«¿Sabe su señoría, señor conde de Romanones, lo que hizo Gladstone en circunstancias parecidas?», le preguntó desde la tribuna de oradores el diputado reformista Melquiades Álvarez aludiendo al gran estadista liberal británico Gladstone. Romanones se volvió hacia su partido y soltó por bajo: «¿Aquí, con esta gentecita, hubiera querido yo ver a Gladstone!».
Esta semana también se ha dado de bruces con don Álvaro de Figueroa y Torres el presidente nacional del PP, que recordó cuando el conde de Romanones intentó entrar en la Academia de la Lengua y no logró ningún voto: «Joder, qué tropa». Y Rajoy convirtió el avispero en el que le metió Esperanza Aguirre con sus dichosas memorias en una victoria total. Hay que ver lo que gana así el líder del PP, porque alguien con una ironía tan fina y este sentido del humor no puede ser un 'federico'. Y todo ello, además, sin dejar de tirar de las orejas a 'Espe', a la que le dejó caer que su inoportuna iniciativa editorial le ha dado oxígeno a los socialistas. De libro. Lo de Rajoy, no las memorias.
El lunes volvió a Jaén en su cita anual desde que está en la oposición, porque cuando era ministro sólo vino tres días antes de las elecciones a echarle el brazo por encima a Sánchez de Alcázar porque le birlaban la alcaldía.
El PP tocó zafarrancho y esta vez movilizó bien pese a la tarde desabrida. También se movió bien el alcalde, que comparte afición ciclista con Rajoy y que, como los esprinter, se coloca bien para llegar con ventaja a la 'fotofinish', con su cazadora de campaña y con el aire retador. A sus señorías les ha dado ahora por golpearse la cara así mismos para ilustrar lo dura que la tiene el adversario. Y también está en boga '¿vergüenza' y se oye «no tienen vergüenza», «han perdido la vergüenza»... Y, en el colmo del ingenio político, lo han unido todo en «no se les cae la cara de vergüenza», tocándose a la vez el rostro. Hasta hace dos meses, unos y otros le ponían apellidos y criticaban la falta de 'vergüenza política'. Ahora, la vergüenza es bastarda, sin apellidos. Qué nivel hay aquí, Mariano.
De puertas adentro, las puyas se vuelven sutiles y el mitin recordó la gala Unicef apadrina un político. El alcalde apadrinó a Sánchez Herrera, vía Arenas que fue quien en primera instancia apostó porque Alfonso fuera ahora el candidato. Arenas apadrinó a Montoro y a Ramón Palacios, vía Aznar. Rajoy, al presidente provincial, vía Gabino Puche. Y Fernández de Moya, al partido: «Nos vamos a dejar la piel para que en la capital siga gobernando el PP», dijo. Más claro, polonio 210.
Y la tropa a lo suyo. El martes se anunciaba que Urbanismo pretendía levantar las calles del polígono de Los Olivares, con lo bonico que lo está dejando Somuvisa ahora, y el concejal de Presidencia monta en cólera. El miércoles se retira del orden del día.
Y mientras, los 'mupis', esas pantallas de publicidad tan discretas, siguen multiplicándose por las aceras de la ciudad para pagar los cubrecontenedores, hasta el punto de que la empresa que instala las paradas de autobús y a cambio gestiona la publicidad, amenazó con irse. Ahora, para que sigan poniendo habrá que ampliarle la vigencia del contrato. Aquí te hinchabas, Mariano.
Y mientras se hacen la puñeta entre sí, maniqueísmo con anteojeras para los barrios: o eres del PP o del PSOE, o te callas y te arreglo algo o no voy ni de visita. Da igual si los vecinos llevan o no razón en lo que piden. En la guerra política, la primera víctima también es la verdad. Visita a Jabalcuz después de años de olvido para ver cómo se ha limpiado ¿un mes! los jardines que la promotora entregó en su día rehabilitados y limpios. Y no invito a la plataforma ciudadana porque no son de los míos. Da igual que se haya reconocido que Jabalcuz ha estado olvidado y que hay obras ilegales. O conmigo o contra mí.
En El Tomillo están tan altos que se merecen el cielo. Llevan diez años para que les arreglen una calle, una, y no hay forma. Creo que al final se la arreglarán, y hasta creo que los vecinos también lo saben, pero de lo que están hartos es de tanto desprecio.