Ideal

El tesoro del castillo de Miller

Castillo de la aldea de Miller.
Castillo de la aldea de Miller. / M. R. A.
  • En ese momento el pastor vio caer una cascada de monedas con las que llenó el morral en tres viajes que hubo de dar

LA casa-fuerte de Miller es una edificación utilizada para controlar uno de los pasos estratégicos hacia el interior de la sierra. Del edificio original, de los siglos XIII al XVII, solo se conserva una torre y una muralla del paramento exterior que cierra el caserío.

En el siglo XIX adquirió protagonismo durante las guerras carlistas, que fue ocupado por las partidas que inundaron las sierras de Jaén.

Existen dos versiones sobre el tesoro de la aldea de Miller, una relacionada con una cueva y otra de ellas en la que la casa-fuerte es el escenario donde se produce el descubrimiento. Como existe paralelismos en otras leyendas similares en castillos, me incluyo por la fortaleza.

Cuentas que en la aldea de Miller vivía un moro descendiente del poderoso Aben-Butassa, antiguo señor de las Gorgollitas.

Estaba apacentando un pequeño hato de ovejas de su propiedad y una tarde de otoño, muy cerca de la casa-fuerte, se desató una gran tormenta, por lo que tuvo que guarecerse pastor y ovejas en los restos de dicha fortaleza, a pesar del miedo que tenía Aben-Butassa por aquellas ruinas, ya que en el pueblo circulaban muchas leyendas sobre duendes y encantadas.

Un gran relámpago iluminó la estancia y pudo vislumbrar una enorme figura que provocó el pánico al pastor. Se quedó inmóvil, pero otro relámpago le hizo ver más claramente que se trataba de la estatua de un toro gigantesco.

Ahora que había perdido el miedo, recogió unas ramas secas y encendió una hoguera. Se acercó, todavía con cierta prudencia, y comprobó la existencia de unos signos árabes junto a la estatua, que no le fue difícil comprender: «en frente del toro está el tesoro», pudo leer.

Como dejó de llover, el pastor volvió con el rebaño a casa y se lo contó a su esposa. Decidieron que a la mañana siguiente volvería al castillo a cavar y ella se encargaría del ganado. Aquella mañana, la tarde y los dos siguientes días se dedicó a remover la tierra de aquel lugar, pero no aparecía ni una mísera moneda de oro.

A la tarde del tercer día, rabioso de sentirse burlado, lanzó el pico contra la estatua, que fue a dar contra la frente del toro. En ese momento vio caer una cascada de monedas con las que llenó el morral en tres viajes que hubo de dar.