Este año San Blas ha caído en plena ola de frío, la que empezó a sentirse ayer y que hoy atenazará con más fuerza. Pero ni esto ni la maltrecha situación económica asustan al santo y a sus devotos. La costumbre de tomar rosquillas bendecidas cada 3 de febrero para curarse durante el resto del año de cualquier problema de garganta sigue viva en la capital y, además, goza de una salud excelente. Al menos así lo aprecia Nani, una de las vendedoras del 'divino' pan de la Parroquia de La Magdalena, que lleva seis años en la labor y afirma que cada vez observa un mayor seguimiento a la tradición.
Ella, junto a sus compañeras Inma y Encarni, da fe de que los poderes que se le atribuyen a San Blas funcionan. Año tras año por estas fechas se exponen a las bajas temperaturas para vender las rosquillas en los soportales del patio de La Magdalena «y nunca nos hemos puesto enfermas, a pesar del frío que pasamos», comentan entre risas.
Además de vender, también se ofrecen a contar la leyenda a todo el que la desconoce. «Este año han pasado por aquí unos ingleses. Ellos conocían a San Blas, pero no la leyenda que cuenta que salvó a un niño de morir atragantado por una espina porque le dio un trozo de su pan. Nosotras, como pudimos, se la explicamos», añade Nani. Y aunque todos los años hay alguien que por casualidad descubre la tradición, la mayoría de quienes se acercan a por esta rosquillas son vecinos de la capital y de numerosos pueblos de la provincia. «Incluso hay gente que se lleva cajas enteras para darlas a los familiares que viven fuera, como en Madrid o Barcelona», apostilla Nani.
Una de fieles seguidoras de San Blas es Carmen López, que ayer por la mañana se acercó junto a su hija Esther para hacerse con unas cuantas bolsas. «Vengo todos los años, no falto nunca, a no ser que esté enferma, y suelo comprar para toda la familia», detallaba, a la vez que resaltaba lo importancia de conservar esta tradición jienense.
A un euro, como siempre
Este año se han preparado 8.000 bolsitas de rosquillas -que desde hace dos décadas siempre realizan los mismos panaderos-, y solo se paga un euro por cada una, un precio que no se ha tocado desde que nació esta moneda. «Este dinero lo destinamos sobre todo a ayudar a las personas que más lo necesitan, aunque también algo para necesidades de la parroquia», detalla Nani.
Aunque las rosquillas están bendecidas con la reliquia de San Blas y puestas a la venta desde el pasado día 26 de enero, ayer aún había bolsas de sobra para que hoy los más rezagados tengan asegurada su ración anual del que los devotos consideran el mejor remedio para los males de garganta.