Lunes, 11 de diciembre de 2006
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Pinochet muere impune
El Gobierno de Chile determina que no tendrá un funeral con honores de Estado sino «con el reconocimiento que corresponde a un ex comandante en jefe del Ejército»
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Una semana después de su hospitalización por un infarto, el ex dictador chileno Augusto Pinochet, murió ayer a los 91 años en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Militar de Santiago. Apenas conocida la noticia, sus seguidores se agolparon para llorarlo. En cambio, los opositores, que denunciaron brutales abusos durante su régimen de 17 años, reaccionaron con mezcla de alivio, algarabía y frustración. El ex hombre fuerte chileno que desde hacía una década acumulaba procesos judiciales en su contra, eludió definitivamente la sentencia.

Pinochet será ahora «sobreseído por fallecimiento» en las causas penales por torturas, asesinatos, desapariciones y otras violaciones de los derechos humanos. En cambio, se mantendrán vigentes aquellos procesos en los que se investiga su responsabilidad y la de su familia en el desvío de millonarios fondos públicos para su provecho. Es la pesquisa que se conoce como 'Banco Riggs' por el hallazgo de las cuentas bancarias a su nombre y con seudónimos en sucursales de esa entidad en Estados Unidos.

Con un llamamiento a la tranquilidad y la prudencia, el portavoz del Gobierno socialista, Ricardo Lagos Weber, reveló que no habrá un funeral con honores de ex jefe de Estado para Pinochet, un asunto que había generado polémica en vísperas de su deceso. El general tendrá sí un funeral «con los honores que corresponden a un ex Comandante en Jefe del Ejército», remarcó, una decisión de todos modos controvertida.

Cremación de los restos

Pinochet será velado hoy en la capilla de la Escuela Militar de Santiago y mañana se celebrará una misa de exequias y un homenaje castrense. La presidenta, Michelle Bachelet, no irá al funeral, pero sí lo hará la ministra de Defensa Viviane Blanlot. Los restos serán cremados y entregados a la familia, informó Lagos, y no habrá duelo nacional sino banderas a media asta en sedes del Ejército.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue informada por el comandante en jefe del Ejército, general Oscar Izurieta. Con esa certeza, la mujer que fue presa de la dictadura convocó a los ministros para una reunión extraordinaria en la que se definieron pasos a seguir. Una encuesta publicada ayer en el diario 'La Tercera' de Santiago indicó que el 55% de los chilenos no quiere un funeral con honores de ex jefe de Estado y más de 70% rechaza declarar tres días de duelo. Los encuestados se manifestaron proclives a aceptar que se le rindan honores de ex jefe del Ejército e incluso el 42% sostuvo que Bachelet debería ir al funeral.

A pesar de tratarse de un anciano con problemas de salud, la noticia de su fallecimiento resultó inesperada y causó una gran conmoción. El ex tirano había ingresado de urgencia en el hospital, el domingo día 3, por un infarto y un edema pulmonar y su estado era gravísimo. Pero en 48 horas se recuperó y fue derivado a una habitación común. En la mañana de ayer los médicos informaron de que el general retirado evolucionaba favorablemente. Su esposa Lucia Hiriart, que ayer cumplía 84 años, llegó sonriente a visitarle al igual que sus hijos y otros familiares próximos.

Pero poco después del mediodía, Pinochet se agravó y fue reingresado en estado crítico en cuidados intensivos. «Tuvo una descompensación aguda, grave e inesperada», explicó su médico Juan Vergara. Los intentos de reanimarlo fueron vanos. El ex general había muerto a las 14.15 horas.

La noticia causó todo tipo de reacciones menos indiferencia. Muchos más simpatizantes de los que iban estos días a rezar por su salud se congregaron frente al Hospital Militar. Hubo enfrentamientos entre manifestantes y miembros de la prensa. Una mujer fue detenida por la Policía por intentar bajar la bandera del mástil del hospital que las autoridades del centro médico mantuvieron en su sitio. Sin embargo, tres horas después, el Ejército ordenó bajar la enseña e izarla a media asta.

«Fue un gran presidente, un héroe nacional», lloraba una mujer emocionada junto a otros simpatizantes, en las cercanías del Hospital Militar. «Nos salvó de ser una segunda Cuba», aseguraba entre sollozos una joven, que agregó «la izquierda estará feliz ahora». «Siento que murió mi padre, merece una estatua. Nos salvó del comunismo», dijo otra simpatizante que portaba una imagen del general en su momento de mayor poder. «Yo era viuda y pude criar a mis hijos gracias a Pinochet. Mi gratitud hacia el 'Tata' es infinita. Tengo un hijo al que le puse Augusto», reveló.

Frente a ellos, los opositores al régimen manifestaron su júbilo haciendo sonar las bocinas de sus automóviles. Más tarde se manifestaron en la Plaza Italia, del centro de Santiago, donde descorcharon botellas de champán. El fallecido dictador ya no gobernaba Chile desde hacía 16 años. Sin embargo, las reacciones expresaron que aún mantenía un gran ascendiente sobre las conciencias.

 
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