Según las estadísticas oficiales del Comisionado para el Mercado de Tabacos, en la provincia se quema diariamente una media de 2.527.859 cigarrillos. Sí, como lo oyen, se generan un promedio de 2.527.859 colillas. Pongámonos en la hipótesis de que tan sólo un 10 por ciento de ellas acaban tiradas en la vía pública -posiblemente el porcentaje sea mucho mayor-. Pues eso, los barrenderos tendrían que retirar la friolera de casi 253.000 boquillas cada día. Que se dice pronto. Ésta es una de las consecuencias más palmarias de la última reforma de la Ley Antitabaco, que entró en vigor hace más de un año y que supuso la total prohibición de fumar en todos los locales públicos, incluidos los establecimientos hosteleros. En el caso de Jaén, según estimaciones de la empresa concesionaria del servicio de limpieza, FCC, la retirada de chicotes de las calles se ha multiplicado por dos en los últimos doce meses, coincidiendo con el periodo de vigencia de la nueva legislación. Se trata de un cálculo aproximado, pero no hacen falta las matemáticas. Fíjense cuando den un paseo por la capital y lo comprobarán. Un auténtico asco.
El tema preocupa en FCC. El trabajo de sus operarios no luce y genera críticas entre los ciudadanos. Barren todos los remates que se encuentran en su recorrido -a cada uno se le asigna unos itinerarios- y a la vuelta, como si nada. Tanto es así que algunos de ellos tienen la encomienda de hacer una doble batida por aquellos puntos más conflictivos. Que FCC también tiene perfectamente localizados. A saber, las inmediaciones del Complejo Hospitalario, el Paseo de la Estación de punta a cabo -donde se localizan las sedes de muchas administraciones y el edificio que comparten sindicatos y patronal- y todas aquellas zonas donde hay una especial concentración de bares.
El gerente de FCC en Jaén, José María Gómez Robles, señala que, en efecto, la acumulación de colillas es un problema «al que deben aportarse soluciones». De hecho, FCC va a trasladar a la comisión técnica del Ayuntamiento -el órgano de enlace entre el consistorio y la concesionaria- dos propuestas muy concretas. En primer lugar, según relata el propio José Antonio Robles, la colocación de ceniceros en las puertas de los locales de ocio, donde se desahogan los fumadores. «Esta medida -comenta Gómez Robles- se podría articular muy bien en el marco de la ordenanza sobre veladores, que se está modificando para adaptarla a la petición de los empresarios de que las terrazas estén hábiles todo el año». «Y en segundo término una campaña de concienciación sobre la mala imagen que proporciona este tipo de suciedad», agrega.