La Sede Sabetay de la Universidad Popular Municipal fue anoche el escenario de una nueva sesión -y van tres- dentro de las II Jornadas Literarias 'Poética' que organiza desde el pasado miércoles la institución de la capital. En esta ocasión el poeta invitado fue Agustín Delgado, al que presentó el jienense Joaquín Fabrellas.
El poeta leonés centró su intervención en una muestra de sus poemas, haciendo especialmente hincapié en su trabajo de los años 60, 70 y 80, ya que como indicó «en los años siguientes derivé a una poesía más experimental, de difícil lectura oral». Delgado habló ayer, en los momentos previos a su encuentro con el público, de su experiencia en los años 60 como uno de los miembros fundadores de la revista 'Claraboya', que vio la luz gracias a la ilusión de unos jóvenes inquietos. El autor señaló que en esa revista publicaron los poetas de la llamada Generación del 68, «éramos además muy osados, porque hacíamos unos prólogos de un contenido ideológico y teórico grande frente a lo que reinaba en aquellos años». Entre los objetivos del proyecto, destacaba el dar un paso frente a esa poesía social, de clasicismo, que había caracterizado la generación anterior, apostando por una propuesta nueva.
A continuación, Delgado recordó sus tiempos de estudiante en Madrid; donde se vio muy influido por el movimiento estudiantil del año 1965, «y yo me involucré, me sentí uno más; ...luego vino el Mayo del 68 francés, pero eso era demasiado para nosotros». De aquella época y de aquellas inquietudes personales nació su libro 'Nueve rayas de tiza', del que también leyó ayer unas pinceladas.
El poeta también incidió en su manera de hacer poesía, y destacó que desde el punto de vista formal nunca ha seguido las técnicas tradicionales, «para mí en aquellos años 60, la poesía se me dibujaba como algo liberador, para mí escribir tenía un componente personal de liberación; por eso pensar en someterme a normas o a reglas no estaba en mi ánimo».
Delgado comentó que ya en los años 70, tras vivir unos años en Málaga, se trasladó a Castilla, donde escribe 'Espíritu áspero', un poemario «donde de algún modo intento captar esa aspereza castellana, tanto de sus paisajes, como del paisanaje...». Volviendo a su concepto poético, el autor incidió en que su escritura «tiene un componente de automatismo, no soy un planificador; para mí la poesía tiene que tener ese carácter de liberación personal». Finalmente, Delgado hizo referencia a su siguiente etapa, que además coincide con su vida fuera de España, y donde apuesta por «una escritura mucho menos comprensiva, -no todavía experimental- y más hermética... hasta el año noventa, que vuelvo a España y desde ahí opto por una poesía aún más incomprensible».
Aunque la presencia de Delgado no fue la única actividad incluida ayer en el ciclo Poética. Por la mañana se inauguró en la Plaza de Santa María una interesante exposición, titulada 'La poética del juguete' en homenaje a Joan Brossa, y que estaba dirigida a los más pequeños. La instalación era un guiño a los poemas visuales de Brossa, mediante elementos reciclados y combinados plásticamente -casi 40 juegos y esculturas-, representando a personajes como Dalí, Miró, Andersen, Julio Verne, Da Vinci o Frida Khalo, Chaplin, etc. Además, la exposición contaba con juguetes participativos elaborados con los elementos más impensables, de funcionamiento sencillo y que podían ser utilizados por grandes y pequeños.
La lluvia truncó en cierto modo esta actividad, aunque fueron muchos los escolares de centros educativos de la ciudad que disfrutaron de esta actividad situada en este céntrico rincón de la ciudad. Para Ángel Cagigas, director de la UPMJ el montaje, obra de Joan Rovira, tiene una vocación especial de salir a la calle, «para que pueda ser palpada y disfrutada por los viandantes».