POR Santa Catalina lo que sea, pensaron los pocos jienenses que ayer se acercaron a la romería de la copatrona de Jaén, entre los que se encontraba un invitado muy especial con el que nadie quería encontrarse, el mal tiempo. Una visita que llegó alrededor de las once de la mañana, cuando la imagen subía en procesión camino de la ermita. Una falta de asistencia que no entienden aquellos que durante toda su vida, con frío o calor, han participado en la tradición, como Eduardo González que reconoce que «de esta fiesta me gusta todo porque llevo toda la vida subiendo hasta aquí para acompañar a la virgen. Pero las cosas han cambiado, la gente no sube con fe, sino a comer y a divertirse. Por eso el que llueva se ha convertido en un impedimento».
Apenas media docena de chiringuitos componían el 'jolgorio' que otros años acumulaba alrededor de las siete mil personas. A pesar de ello, las sardinas asadas, los chorizos, las migas y la paella, «aunque para menos personas pero con los mismos ingredientes y las mismas ganas de hacerla» coincidían los cocineros, no faltaron para los pocos cientos de valientes que acercaron a los que en su día fueron Los Reales Alcázares de Jaén. Domingo Romero fue uno de los que decidió subir con toda la familia, «a pesar del tiempo, puesto que si es una devoción se hace cualquier esfuerzo, incluso con lluvia».
Los cofrades
Quienes habían estado preparando hasta el último detalle este día, los miembros de la cofradía no podían reprimir su tristeza. Hace tan sólo unos días, el hermano mayor de la Cofradía, Juan Antonio Rubio, nos contaba que rezaba a diario «para que la lluvia aguantara un día más y nos permitiera celebrar por todo lo alto y como Santa Catalina se merece el conjunto de actos que había preparados», sin embargo, las nubes han hecho caso omiso a la petición y se han sumado a la celebración con todas las consecuencias. A la salida de la misa y ante la realidad del día, Rubio reconoce que «se ha cumplido lo que ya preveía, aunque reconozco que podía haber sido peor. Hemos cubierto la imagen con un plástico y no ha sufrido desperfectos, pero si ésto mismo hubiera ocurrido el año que viene, que va a ser restaurada, sí que se hubiera visto dañada. Dentro de lo malo hemos tenido buena suerte».
Un optimismo que también compartían los más jóvenes. Aunque en una zona discreta de la subida, bajo un árbol, y con su pequeña hoguera para asar las sardinas, Julia Montero quería «seguir la tradición para ver la virgen y echar el día comiendo sardinas y pinchitos».
El futuro
La popular romería de Santa Catalina es un encuentro con la historia que año tras año se celebra en las inmediaciones del Castillo con el mismo nombre, pero que según se comentaba ayer entre amigos «se acabará perdiendo con el tiempo. A pesar de estas gotillas, debería haber mucha más gente aquí arriba. Otros años, aunque también se ha notado, no ha llegado a estos extremos». Sin embargo, prever un final así no está dentro de los planes de los cofrades. En estos últimos tiempos, vienen haciendo un gran esfuerzo para que la tradición se arraigue un poquito más y se agrande entre los jienenses, no sólo de la ciudad, sino de los pueblos colindantes.
Una tradición que, con o sin futuro, pero con un presente, tiene la esperanza de «que el año que viene conserve un rayo de sol para este día que llevamos preparando durante casi un año», concluye Juan Antonio Rubio antes de disfrutar, en la medida de los posible, de la fiesta.