirse a los duros reveses del destino, de la suerte o del azar.
La modelo cuenta en el volumen toda esa experiencia de un modo desenfadado, huye de la mojigatería para plasmar el dolor, los efectos de la quimioterapia, su cansancio, su ceguera, su dos transplantes de médula donada por su hermano César que la salvaron dos veces, sus desvelos, sus carencias y la forma en que aceptó que para ella no había futuro, solo presente. Lo supo apreciar en los detalles aparentemente más nimios, como ver el sol, nadar, tomar café con los amigos o escuchar a Los Secretos.
Hubo de rearmarse cuando su novio la dejó, una vez curada. Está sana, dice, porque es capaz de escuchar la canción preferida sin llorar y porque está «enamorada» hasta su regenerada médula de Juanra (el periodista Juan Ramón Lucas), con quien le gustaría envejecer. Nunca olvidará el día de su cumpleaños en que, con la excusa de que tenían una reunión sobre la fundación, la llevó a un teatro y, de repente, apareció frente a un piano Luz Casal, otra superviviente, y cantó su tema preferido: 'Quiero ver el rojo del amanecer, un nuevo día brillará...'.
Fue de la que necesitó a lo largo de toda su travesía, sobre todo con la recaída, en 2002. Hace revisiones anuales, pero hasta que llega ese día, se entrega en cuerpo y alma a sus charlas, a sus compromisos o a sus dos ruedas. Ella y su compañero no se pierden los circuitos de Jerez, Montmeló o la concentración Pingüinos.
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Optimista y positiva. Son dos recursos que Sandra considera imprescindibles para capear la adversidad. :: R. C.

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