Según avanza la ciencia, lo paranormal retrocede. Es la tónica cuando neurocientíficos y psicólogos aplican el método científico al estudio de los hechos extraordinarios. Los trabajos de Henrick Ehrsson y Olaf Blanke demuestran que la ciencia puede dar con las explicaciones que a los parapsicólogos se les han escapado durante más de un siglo. La neurociencia empieza ya a comprender cómo provocar experiencias extracorporales y en un futuro conocerá el mecanismo en toda su complejidad.
Las OBE son, no obstante, sólo uno de los fenómenos paranormales que investiga la ciencia contemporánea. Hay un destacado grupo de psicólogos que estudia las apariciones fantasmales y las abducciones, y cuyos trabajos -que desmontan las fantásticas explicaciones de parapsicólogos y ufólogos- se publican desde hace tiempo en las principales revistas científicas.
Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, ha probado que, en los llamados sitios encantados, las visiones de fantasmas se concentran en aquellas zonas donde hay pequeñas variaciones medioambientales de iluminación, temperaturas... «Los supuestos lugares encantados no son en sí una prueba de actividad fantasmal, sino más bien de la respuesta de las personas a factores ambientales 'normales'», escribió hace cuatro años en el 'British Journal of Psychology'.
Susan Clancy, psicóloga de la Universidad de Harvard, ha demostrado que las abducciones no se dan en el mundo real, sino en el cerebro de sus protagonistas y están vinculadas a la parálisis del sueño, que ocurre al dormirse o al despertarse y se caracteriza por alucinaciones muy realistas.