Domingo, 15 de julio de 2007
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En las entrañas de Jaén
El día 21 se celebra en Villacarrillo la I Gala de Espeleología para premiar a intrépidos deportistas
En las entrañas  de Jaén
EN ACCIÓN. Cueva de la Murcielaguina en Hornos de Segura, que tiene en la actualidad 1125 metros de recorrido. /IDEAL
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HAY momentos en que, en un sitio muy pequeño, se te apaga la luz. En un sitio desconocido, solo. Por ello, aunque no lo parezca es más importante la preparación psicológica que la física». Así lo asegura Toni Pérez, de 23 años y miembro del club de Espeleología de Villacarrillo. Describe una situación extrema de las que se pueden vivir cuando uno es espeleólogo. Pérez es una miscelánea entre científico y deportista, dedicado a explorar y estudiar las cavernas.

La espeleología nació en Francia y prácticamente a la vez en España, a finales del siglo XIX, extendiéndose por Europa en pocos años. Menos de un siglo después nacía el Grupo de espeleología de Villacarrillo, tres años antes la Federación española. En su origen se trataba de una ciencia, pero actualmente está considerado un deporte de aventura. La práctica de la espeleología requiere de una gran preparación física, si bien para enfrentarse a situaciones límite, como la que relataba Pérez o incluso más duras, es necesaria, si cabe, la mental. El aislamiento en un entorno donde se pierden las referencias espaciales y temporales y el no saber en un momento dado donde está la salida, pueden afectar sicológicamente. Frente a esto sobresale «un gran compañerismo y una competitividad sana», asegura Pérez.

La primera vez

Pocas experiencias hay tan impactantes como la primera ocasión que se desciende hasta las profundidades de una sima. «Parece ser que la primera vez me gustó», ríe Pérez, que se aventuró con sólo 5 años, bajo la supervisión, eso sí, de su padre, experimentado en este campo. Antonio Pérez lo hizo con la mayoría de edad. «La primera vez resulta increíble, ves unas formaciones peculiares, extrañísimas, es una maravilla. Y es muy fácil engancharse como me pasó a mí». Lo que le evocó es 'indescripitible'. Tanto es así que desde entonces y hasta hoy, cuando ya ha dejado atrás 47 años sigue practicándolo con la emoción del primer día. «Íbamos sin equipos tan completos como los de ahora, con linternas. Había que trepar por medio de una cascada, entre la naturaleza, con cierto peligro. Todo eso me impulsó», explica Pérez. «Desde ese momento no lo dudó. Pensó: si en una cueva más bien pequeña, de unos 20 metros, encontramos esto, que no habrá en una grande», añade.

Pese al entusiasmo con el que se expresa, la espeleología es una gran desconocida para la mayoría de sus vecinos.«La gente piensa que vamos a la cueva, entramos y salimos. Punto. Y lo que hacemos va mucho más allá. Realizamos estudios fascinantes y tenemos dos publicaciones anuales. No sólo bajamos por la belleza de las cuevas», se queja Toni Pérez. Realizan estudios topográficos, geológicos, hidrológicos, de bioespeología (Estudio de la biodiversidad) o de situación de las cavidades mediante GPS (una vez que se que se ha ido a una cueva, se cogen las coordenadas y se sitúa en mapas topográficos). Ahora mismo realizando expediciones a Jaén, Málaga y Almería. Entre sus hallazgos destacan además, el descubrimiento de nuevas especies. Los más destacados son diferentes tipos de plantas y de la rama de la araña.

Fruto de este trabajo han recibido premios y ganado campeonatos. La escuela del club, además, se ha hecho con el Campeonato de España de Espeleología en dos ocasiones y participaron en los Juegos Mundiales de 2005, celebrados en Sevilla. Y el próximo domingo 21 celebran la I Gala de Espeleología en Villacarrillo.

En lo que respecta a Jaén las principales cavidades subterráneas están en los términos municipales de Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo, Hornos de Segura, Siles, Santiago de la Espada, Pontones, Segura, las Villas y Cazorla, principalmente.

Un día con ellos

Lo primero que te recomiendan antes de empezar es que lleves un equipo completo: casco siempre, calzado y ropa adecuada, suele utilizarse de un tejido especial que no deja pasar agua y mantiene el calor. El resto de los materiales compuesto de cuerdas y anclajes, arneses, unos descensores, bloqueadores para el ascenso, bagas de anclaje (cuerdas, cintas y tensores). Una vez que se cuenta con todo lo necesario, toca desplazarse a la cueva. Normalmente, ya que se realiza por ocio es en fin de semana. A veces la cueva tiene difícil acceso y hay que caminar durante una o dos horas para llegar cerca de la cueva. Cada miembro de la expedición tiene su misión. Entran primero una o dos personas, la primera que entra es la que tiene más experiencia y se encarga de hacer los nudos. Luego se colocan los anclajes, mediante percutores, taladrando pequeños agujeros procurando el mínimo roce en la pared y profundizar lo máximo posible. Se instalan las cuerdas y se desciende. Y una vez se llega abajo comienza la exploración, toma de muestras, medidas y todo el trabajo planificado.

Jaén, poco profundo

En Jaén y en el resto de Andalucía las cuevas no se caracterizan por su gran profundidad con alguna excepción: hay una sima con 1.100 metros y otra de entre 600 y 700. El joven Pérez estuvo hace unos meses en la segunda más grande de Andalucía oriental, con 550 metros. Sin embargo la mayoría oscila entre los 150-100 metros de profundidad. De las 80 simas de más de 100 metros que hay en toda Andalucía, más de 20 están en nuestra provincia.

De todas formas, asegura Antonio Pérez, no siempre es preferible llegar a mucha profundidad. Cuanto más se baja, más sube la dificultad. «Son unas galerías tremendas y no sólo hay que llegar a ellas. Quiero decir que lo más difícil no es bajar, sino subir una vez has terminado todas las pruebas y experimentos que quisieras hacer. Salir de una cueva así te puede llevar unas 8-10 horas», asevera Pérez. Un esfuerzo físico tremendo y peligroso.

Aunque el peligro no es algo que asuste a los espeleólogos. La posibilidad de sufrir un accidente está presente desde el momento en que te cuelgas de la cuerda. Por algo está considerado un deporte de riesgo. Lo peor según Pérez son los primeros 9 ó 10 minutos, aunque el riesgo está omnipresente.

«El mayor de los peligros es que te confíes, que por no pararte a hacer el nudo tres veces lo hagas una. El mayor peligro eres tú mismo», afirma con decisión. Hasta ahora las cuevas han respetado al espeleólogo, que sólo ha sufrido accidente leves, como torceduras de dedos.

Escuela

Pese a su gran afición los años pesan a la hora de atarse la cuerda y ponerse manos a la obra. El empujón al interior se lo da últimamente la escuela de chavales que están empezando a practicar la espeleología.

Pérez trabaja con ellos y la Federación con la vista puesta en los próximos eventos deportivos. Jaén es un buen lugar para iniciarse y perfeccionarse.

 
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