Pablo Emilio E.S., de 25 años, negó ayer ante del tribunal del Penal 1 de Jaén que a las cuatro de la madrugada del 23 de septiembre de 2007 lanzase un vaso de cristal en una discoteca, que fue a rajarle la cara a una joven que estaba allí bailando tan tranquila. Le piden cuatro años de cárcel por éso. Pero él, de hecho, negó que estuviese en la discoteca de marras. Aseguró que esa noche estuvo en una fiesta en casa de su madre. Su madre, su pareja y un amigo declararon en el juicio confirmando punto por punto su versión. Había un problema: un testigo insistió ante el tribunal que el que tiró el vaso fue Pablo Emilio. Que lo conocía de antes y que lo vio perfectamente lanzar. Seguro. Sin dudas. El testigo convenció a Fiscal, que pidió que se dedujese testimonio contra la madre, la novia y el amigo por falso testimonio en causa penal, ya que les imputa que mienten para darle una coartada al acusado.
Según explicó un testigo presencial, Pablo Emilio inició una disputa en la discoteca con otro chaval que se había acercado a su novia. Le lanzó un vaso, pero falló. El cristal alcanzó de lleno a una joven en la frente. Le dejó una cicatriz de tres centímetros aún visible hoy. El testigo ya reconoció a Pablo Emilio en fotografías que le enseñó la Policía, en una rueda de reconocimiento y ayer en la sala de vistas, señalándolo sin ningún género de dudas a preguntas del Fiscal, la acusación y la defensa.
Después de él fueron pasando a declarar la madre, la pareja y el amigo de Pablo Emilio, que contaron que ese día celebraron una fiesta en casa de la madre de él. Lo recuerdan bien porque la madre es catalana y se llama Mercedes, y ese fin de semana se celebraba la fiesta de la Merced. Los tres declararon que la reunión familiar duró «hasta las cinco o las seis» de la madrugada.
«Con plena conciencia»
«Con plena conciencia han faltado a la verdad. Comprendo las razones que tienen por su parentesco o amistad, pero han sido advertidos de que podían cometer un delito con total claridad», dijo el Fiscal en su informe final. De hecho, la magistrada Valle Elena Gómez informó a los tres testigos que dado el interés que tenían en la causa no tenían obligación de declarar, pero que si lo hacían estaban obligados a decir la verdad.
Las declaraciones de los tres testigos serán enviadas ahora al juzgado de instrucción, para que allí se investigue si dijeron o no la verdad. El falso testimonio se castiga con penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses.
Es la segunda vez en los últimos días que un tribunal deduce testimonio a un testigo por mentir. La primera fue en la Audiencia, cuando un hombre que había sido apuñalado no identificó al acusado y dijo que había sido otra persona, pese a que lo había señalado anteriormente varias veces.