El abogado de Julio Romero Amador y Samuel S.R. no escondió ante el tribunal de la Audiencia Provincial de Jaén la clase de clientes a los que defendía ayer: «Con los antecedentes que tienen, si entran con una pistola y un cuchillo a una casa a cargarse a alguien, a estas horas estaría muerto». Tío y sobrino, ambos con delitos de sangre sobre sus conciencias, negaron firmemente que fueran a casa de un vecino de Andújar para matarlo el 19 de enero pasado, tal y como les acusa el Fiscal (que pidió contra ellos diez años y medio y nueve y medio de cárcel respectivamente). Fueron a la casa. Lo admitieron. Nunca lo han negado. Pero no a por sangre, sino a por cocaína. «Nosotros reconocemos que nos pusimos un poco pesados pidiéndole más coca, pero entonces él cogió la pistola y pegó los tiros», relató Julio.
El que fuera uno de los presos más temidos de España (en 1991 lideró un motín en El Puerto de Santa María y le cortó la cabeza a otro interno) explicó que a las diez de la noche se presentaron en casa del denunciante. «Como otras muchas veces, a por droga», dijo. No tenían dinero. Samuel dejó en prenda un anillo y les dieron un gramo de coca. A las doce volvieron. A por más. Y sin dinero. «El tenía un anillo de Samuel, le pedimos más coca y no nos la daba». Entonces, relataron los dos acusados, el otro cogió una pistola de una mesa baja que había en el centro del salón, hizo un disparo de advertencia hacia atrás, y los encañonó. «Nos quedamos de piedra, él era conocido, nunca pensamos que nos iba a pegar un tiro», explicó Julio. Se produjo un forcejeo y de la pistola salió otro disparo, que atravesó la mano izquierda de Julio.
Samuel (quien en el año 2000, con 16 años, participó en la muerte por 33 puñaladas de un joven en Jaén) negó que entrase a la casa armado con un cuchillo, y respaldó la versión de su tío sobre que fue el otro quien sacó la pistola. Los dos fueron detenidos horas después, cuando estaban en el hospital de Jaén para curar a su tío.
El denunciante, por su parte, se mantuvo en su versión: que él estaba acostado cuando llamaron a su puerta. Se asomó por la puerta entreabierta y se encontró con «dos encapuchados» armados que forzaron la entrada y dispararon contra él. «Agarré al que llevaba la pistola por el brazo y forcejeamos. Pegó otro tiro al techo, y le dio a él en la mano. Después salieron corriendo». En su casa apareció el anillo de Samuel. «Dos días antes me lo ofreció por la calle y se lo compré por 30 euros», explicó. Lo que no se explica es qué buscaban en su casa: «No tengo de nada, hasta me van a desahuciar». Tanto él como varios testigos dijeron al tribunal que los agresores iban «encapuchados».
El Ministerio Público considera «más creíble» la versión del denunciante que la de los acusados, y mantuvo los cargos de tentativa de homicidio, allanamiento de morada y tenencia ilícita de armas.
La defensa discrepa: «Ni tentativa de homicidio, ni tenencia ilícita de armas ni allanamiento de morada», expuso al tribunal. La presencia en casa del denunciante del anillo de Samuel, a su juicio, avala la historia de sus patrocinados. «Lo entregaron por droga», indicó. Los peritos habían señalado que uno de los disparos procedía del dintel de entrada. Compatible con las versiones de ambas partes. La defensa resta credibilidad a las versiones de los testigos que vieron a encapuchados, todos familiares del denunciante. Y llama la atención sobre el hecho de que la prueba de los residuos de pólvora diese negativo tanto en las manos como en las ropas de Julio, que según la acusación llevaba una pistola. Y que Samuel, que según la acusación portaba un arma blanca, no acometiese al otro si hubo un forcejeo. Por dos ocasiones, durante su alegato final, llegó a la misma conclusión: «Conociendo los antecedentes de estos dos señores, si ellos entran a una casa con una pistola y un cuchillo no son ellos los que salen huyendo.