El salón de actos de la Subdelegación del Gobierno no había estado tan lleno hacía mucho tiempo. Casi era imposible moverse y el propio subdelegado, Juan Lillo, pidió disculpas al respecto: «se ha desbordado la asistencia». Era el acto de su toma de posesión en la provincia (ya lo hizo con anterioridad en Sevilla) y representantes de las fuerzas de seguridad, judiciales, sindicatos, políticos, incluidos la mayoría de los alcaldes y concejales populares de la provincia, y hasta incluso el obispo, quisieron estar presentes.
Lillo comenzó su discurso reconociendo que «la situación es alarmante» y que los retos que asume en este nuevo cargo son «difíciles, pero alcanzables». Valoró las medidas que se están llevando a cabo desde el Gobierno central y dijo que seguirá «al pie de la letra» las directrices que lleguen desde Madrid.
Tres son las áreas a las que el nuevo subdelegado pretende dedicar el mayor esfuerzo: la puesta en valor de la agricultura, la reindustrialización y la mejora de la infraestructuras. Respecto al aceite, Lillo puso su confianza en el trabajo del nuevo ministro de Agricultura para conseguir la mejor reforma de la PAC; en la industria, se marcó como objetivo tratar de recuperar el esplendor que este sector ha tenido siempre en municipios como Linares, Martos, La Carolina o Andújar; y en infraestructuras, y ligado también al desarrollo industrial, proyectos ya históricos, como la finalización de la A-32 o la alta velocidad, son los que el nuevo subdelegado puso ayer sobre la mesa.
Lillo anunció que recorrerá todos los municipios de la provincia antes de que concluya el verano, «para ver las carencias y necesidades que existen, y cuyas competencias dependan del Gobierno central, para trasladarlo». Dijo que las puertas de la Subdelegación estarán «abiertas para todos los ciudadanos, sin distinción de ideología, raza y religión». Y concluyó definiéndose a si mismo como «humilde, comprometido, respetuoso con los jienenses, y siempre mirando al futuro».
Tras él, tomó la palabra Carmen Crespo, delegada del Gobierno en Andalucía, quien ayer presidía el acto, y que dedicó sus primeras palabras a elogiar al alcalde de Jaén, José Enrique Fernández de Moya, que «está transformando esta ciudad a grandes pasos».
De Lillo, destacó su «sentido común, capacidad de trabajo y responsabilidad», además de su experiencia municipalista y si conocimiento de la provincia. «Afronta una etapa difícil, pero ya demostró su capacidad, y ahora le toca atender a todos los municipios con la misma seriedad que ya lo ha hecho en otras ocasiones».
«A merced del aceite»
Crespo expresó su «máxima confianza» en el Gobierno de la nación «para trabajar en cuerpo y alma por y para Jaén» y se marcó como retos el desempleo y el aceite, del que, según aseguró, el Ejecutivo central va a procurar «estar a merced» de lo que el sector oleícola necesita.