Millonarios en ignorancia

Millonarios en ignorancia
ALFREDO YBARRAJaén

En los últimos meses y especialmente en las pasadas semanas hemos podido observar cómo han proliferado las calificaciones de unos hacia otros con términos como: “fascistas”, “facha”, “nazis”, “franquistas”. Unos conceptos que han sido demasiado manoseados históricamente. Poco a poco se les ha vaciado de contenidos. ¿De verdad quienes han usado esos términos saben lo que es el fascismo, el nazismo, o el franquismo? Los que utilizan esos adjetivos como saetas contra los que se apoyan en la Constitución y en los caminos del estado democrático ¿conocen auténticamente el alcance de sus palabras? Esto sólo puede demostrar la gran laguna educativa que tenemos, y supone que algo falla en las entrañas de nuestra cultura. Y sin solventar esto, al final aflorará, como un sombrío trombo nuestra confusión acerca del conocimiento en general, sobre la historia, nuestra trayectoria medular, sobre qué somos y hacia dónde vamos. Vivimos en la cultura de la ignorancia agresiva, dice Salman Rushdie en 'La decadencia de Nerón Golden' (Seix Barral), la nueva novela del autor de 'Los versos satánicos'. Vivimos momentos donde especialmente el sentimiento de lo real se difumina tremendamente. La reconstrucción de ese acuerdo sobre la naturaleza de lo real es ahora, una tarea pendiente que de momento se queda en un horizonte lejano, y sin visos de que rectifiquemos. Y es que además cualquiera se jacta de estar en posesión de la verdad más absoluta sobre cualquier cosa, y a la par la ponderación, el saber dialogar, el tener humildad frente al universo del conocimiento, no están entre nuestras principales virtudes. Tampoco olvidemos que la ignorancia es un gran germen del fanatismo.

Desde pequeño oía a mis mayores decir que los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen. Y fue Baltasar Gracián quien apuntó que ”el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”. Hoy cualquiera opina y muchas, muchas veces, sin tener fundamentos. En la televisión, en diferentes foros y lugares públicos, en nuestros ámbitos más cercanos, cualquiera sabe de todo. Y especialmente en la red, se martillea con juicios inapelables, que además los que los rebaten porque aquellos son insostenibles desde el saber y la verdad, en muchas ocasiones son vilipendiados, y aún más, sin compasión. Ya sabemos que la ignorancia es muy atrevida y a todas horas lo podemos certificar, y ahora su atrevimiento llega a la exacerbación. Y además no hay peor ignorante que el que no quiere saber o sabiendo que está en el error se embebe en el mismo. Y ahí es donde pienso que desde los sistemas educativos, desde los medios de comunicación, desde las estructuras sociales y políticas, deberíamos de armarnos más para revestir un sistema más ético y asentado en la razón más sustancial. Repetida hasta la saciedad es la sentencia de Sócrates de “Yo solo sé que no sé nada”, lo que significa que sólo a medida que avanzamos en el conocimiento nos podemos dar cuenta de todo cuanto nos falta por aprender. Y es que la ignorancia sólo se puede resolver con la cultura y la educación. En cierto sentido podemos decir que todos somos unos ignorantes. Pero, sin embargo todos nos ponemos las anteojeras y caemos en menores o mayores arrogancias de creernos poseídos de verdad. Yo mismo a lo largo de este camino de opinión en el periódico, desde mi fuero interno en muchas ocasiones habré traicionado al sentido común y la verdad, sin ser plenamente consciente de ello. Ignorante es quien no hace nada por aprender escudándose en mil excusas, por ejemplo en que no pudo acceder a los medios que otros tuvieron, o cosas así. Ignorante no es el que desconoce el significado de las cosas o de los hechos. Ignorante no es el que se pregunta a diario por sí mismo y por el inmenso océano que nos pone delante la vida. Ignorante es el que no quiere hacer nada por remediar su desconocimiento. Porque la ignorancia es un estado personal que nos merma como seres humanos. Y es que como dice Mafalda: “De tanto ahorrar en educación nos hemos hecho millonarios en ignorancia” una frase genial que sintetiza nuestra realidad actual. Y lo peor es que la ignorancia a medida que crece y se prolonga, adquiere confianza.

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