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Química con el campo

Un tractor aplica productos en un olivar.
Un tractor aplica productos en un olivar. / IDEAL
  • Entra en vigor la obligatoriedad de pasar una 'ITV' a toda la maquinaria para aplicar fitosanitarios

Más de 20.000 máquinas que se usan en Jaén para aplicar fitosanitarios deben haber pasado ya Inspección Técnica de Equipos de Aplicación de Fitosanitarios (ITEAF). Quien salga al campo con aparatos no autorizados se la juega. No es una broma. A través de esos equipos se liberan al medio ambiente miles de toneladas de herbicidas, fungicidas e insecticidas. Sustancias con impacto en la naturaleza. Aplicarlas con las herramientas correctas puede reducir ese impacto.

La inspección es la garantía de que se aplica la mínima cantidad de producto posible. Y que se aplica bien. Quien sea sorprendido trabajando con herramientas que no hayan pasado la ITEAF incumple las normas de Sanidad Vegetal, y puede ser sancionado. Pero además la ITEAF figura en las condiciones ‘verdes’ que pone Bruselas para las subvenciones, por lo que un acta de infracción puede suponer la pérdida de parte de la ayuda de la PAC. También hay sanciones por infracción a la ley de Riesgos Laborales.

La superficie de olivar ecológico en Jaén representa entre el 5 y el 7% del total del total. Apenas 9.000 hectáreas. La inmensa mayoría de los agricultores hace su trabajo en más de 220.000 hectáreas con ayuda de fitosanitarios. Con todos los controles. Con todas las garantías.

Se habla de magnitudes importantes. Sólo en herbicidas se pueden usar cuatro litros por hectárea, si no más. Si se suman insecticidas y fungicidas como el cobre se puede llegar a un total de 8 litros por hectárea. Hay más de 200.000 hectáreas de olivar en Jaén. Toneladas y toneladas de productos. Más producción, más seguridad alimentaria, y también más impacto ambiental.

En toda España hay unos 240.000 máquinas para aplicar fitosanitarios, un negocio de 2.350 millones de euros según la asociación nacional de fabricantes. Casi una cuarta parte de las máquinas, 60.000, están en Andalucía. Jaén es la provincia que más máquinas tiene censadas. Más de 20.000. Por eso en realidad estas inspecciones de maquinaria que se están haciendo ahora son el último eslabón de una cadena de controles exhaustivos al uso de fitosanitarios. Controles que garantizan la ‘química’ del agricultor con el campo.

«Respeto»

«Hoy la agricultura cuida el medio ambiente. No sólo la agricultura ecológica. La intensiva también. Todo está regulado, todo está controlado. Ahora son las máquinas, pero también el que maneja los fitosanitarios tiene su carné. Y también se mira mucho qué productos se echan, cúando, cómo. Todo se hace bajo supervision de peritos. Y se hacen controles en la aceituna y el aceite que detectarían cualquier problema», asegura José Luis, agricultor de la campiña norte jienense.

Los controles empiezan con la selección de las sustancias. Los criterios cada vez son más restrictivos. Desde la década de los 90 la Unión Europa, que es quien autoriza, ha hecho desaparecer del campo 700 principios activos que antes se usaban legalmente. La cifra representa casi las dos terceras partes del total de moléculas que antes se empleaban. En los últimos años Europa no prohíbe directamente: se recomienda sustituir determinados principios activos por otros, si es viable técnica y económicamente.

El ingeniero agrónomo Juan Quintana resalta que «por un lado la Comisión Europea reconoce que estos principios activos no ponen en entredicho la seguridad, ya que han sido evaluados por todas las autoridades científicas competentes, y autorizados con todos los parabienes. Por otro lado, busca opciones más seguras para algo que ya se supone que lo es». Los expertos alertan de que empobrecer el catálogo puede aumentar la resistencia de malas hierbas y plagas, y obligar a usar dosis cada vez mayores, con perjuicios para el medio ambiente peores que los que se pretenden evitar.

Debate científico

En una de las últimas listas elaboradas, en 2015, se recomendó sustituir un producto, el caldo bordolés, usado habitualmente en la agricultura ecológica como fungicida, al ser un derivado del cobre. Y otras 76 sustancias más. «Es una cuestión dinámica, se actualizan las listas de sustancias que se permiten, en qué periodos, en qué concentraciones y para qué cultivos concretos», explica Carlos Muñoz, de los servicios técnicos de Asaja-Jaén.

Se trata de un debate sujeto a la controversia constante. El profesor José Juan Gaforio, director del Centro de Estudios Avanzados en Olivar y Aceites de Oliva, citó recientemente en uno de sus artículos las opiniones enfrentadas sobre el glifosato, el herbicida más usado en el mundo, al que la Organización Mundial de la Salud atribuía peligro por carcinógeno, mientras que la agencia europea AFSA aseguraba lo contrario. Gaforio también se ha referido en sus trabajos de divulgación al Imidacloprid, que se usa para tratar el olivo contra la mosca y la cochinilla, y que tiene efectos adversos en abejas y peces según estudios científicos.

Una vez autorizados los productos, hay toda una cadena de garantías para que en el campo sólo se usen los más adecuados. Los fabricantes, los distribuidores y los agricultores que funcionan como empresa de servicios y que trabajan con fitosanitarios deben estar inscritos en un registro (el ROPO) que depende de Sanidad Vegetal.

En este registro están también inscritos los asesores en fitosanitarios. El servicio de asesoramiento integral de plagas es obligatorio para todas las parcelas de más de 5 hectáreas. Son estos expertos los que indican a cada agricultor los productos que debe aplicar y cómo.

Para abaratar costes los agricultores se agrupan en API (Agrupaciones de Producción Integrada) o ATRIA (Agrupaciones para Tratamientos Integrales en Agricultura). También proporcionan este servicio los sistemas de certificación de producción ecológica. «Los agricultores no echan al campo lo primero que se les viene a la cabeza o los productos que ellos consideran, sino que cuentan con un criterio técnico», asegura Carlos Muñoz. Hay una Red de Alerta e Información Fitosanitaria de la Junta con información detallada por comarcas.

Jaén, la que más

Jaén es la provincia con más puntos de venta de fitosanitarios de toda Andalucía, con unos 250. Están sometidos a inspecciones de la Junta de Andalucía y de el Servicio de Protección de la Naturaleza, Seprona, de la Guardia Civil. Todo lo que entra y todo lo que sale de esos puntos está controlado. Se sabe con nombre y apellidos a quién a ido a parar cada partida. Cada litro.

En esos puntos no puede comprar cualquiera. Sólo se vende a agricultores con carné de manipulador de fitosanitarios. Un documento que se obtiene tras superar un examen y que se renueva cada diez años. En Jaén hay unos 30.000, la cuarta parte de los expedidos en Andalucía.

En el campo, el Seprona vigila el empleo correcto de los productos. Se piden etiquetas de los productos empleados. Se toman muestras para comprobar que lo que hay en la cuba es lo que ha declarado el agricultor. Y se comprueba que se trata de productos autorizados en la Unión Europea. Hace años se sospechó de la circulación de fitosanitarios ‘low-cost’. Cada producto tiene un periodo de seguridad que hay que respetar. Si no se hace, contamina.

El penúltimo eslabón de esa cadena es la máquina que aplica el producto. Desde 2009 es obligatorio que todos los aparatos estén inscritos en el Registro Oficial de Maquinaria Agrícola. A partir de esta semana, también tienen que tener una revisión, una ‘ITV ‘que garantice que funcionan de forma óptima. Que aplican los productos exclusivamente en las zonas donde son eficaces.

Una poderosa industria auxiliar invierte millones para que la tecnología ahorre dinero a los agricultores. Barras para aplicar herbicidas dotadas con sensores de última tecnología (la UJA ha sido premiada por una invención de este tipo), oractores con ordenadores conectados a las cubas para optimizar el uso de fitosanitarios.

La cadena aún tiene un último eslabón. Los envases vacíos. No se tiran en cualquier lado. La normativa establece que deben enjuagarse y taparse. Y se depositan en puntos autorizados. En Jaén hay 218 puntos de recogida, que el año pasaron recibieron 211 toneladas de envases.

Desde hace ya bastantes años no se tienen noticias de contaminación de acuíferos, ríos o pantanos, cuando hace algo más de una década ocurrieron varios episodios con fitosanitarios. ¿Puede suceder un episodio de contaminación con la acción de algún imprudente? Ese riesgo siempre estará ahí. «El agricultor es el primer interesado en cumplir las normas. Se ahorra dinero y problemas», dice José Luis, agricultor de Jaén. Hay ‘química’ con el campo.