Una liebre corre despavorida entre merenderos donde jamás nadie merendó, y busca refugio cerca de un columpio que sólo mece el viento, huérfano de niños. Un parque fantasma, poblado por alimañas y ventoleras que crujen entre ramas secas y bambolean las farolas descabezadas. La maleza es tan alta que el animal desaparece, y se aplasta junto al estanque vacío, donde debería recogerse el agua de una cascada aún muda. Se detiene el viento y se hace el silencio. A los pies del cerro está Jaén, con su bullicio que se aprecia casi a vista de pájaro desde la carretera de La Guardia. Pero en la cima sólo hay silencio. Un silencio que espera escándalo de niños y familias de domingo. Casi seis años y medio lleva esperando. Es el Cerro de las Canteras. Una obra pública acabada a mediados de 2005 y que sigue clausurada tras haber enterrado casi tres millones del erario público en un viejo vertedero cerrado a cal y canto tras una valla y un candado.
El 16 de mayo de 2003, la entonces ministra de Medio Ambiente Elvira Rodríguez (curiosamente hoy candidata al congreso por Jaén) puso la primera piedra de las obras del parque. Nada menos que 18.000 metros cuadrados de zona verde sobre la vieja escombrera, con 5.000 árboles, con su kiosco, terrazas, merenderos, un estanque, una cascada, zonas de juegos infantiles... El 29 de marzo de 2005, justo cuando se acababa el plazo previsto de 20 meses, el ingeniero jefe de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (organismo dependiente de Medio Ambiente del que depende la obra) anunció que se estaban dando los últimos retoques, y aseguró que antes de noviembre de ese año estaría acabado. Y se acabó. Aunque Jaén nunca ha podido disfrutar del dinero público invertido.
En realidad el parque tuvo sus puertas abiertas durante varios meses. Fue tras el 25 de agosto de 2009. Ese día, como explica la presidenta de la asociación de vecinos 'Cerro de las Canteras', Ana Belén Tirado, hubo un incendio: «Metieron fuego y los bomberos tuvieron que romper el candado de la puerta para entrar». Ardieron cuatro hectáreas, y hubo indicios de intencionalidad. Tras apagar las llamas los bomberos se fueron. Y nadie se encargó de poner un candado nuevo. «Durante seis o siete meses la puerta estuvo abierta», dicen los vecinos del barrio.
Vandalismo y políticos
Los vecinos pudieron subir al parque y disfrutar de las zonas de juegos y los merenderos durante algún tiempo. Pero no lo recuerdan como tiempos felices: «Allí se metía lo peor de Jaén. Venían a hacer de todo. Lo dejaron hecho carbón. Luego llegaron los chatarreros. Se llevaron lo que pudieron. Nadie les decía nada. Metían las furgonetas y los camiones y se los llevaban cargados», dice la presidenta de la asociación.
Los vecinos cortaron aquello por lo sano: fueron a una ferretería, compraron un candado y volvieron a poner una cadena en la puerta. Pero aquellos meses dejaron huella: prácticamente todas las farolas están destripadas, abiertas para sacarles los cables. Las tapas de registro han desaparecido. Hay señales de robos de metal por muchos sitios. Vándalos abrieron uno de los baños públicos, hoy destrozados. Hay cristales rotos por muchos sitios. «Qué pena de millones tirados. Para abrir ésto habrá que gastar mucho más dinero ahora», resume Ana Belén Tirado sobre el sentir general de los vecinos. Desde que ellos pusieron el candado de nuevo, el parque ha estado cerrado a cal y canto. «Hasta esta primavera. Cuatro días antes de las elecciones municipales vinieron obreros, limpiaron maleza, y colocaron un cartel que dice que al fin van a hacer la tubería para traer el agua», dicen las familias que viven al pie del parque.
El agua ha sido la última excusa. La principal. Pero ocho años y medio desde que se inició la obra dan para muchas emboscadas políticas e incapacidades para entenderse y resolver problemas.
En los dos años de obras (2003-2005) cambió el Gobierno de España, que pasó a manos del PSOE. El Ayuntamiento era gobernado por el PP. Hasta 2007 el obstáculo para abrir el parque era que el Ayuntamiento no aportaba el 25% de los 2,7 millones con los que, según convenio, participaba en las obras. El entonces alcalde Miguel Sánchez siempre dijo que él no firmó ese convenio. También se le reprochó que no había 'enganchado' el agua.
El problema del agua
En 2007 el gobierno local pasó al PSOE. El asunto del 25% no fue mencionado de nuevo por ningún responsable del Gobierno central ni del Ayuntamiento. Entonces el problema pasó a ser el agua: regar 18.000 metros de parque requiere 20.000 litros diarios, un despilfarro si se hace con agua potable. El 23 de febrero de 2008 la entonces ministra de Medio Ambiente Cristina Narbona confirmó que había otro proyecto para el aprovechamiento de aguas residuales del río Jaén para riego. Un año después, en primavera de 2009, se incluyó en el lote del traspaso de competencias entre Confederación Hidrográfica y la Agencia Andaluza del Agua. Un traspaso hoy anulado por inconstitucional y que ha dejado en el limbo muchas actuaciones administrativas. Entre ellas, la tubería que lleve el agua desde pozos del río hasta el cerro. Dinero hay.
Tras la valla, un cartelón reciente informa de que la Unión Europea financia esta obra con 567.822,43 euros. Un cartel que el viento zarandea y bajo el que corren asustadizas las liebres. Las únicas beneficiarias en seis años y medio de casi tres millones invertidos.