A Isabel se le ha acentuado el luto en los ojos sobre la ropa negra, perenne desde que el 7 de septiembre de 2008 encontraron muerto a su hijo Javier en una rambla de La Calahorra, Granada. El juzgado de Guadix ha admitido esta semana la práctica de tres nuevas pruebas para esclarecer la muerte del joven jienense. Un caso que continúa abierto tras dos años y medio por el empeño de los padres de Javier, que no creen la versión oficial de que su hijo se cayó accidentalmente por un barranco. «A mi hijo lo mataron. Fue a la boda de un amigo y acabó muerto», dicen a todo el que quiera oírlos. Por eso desesperan al ver que el juzgado ha rechazado otras pruebas que ellos consideraban «fundamentales» para saber qué le pasó realmente.
El juzgado que instruye el caso ha ordenado a la Guardia Civil que le informe de quién y cómo tomó la foto de una huella que parece un resbalón sobre la tierra, en el borde del desnivel de cinco metros y justo encima de donde estaba el cuerpo de Javier Joyanes Castilla. Una foto que se tomó de día otro día distinto al levantamiento del cadáver, según el rastro informático. Esa foto de la huella de un resbalón junto al precipicio, según un informe de la Policía Judicial, es clave para sustentar la muerte por caída de Javier. «Por allí se asomó mucha gente cuando se descubrió el cadáver», han dicho vecinos del pueblo consultados. «Pudo dejarla cualquiera», opinan los padres.
El juzgado pregunta además por cuatro muestras de tierra que se tomaron en el lugar de los hechos, supuestamente. En el pelo de Javier se encontró tierra roja. Pero la tierra de la rambla es gris. Todo lo más parda. No roja. «La tierra de los campos que hay en las inmediaciones de la rambla tampoco es roja. ¿De dónde es esa tierra», se pregunta Maximiliano, el padre de Javier.
Los padres deberán aportar además una fotografía de Javier lo más próxima que puedan a la boda que lo llevó a La Calahorra. No será problema porque tienen varias de ese mismo día. Con esa foto, la Guardia Civil deberá interrogar a los camareros para comprobar si vieron algo raro. Antes de ahora, sólo les habían preguntado por teléfono.
Esta prueba ha indignado a los padres. En el mismo auto, el juzgado desestima su petición de solicitar a los novios el reportaje de fotos y vídeo de la boda, y la lista de invitados.
No se ha admitido tampoco el interrogatorio de las personas que estuvieron en las mesa con Javier durante la boda y los que se fueron los últimos de la celebración. Ni otra prueba clave: los padres habían pedido la reconstrucción infográfica en 3D de la caída de Javier por el terraplén, para comprobar si con los parámetros objetivos de los que se dispone (orografía, tipología de las heridas descritas por la autopsia y otras) esta hipótesis es posible. El juzgado no la considera pertinente.
La prueba del móvil
Hay además otra prueba pericial realizada hace diez días de la que se esperan resultados: un perito está intentando determinar con exactitud si el móvil de Javier se desconectó justo en la rambla donde se encontró el cuerpo, o bien si el rastro dejado por el terminal determina que fue en otro lugar. El móvil fue encontrado en dos piezas: una junto al cuerpo y otra a treinta metros (sin que entre ambos hubiese señales de sangre o arrastre, cuando Javier estaba desangrándose y no podía andar, según los forenses). La batería nunca apareció.
Un informe pericial encargado por los padres considera imposible que Javier cayese por el desnivel donde se encontró su cuerpo. El impacto le destrozó la cadera derecha. Demasiado violento para una caída sobre tierra. El hombro derecho estaba ileso. Había lesiones en la parte izquierda del cuerpo. Apenas había sangre en la tierra, cuando Javier murió desangrado. A treinta metros y días después del levantamiento, Jesús, tío de Javier, encontró objetos personales del joven que no habían detectado los investigadores. Entre el lugar donde estaba el cuerpo y los objetos no había señales de arrastre ni sangre.
El perito concluyó que Javier no había muerto por una caída ni en ese lugar, sino que el mecanismo de la muerte es compatible con un atropello y que pudieron trasladarlo entre varias personas hasta la rambla donde apareció ya cadáver, tras una agonía de varias horas. Los forenses del Instituto de Medicina Legal aseguran sin embargo que las heridas fueron por una caída. Y la Guardia Civil ha descartado la participación de terceros.