Ideal

La 'segunda vida' de las cárceles

Vista de la fachada del Ayuntamiento de Martos, antigua prisión.
Vista de la fachada del Ayuntamiento de Martos, antigua prisión. / FRANCIS J. CANO
  • En Jaén, Linares o Alcalá han cambiado rejas por la cultura. En Baeza y Martos, ahora son el Ayuntamiento

El inminente cierre de la cárcel modelo de Barcelona mantiene abierto en la Ciudad Condal el debate sobre el futuro uso que debe de dársele a ese espacio. Una segunda vida para esa cárcel, que si sigue el modelo de otras antiguas prisiones españolas, podría tener su futuro en un uso cultural. La Coruña, Badajoz, Salamanca, Vigo... Todas esas prisiones han cambiado las rejas por la cultura. Una lista en la que está y no está Jaén. Si por un lado es cierto que esta ciudad intentó que las paredes de su antigua prisión provincial, situada en el Paseo de la Estación, se integraran en un futuro Museo Ibero, lo cierto es que ese museo, cuyas obras acaban de terminarse después de casi ocho años, solo conserva de la antigua prisión el suelo sobre el que se levanta.

Una compleja historia que merece ser repasada, y que no es la única en la provincia. Teniendo en cuenta que hasta los años 60 del pasado siglo funcionaban las cárceles por partidos judiciales, son muchos los presidios que hubo en esta provincia. Ya no hay presos entre sus paredes, pero siguen teniendo vida, una segunda vida, en algunos casos como ayuntamiento, y en otros como museo.

En julio de 2006, los vecinos contemplaban con asombro y con nostalgia como una máquina echaba abajo la fachada principal de la antigua prisión provincial de Jaén. Desde el primer momento en que se planteó que allí se levantaría un museo para albergar el legado ibero, se habló de derribar la antigua prisión, que funcionó como tal desde los años 30 hasta los 60. La idea era que el nuevo museo conservara «la huella» del antiguo presidio, de manera que, como mínimo, se iban a dejar las paredes de la torre octogonal central para que sirvieran de amplio recibidor-atrio del Museo Ibero.

Ese proyecto hubo que cambiarlo sobre la marcha debido a la alteración de la estructura del suelo por el desplazamiento del terreno, causado por las obras vecinas del aparcamiento subterráneo Avenida. El deslizamiento originó grandes grietas en los muros de la cárcel, y finalmente se optó por derribarla entera. La modificación del proyecto que eso supuso, entre otras cuestiones, hizo que se retrasase un proyecto, que ya en 2006 acumulaba diez años de vicisitudes. Las obras que iban a comenzar entonces, no comenzaron hasta septiembre de 2009, y acaban de terminar, en 2017. A falta de que concluya el proyecto museográfico, algo que aún puede tardar casi dos años, desde la Junta de Andalucía se ha anunciado la apertura parcial del museo, con una exposición temporal, antes de este verano.

De lo que fuera la antigua prisión sólo se salvaron la veleta, algún zócalo cerámico, alguna reja y las garitas. Elementos simbólicos, que se guardaron en el Museo Provincial y que, en algún momento se pensó que podría incorporarse de alguna forma al Museo Ibero. Pero de aquello, hasta la fecha, nada más se supo.

Úbeda

Una suerte parecida tuvo la cárcel modelo del partido judicial de Úbeda. Construida en el año 1928, funcionó como cárcel hasta después de la Guerra Civil, cuando la cerraron. Como el Ayuntamiento de Úbeda había cedido los terrenos para que se construyera la prisión, cuando se cerró, decidió recuperar las instalaciones y darles un uso municipal. Así fue parque de bomberos y más tarde almacén del área de Mantenimiento, donde, entre otras cosas, se guardaban los camiones. Eso hasta que el Gobierno, a través de Instituciones Penitenciarias, reclama la titularidad del edificio, y tras un largo litigo, en 2006, un juez determina que efectivamente es propiedad del Estado, y ordena el inmediato desalojo.

El Estado puso en venta el antiguo edificio pero no logró venderlo. Durante años, este espacio ha estado en la lista roja de patrimonio en peligro, que elabora la organización Hispania Nostra. Al ver el edificio en venta, comenzó en Úbeda un movimiento vecinal pidiendo que se le diera un uso social o cultural a la antigua cárcel, pero de poco sirvió, en octubre de 2014 se derribó y solo se dejó en pie la fachada, de estilo Neomudéjar, por el valor que pueda tener. Ahora es el solar, con la fachada en pie, lo que está en venta.

Baeza

Muy diferente es la trayectoria de la cárcel de Baeza, que hoy en día es el Ayuntamiento de esta localidad, declarada, junto con Úbeda, Patrimonio de la Humanidad. El edificio, según recoge el historiador Luis Miguel Sánchez Tostado, en su libro 'Historia de las prisiones en la provincia de Jaén' se terminó de construir en 1559 y fue declarado Monumento Nacional en 1917. Se atribuye a Andrés de Vandelvira. Además de ser prisión, albergaba también la Casa del Corregidor y fue utilizado sin interrupción hasta 1848 en que, por obras, se trasladó a los presos.

«Su amplitud, la opulencia arquitectónica y su aire señorial palaciego, le hicieron ser punto de mira del Concejo para instalar en él la Casa Consistorial», explica Sánchez Tostado. Así, en 1862 se instaló allí el Ayuntamiento, que compartía espacio con los presos, con la separación correspondiente.

Es curioso que en 1893 se suprimió el Juzgado de Instrucción de Baeza y los presos tuvieron que ser trasladados a Úbeda, para tres años después, volver de nuevo a Baeza, cuando se retomó el juzgado y la cárcel. Lo que más tarde sería la Prisión de Partido y la Casa del Concejo o Ayuntamiento compartieron espacio hasta 1943, cuando se decidió ampliar y reformar el Ayuntamiento, que ya no cambiaría de ubicación hasta nuestros días. Los presos fueron trasladados a otra ubicación.

Sánchez Tostado recuerda en su libro que esta no ha sido la única cárcel que ha habido en Baeza, y cuenta como anécdota, que su famosa Universidad (1538-1824) también tuvo su lugar de encierro para evitar «las distracciones de estudiantes soberbios o díscolos. «Durante el siglo XVIII abundaron las peleas y alborotos entre los alumnos de diferentes cursos de filosofía, saliendo a relucir las armas en más de una ocasión. El Claustro acordó cortarles el pelo a todos los filósofos para que la ciudad viera el escarmiento... Estas revueltas y riñas eran tan frecuentes que el Rector llegó a prohibir a los estudiantes estar parados delante de la puerta de la Universidad» bajo pena de ponerlos en la cárcel el tiempo que consideraran oportuno.

Martos

Podría decirse que hay dos antiguas prisiones que son dos bellezas arquitectónicas del Renacimiento: el de Baeza, y el de Martos. Este edificio, que hoy en día es el Ayuntamiento de la localidad, es una joya del Renacimiento andaluz, obra del arquitecto Francisco del Castillo del siglo XV. Hace solo unos meses que el alcalde de la localidad, el socialista Víctor Torres, hizo un llamamiento a la Junta de Andalucía para que ayuden en la financiación de la rehabilitación del inmueble, que todavía tiene pendientes algunas obras de acondicionamiento desde que se inició la primera reforma en 2001. El regidor marteño alegó la importancia de contar con unas instalaciones adecuadas para la prestación de los servicios a la ciudadanía en las mejores condiciones posibles. Y calificó la rehabilitación pendiente de las instalaciones municipales como «uno de los proyectos más necesarios de la ciudad de Martos». Su intención es que antes de que finalice esta legislatura las obras puedan estar terminadas.

Alcalá la Real

Palacio Abacial de Alcalá.

Palacio Abacial de Alcalá. / FRANCIS J. CANO

La cárcel que más tiempo ha ejercido como tal en Alcalá la Real estaba ubicada en la calle Tejuela. Fue prisión desde 1704 hasta más allá de 1950. Según cuenta el historiador local Francisco Martín, en la Guerra Civil, la cárcel se desbordó por la cantidad de presos y primero el bando republicano, y más tarde el fascista, usaron como prisión el convento de las Dominicas. Lo curioso es que a mediados del siglo XX se traslada a los presos desde el edificio de la calle Tejuela al Palacio Abacial, que entonces se usaba como Instituto de Bachillerato, de forma que, niños y presos llegaron a compartir espacio. «Yo estudiaba allí entonces y me acuerdo que veíamos a los presos. Se suponía que allí estaban los presos que no era peligrosos», explica Martín. «Todo el edificio eran las clases de instituto y en la parte de atrás estaban los presos».

Hoy en día el Palacio Abacial se ha reconvertido en el Museo Municipal de Alcalá la Real y es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.