Miguel P.V. admitió en su primera declaración que se había tomado un carajillo en ayunas. Pero negó que estuviese borracho cuando circulaba a las 11,33 del pasado 28 de junio a los mandos de un turismo por la carretera cerca de Alcalá la Real. Le dieron el alto, le hicieron soplar y dio 1.01 de tasa de alcohol. Alegó que su profesión es la de pintor, y que esa mañana había estado trabajando con unas puertas. Según su versión, los gases de poliuretano pudieron haberlo intoxicado, porque de no ser así no se explica cómo pudo dar positivo.
Será juzgado hoy por un delito contra la seguridad del tráfico, por el que el Fiscal le pide una multa de 900 euros y que le quiten el carné durante un año y tres meses.
El representante del Ministerio Público intentará demostrar que Miguel conducía bajo los efectos del alcohol, «lo que determinaba una alteración de sus facultadas físico-psíquicas, con la correspondiente lentitud de movimientos, reducción del campo visual, disminución de sus reflejos y del estado de conciencia». El atestado refleja que no parecía muy afectado.