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El Ayuntamiento de Vilches rehabilita el viejo camino de La Canaleja

Obras de recuperación del camino de La Canaleja.
Obras de recuperación del camino de La Canaleja. / IDEAL
  • La actividad operativa se lleva a cabo dentro del Programa de Fomento de Empleo Agrario (PFEA) con una aportación del INEM para mano de obra de 142.698 euros

El Ayuntamiento de Vilches ejecuta obras por valor de 282.473 euros en dos de los espacios urbanísticos con más sabor del pueblo: en la calle Corredera, en tiempos no demasiado pretéritos una de las más transitadas; y en el vetusto camino de La Canaleja, en el extremo occidental de la vía anterior donde se ubica un farallón rocoso repleto de cuevas.

La actividad operativa se lleva a cabo dentro del Programa de Fomento de Empleo Agrario (PFEA) con una aportación del INEM para mano de obra de 142.698 euros, de la Junta de Andalucía de 48.160, de la Diputación Provincial 16.053 y del Ayuntamiento de Vilches 1.561. En la calle Corredera se cambia el pavimento, que es sustituido por adoquinado y se procede a una nueva instalación de agua, saneamiento y embellecimiento de muros. En La Canaleja se eliminan basuras y escombros y se repone por completo el camino empedrado que pasará a contar con iluminación, barandas de protección y nuevos muros de contención.

La sugerente pared de arenisca que sobrevuela el Camino de La Canaleja fue históricamente aprovechada por el vilcheño, que a lo largo del tiempo fue abriendo una serie de cuevas que, a pesar de su difícil acceso, oficiaron de vivienda habitual. Horadadas a diferentes alturas, las hay que todavía sus propietarios las mantienen limpias, las abren para que se aireen y procuran tenerlas en excelente estado de conservación.

493 fueron las cuevas y covachas que llegó a tener Vilches entre La Canaleja, El Hondillo, El Chorrete, La Cimbarrilla y otros muchos parajes rústicos llenos de encanto. Cuevas con historia que siguen vivas, nacieron de la acción natural y fueron ampliadas con el alfabeto de las manos y el sudor, pues nadie olvida el enorme trabajo que suponía picar una cueva, labor de machaqueo en la que colaboraba toda la familia, incluidos los chiquillos, quienes con una maza de madera poco pesada con mango de adelfa golpeaban la piedra arenisca hasta convertirla en arena que luego transportaban en serones y vendían en obras para la construcción. 326 de esas cuevas perviven al paso del tiempo. Lo delatan sus paredes con incontables manos de cal, unas veces blanca, otras tintadas de azulete. Y de ellas, medio centenar han sido rehabilitadas por sus propietarios para sostener el desafío urbanístico de los tiempos modernos.

En el libro del autor Juan Peña 'Las cuevas de Vilches', Emilio Gelde describe su cueva: «Tiene cuatro huecos, dos a la derecha y otros dos al fondo de la habitación principal. A la izquierda, según se mira, había una buhardilla. El suelo aun conserva el embaldosado de ladrillo».