Ideal

Vinos con acento jienense

Barricas de la Cooperativa Santa Gertrudis de Bailén.
Barricas de la Cooperativa Santa Gertrudis de Bailén. / JOSÉ LUIS LÓPEZ
  • Les cuesta vender estos productos fuera de esta tierra y son reacios a las ventas online, pero todos coinciden en que son «pura calidad»

Los vinos de Jaén son, valga la redundancia, muy de Jaén. Y no sólo porque se produzcan íntegramente en esta tierra, sino también porque su comprador final es, en el 90 por ciento de los casos, un jienense. Las bodegas de la tierra de los olivos se caracterizan por ser pequeñas, en muchos casos familiares, centrándose en el trato cercano y la calidad exquisita como puntos fuertes de su producción.

«Aquí se queda prácticamente todo, el 90 por ciento del producto se vende en la provincia de Jaén», destaca Virginia Bosquet, enóloga de Bodegas Campoameno de Frailes, donde se trata la uva de unas 80 hectáreas que se encuentran actualmente a plena producción. Además, cuenta con plantaciones propias desde el año pasado, con la puesta en marcha de siete hectáreas de las variedades Chardonnay y Merlot. «Es complicada la comercialización, hay mucha competencia y muchos vinos que venden a precios regalados, es difícil competir con eso», añade la experta, en cuya empresa trabajan normalmente cuatro empleados, aumentado a siete en los meses de vendimia.

Por su parte, Francisco Santiago, trabajador de Bodegas Herruzo, indica el mismo porcentaje de ventas que se quedan en Jaén y alrededores: un 90 por ciento. «Nosotros mandamos paquetería a toda España, pero aún así prácticamente todo se queda en los pueblos de la provincia. Sobrevivimos gracias a ellos», manifiesta el empleado.

En la misma línea se pronuncian el resto de responsables, que recalcan la «dificultad» de abrirse mercado fuera de esta tierra. «Realizamos algunas ventas en el resto de España e incluso algunas exportaciones al extranjero, pero salir es complicado, o tienes abierto fuera un canal de venta o buscas distribuidores, ya que no merece la pena enviar por ejemplo una furgoneta con diez cajas de botellas a Sevilla. Teniendo en cuenta que las vendemos a tres euros, los costes indican que no es rentable», apunta por su parte José Eduardo Segura, enólogo en la Cooperativa Nuestra Señora de la Misericordia de Torreperogil, en la que de los 1.800 socios «aproximadamente 120» se dedican a la crianza de vino, ya que la cooperativa también acoge a productores de aceite.

Precio «demasiado asequible»

El precio es, tal y como señalan los responsables, un handicap a la hora de comercializar el producto, ya que aseguran que los precios son «demasiado asequibles» para el trabajo y esfuerzo que supone su crianza. De todas las cooperativas y bodegas entrevistadas, el precio del «vino estrella» de cada uno de ellos se sitúa en una media de 3 euros, llegando a rozar, como mucho, los 5.

«Depende de la calidad del vino, de los nuestros, el más caro está a 4,95, pero los vinos de mesa no superan los 80 céntimos. Son precios muy asequibles», afirma Antonio Jesús Fernández, vocal del Consejo Rector de la Bodega Santa Gertrudis, de Bailén, fundada en 1964 y que cuenta con cerca de 60 socios. «Nuestra caja de 15 litros está a 23,23 euros, está tirado teniendo en cuenta las mermas que tienen las maderas durante la producción del vino, los costes que asumimos y el trabajo que hay detrás», añade por su parte el trabajador de Bodegas Herruzo, empresa familiar que pasa «de generación en generación» y que cuenta con dos empleados.

Canales de venta

Potenciar canales de venta alternativos que salgan un poco de las líneas tradicionales es el talón de Aquiles de muchas de estas cooperativas. La mayoría recalca que la venta a establecimientos -supermercados o restaurantes- a través de comerciales es lo que más beneficios les aporta, más de un 70 por ciento. La segunda vía sería la venta a través de tiendas físicas o en las propias bodegas, dejando en último lugar la venta online, un segmento aún por potenciar.

«La venta a través de nuestra página web supone entorno al 2 por ciento del total de las ventas, a la gente le sigue gustando más adquirir la botella en el establecimiento», declara la trabajadora de Bodegas Campoameno. «Llevamos poco en internet, hemos hecho algunos pinitos pero está algo parado. Ahora mismo lo que nos funciona es la venta física», recalcan por su parte desde la Bodega Santa Gertrudis, donde preveían comenzar la recolección de la uva este fin de semana con previsiones «a la baja» con respecto a la pasada campaña. «El motivo es que es que hubo un mayo más frío que en años anteriores y afectó a las viñas», añade.

En estas empresas, la mayoría de los vinos pasa de 3 a 12 meses en las barricas. Sin embargo, no sólo el tiempo de reposo de la bebida influye en la calidad de éste. «Siempre digo que el mejor es el que a uno le gusta, en España hay grandes vinos por menos de diez euros. Lo más importante es la materia prima, que la uva esté bien cuidada. Dentro de un vino joven blanco, influye que tenga una acidez correcta, que sea afrutado y que no supere los 12 grados de graduación de alcohol. Los tintos de crianza tienen más graduación y deben poseer una estructura adecuada para que tengan un buen gusto. Los nuestro, desde luego, son pura calidad», añade el enólogo José Eduardo Segura.

La tónica general que indican los responsables de las bodegas es que durante estos años de crisis económica se han mantenido «estables». Desde la Cooperativa Nuestra Señora de la Misericordia de Torreperogil apuntan a que allá por 2009 «bajaron las ventas en torno a un 10 por ciento», tras lo que se han mantenido estables. Ahora, aseguran, han «recuperado la posición» en el mercado en la que se situaban antes del comienzo de la crisis y prevén este año «una campaña media pese a la sequía» con la recepción de unos 250.000 kilos de uva tinta y 300.000 kilos de blanca. Asimismo, destacan que en esta campaña la recolección lleva «entre 20 y 25 días» de retraso con respecto a una temporada normal.

«Nosotros nos hemos mantenido siembre en la misma línea, con los clientes fijos de toda la vida. Eso sí, si nos mantenemos es gracias a la provincia», incide el empleado de Bodegas Herruzo.

Asimismo, desde Bodegas Campoameno creen que han sobrevivido gracias a su afán de superación y búsqueda constante de nuevos clientes. «Las ventas las hemos aguantado pero porque nos hemos movido más, hemos tocado a más puertas, pero los establecimientos que antes compraban cajas ahora adquieren un poco menos de productos. Claro que hemos notado la crisis, pero al habernos movido tanto yo diría que incluso hemos aumentado nuestra cartera de clientes», manifiesta Virginia Bosquet. La enóloga señaló hace unos días que durante esta semana esperaban finalizar la campaña de Bodegas Campoameno. La uva que se ha obtenido hasta ahora, recalca, es «muy sana, de una calidad muy buena». Las viñas han disfrutado de un clima seco, con poca humedad, lo que ha propiciado que la uva «no sufra» y se coseche «en perfecto estado».

Un potente sector que lucha por mantenerse a flote en una ciudad en el que el buen vino -por desgracia para ellos y alegría para el público- abunda. Potenciando las nuevas tecnologías y saliendo de la provincia, las cooperativas y bodegas de Jaén pueden convertirse en imparables.