Bruselas da un ultimátum a España por la contaminación de Villanueva del Arzobispo

Panorámica de Villanueva del Arzobispo en una imagen de archivo. /IDEAL
Panorámica de Villanueva del Arzobispo en una imagen de archivo. / IDEAL

Alerta sobre la calidad del aire de la localidad junto a tres grandes urbes españolas: Madrid, Barcelona y Ávila

Miguel Ángel Contreras
MIGUEL ÁNGEL CONTRERASJaén

En Villanueva del Arzobispo están acostumbrados estos días a oler a aceite por todos los rincones. Como si flotara. Está en el ambiente. En cierto modo, literalmente, no sólo por la campaña de recogida de aceituna sino por la biomasa procedente del olivar que arde en las instalaciones que calientan la mayoría de casas de la localidad. Una forma de rentabilizar el olivar aprovechando como del cerdo hasta los andares y una energía verde promocionada como fuente de calor natural que, sin embargo, si no se hace con una serie de filtros y controles periódicos puede resultar altamente contaminante. Y es que todo apunta a que este es el principal motivo que provoca que el municipio jienense tenga unos niveles de partículas contaminantes finas (PM10) tan altos que ha llevado a la Comisión Europea (CE) a incluirla junto a Avilés (Asturias) y al municipio de Madrid y Barcelona y su conurbación (por dióxido de nitrógeno), en la lista negra de ciudades contaminadas europeas. De hecho, Bruselas ha dado un ultimátum a España y otros ocho Estados miembros por exceder los niveles máximos de contaminación del aire y les llevará ante la justicia europea si no toman acciones inmediatas.

Si esta próxima semana no presentan planes específicos y convincentes de que van a mejorar la calidad del aire que respiran sus ciudadanos, Bruselas amenaza con llevarlos ante el Tribunal de Justicia de Luxemburgo, que podría imponer sanciones directas.

Sorprende el caso de Villanueva del Arzobispo, una localidad de 8.402 habitantes (a 1 de enero de 2017 según el INE), en una lista negra junto a urbes mucho mayores con gran densidad de tráfico e industria. El problema de la contaminación del aire no es nuevo, no obstante, en Villanueva. La orujera fue un problema de 2005 a 2008, enclavada dentro del casco urbano. Se llegó a crear una plataforma ciudadana para pedir su cierre o su traslado y se instaló un medidor de partículas para ver el nivel de contaminación. Finalmente consiguieron que se trasladara fuera del casco urbano, convirtiéndose en un complejo industrial. Tras algún problema con el diseño inicial se redujeron las partículas nocivas en un 75% en poco tiempo. La orujera ya no quema hueso, usa gas natural. Desde el Ayuntamiento se descarta que el problema actual derive de esta.

«Cuando se hizo la reubicación se instaló con todas las garantías y hoy día tiene premios incluso por limpia», explicaba ayer a este periódico el alcalde Jorge Martínez, que no obstante, aclara que «estamos trabajando en este tema, en las calderas de eficiencia energética. Esas calefacciones ninguna posee filtros y aquí todo el mundo tiene olivas y utiliza esa biomasa. Siempre que nos hemos reunido con las administraciones por este tema se lo hemos dicho, cómo obligo yo a un ciudadano que apenas tiene para salir adelante a que compre un filtro, que puede costar mil euros o más», subraya. La renta media bruta del año 2015 en la localidad según datos de la Agencia Tributaria fue de 14.959 euros.

Petición de subvenciones

«Necesitamos algún tipo de subvención para poder poner las calefacciones con sus filtros. Cuando sea así haremos una ordenanza municipal que obligue a todas las calefacciones a tener su filtro», señala. En su contra juega también la orografía, entre el bajo Guadalquivir y la sierra que hace que el aire, «choque contra las montañas y no pase».

Aun así, Martínez cree que no es un problema exclusivo de Villanueva, sino de gran parte de los pueblos de Jaén donde el uso de la biomasa se ha extendido. «Lo que pasa es que nosotros tenemos el medidor y sale. Es como si fuéramos la cabeza de turco. Si midieran cualquier pueblo de alrededor saldría igual. Si te subes a Iznatoraf se ve la neblina encima de todos los pueblos», asevera.

«La biomasa se promocionó a pesar de tener un plan de mejora del aire de la Consejería y proliferó su uso sin ningún tipo de medida de control dentro del casco urbano. Con todo lo que se redujo ahora estamos como al principio de 2000», aseguran ecologistas del pueblo, miembros de la plataforma que en su día pidió el cierre de la orujera. «Se tenía que haber advertido a las familias que iban a estar sujetos a unos controles. Ahora que está toda la instalación montada y han hecho la inversión resulta que se tiene que remodelar. Si se le dice de primeras los controles que hay y todos los requisitos, echa sus cuentas y ve si le interesa o no. Ahora hace falta una campaña de información para concienciar a la población», apostillan.

Para la ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, el de Villanueva es un problema puntual de la instalación de biomasa. «En los que hay que abordar la situación en mayor profundidad, son Madrid y Barcelona», subraya.

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