Jueves, 23 de noviembre de 2006
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Jorge Drexler, cantante: «No fue una alegría componer '12 segundos de oscuridad'»
El uruguayo presenta hoy en Granada su último disco, un canto al amor y al desamor en clave íntima
Jorge Drexler, cantante: «No fue una alegría componer '12 segundos de oscuridad'»
DE GIRA. Jorge Drexler con un faro al fondo, donde se refugió para realizar su último disco. / IDEAL
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Jorge Drexler (Uruguay, 1964) responde al teléfono de camino a Cartagena, una de las paradas de la gira de presentación de su último disco '12 segundos de oscuridad'. Es la sexta entrevista de la mañana (son las 12.30) y confiesa sin perder la amabilidad que está aburrido de tantas preguntas, «casi siempre son las mismas». Sin embargo, este cantautor enamorado de la tecnología -que con su prosa se ha situado en el 'top-ten' de la lista de ventas en España- disfruta cuando cuelga el teléfono y se sube a los escenarios, en los que este año suele lucir el cartel de 'entradas agotadas'. «Estoy en un periodo de luz, me encanta hacer este show, es el más preparado que he hecho en mi vida». Lo tendrá que demostrar hoy en Granada.

-En '12 segundos de oscuridad' se encuentra el sonido Drexler, pero las letras han cambiado, nada de física ni metafísica, sólo amor y desamor...

-Totalmente de acuerdo con esa descripción y me alegro de que sea así. La idea era justo cambiar de color, de temática. La gente está acostumbrada a que los discos cambien en el sonido, yo, sin embargo, considero la canción un género al que se puede entrar por muchas puertas; y me gusta entrar a veces por la temática, otras por la fonética, a veces por los arreglos, otras por una melodía... Me interesaba que fuera un disco muy emotivo, confesional y directo. Muy diferente del protagonista contemplativo de los anteriores discos, ese de «viva la ciencia viva la poesía» que celebraba el mundo y lo que veía afuera. Este disco mira para adentro. Una especie de disco terapia, todos lo son, pero éste es más evidente.

-No es una contradicción cerrar a cal y canto su vida privada (se ha separado de la madre de su hijo y ha comenzado a salir con Leonor Watling) y cantarlo-contarlo todo en el disco. ¿Cómo lo justifica?

- No necesito justificarlo, tengo la suerte de poder elegir de lo que quiero hablar o no. No tengo más remedio que escribir de cosas que me emocionan, pero me guardo un margen de duda, nadie sabe si lo que escribo es totalmente autobiográfico o no. Doy mis canciones, pero ya está. Trato de llevar una vida normal. Me siento violado si me sacan fotos robadas con un amigo o amiga por la calle.

-En él encontramos una versión de Radiohead, algo sorprendente. ¿Cómo decidió incluir ese tema?

-Porque me gusta mucho y para que sorprenda. Radiohead tiene una relación por igual con lo acústico y con lo electrónico; busca canciones con contenido emocional; se toma muy en serio su trabajo y la terminación de textos y melodías; además, trata de cambiar de disco a disco... Me identifico con todo eso, aunque soy menos sombrío.

-Ha tenido la oportunidad de conocer a los miembros de Radiohead.

-No. No me muero de ganas de conocer a la gente que admiro, suelen decepcionarte mucho.

-Su hijo, Pablo, aparece cantando en 'Disneylandia'. ¿Ya apunta maneas como artista?

-Cuando sea más grande, si tiene ganas de hacer pública su vocación, te lo contará él mismo... A mí me da igual, yo soy médico como mis padres y después de diez años de Facultad de Medicina vivo de la música. Me interesa que mi hijo sea feliz con lo que hace. Yo voy a quererlo y a darle las directivas de cómo funciona la vida para que luego se arregle solo. Yo soy feliz con la música, aunque también te puede dar infelicidad.

«No sé quién me escucha»

-Usted está expuesto y todos lo analizan, ¿pero se imagina qué tipo de gente le escucha?

-No. Me cuesta mucho agrupar gente, es mucho más fácil hablar con algunos a la salida del concierto y hacerme una idea de él o de ella en concreto. Me cuesta generalizar en todo lo que no sea biología y entrar en la sociología, no sé que tipo de ropa usa mi público o cuánto duerme. Ni qué piensan...

- Volvamos a usted. ¿De la discografía de Jorge Drexler con qué canción se queda?

-No sabría decir. No hay una. Si están en los discos es porque las quiero mucho y han pasado muchas cribas. Es un proceso muy doloroso dejar en un disco sólo 14 canciones, que cada uno saque sus propias conclusiones.

-Lo define como proceso doloroso. ¿La creación siempre es dolorosa?

-La creación no siempre es dolorosa, pero sí lo es dejar canciones fuera de un disco. Para mí hacer un disco nunca fue un proceso alegre, siempre fue de mucha entrega y decisiones. No llevo bien las decisiones.

-Con 10 discos en el mercado, en más de una década... Si cada vez que hace un disco ha sido doloroso llevará muchos años infeliz.

-Bueno, por eso saco discos cada dos años y medio o tres. El periodo de selección de material no es sumamente doloroso, pero aseguro que no es cómodo. A veces componer tampoco te hace sentir bien. En '12 segundos de oscuridad' no fue una alegría componer. Me gusta mucho el directo, eso casi siempre es garantía de alegría, una gratificación instantánea.

-Evoluciona técnicamente y experimenta con nuevos sonidos. No defiende al cantautor con su guitarra pelada.

-Nunca he creído en el falso naturalismo, siempre me han dado mucho miedo los puristas y los ortodoxos en todos los ámbitos. Cometo muchos errores, pero el purismo no es uno de ellos.

-Su mayor influencia musical...

-Mi tío Gabriel, él tocaba la guitarra cuando yo era chiquitito; y mi vecina María Elena, era profesora de piano y a los cinco años me empezó a dar clase.

-¿Quién ha sido el faro de su vida?

-Mis seres queridos.

-¿Y sus 12 segundos más eternos?

-Cuando algo sale mal en el escenario se vuelve larguísimo.

-Alguna vez en Uruguay abandonó el escenario de aquel bar donde cantaba bossa y se hacían despedidas de soltero.

-Sólo fueron dos veces, antes de venirme a España. Entonces decidí no abandonar más los 'shows', salvo por algo tremendamente grave. No lo volvería a hacer, lo pasas muy mal cuando te bajas de un escenario antes de tiempo.

-Por aquel entonces le lanzaban condones, ¿qué le lanzan hoy día?

-Condones ya más no. Por aquel entonces se los lanzaban entre el público, ahora me acercan una carta, un disco, a veces flores... No más.

-Demasiada tranquilidad...

-Sí, pero tengo la suerte de poder elegir donde puedo trabajar. Soy muy afortunado, porque la música es una profesión difícil e inestable. No me quejo, no me va mal, pero económicamente si comparas el dueño de una panadería y un músico, gana más el panadero.

-Venga...

-Que sí, yo tengo como propiedad un coche y media casa, es todo. Aquí ganas mucho dinero un año y luego te tiras tres sin trabajar.

-Y si tuviera miles de millones.

-Haría lo mismo, me gusta vivir de lo que hago. Es mucha esclavitud tener mucho dinero, igual que tener muy poco.

-Ha declarado que le hubiera gustado que Enrique Morente hubiera cantado 'Al otro lado del río' en los Oscar. ¿Le gusta el flamenco o sólo Morente?

-Me gusta el flamenco en general y muy en particular la visión de Morente, no sólo en el flamenco, sino su visión artística. Es mi artista favorito en España. Lo que hizo con Lagartija Nick y Leonard Cohen y con los conocimientos más profundos del flamenco tradicional es para quitarse el sombrero. El 'Omega' es uno de los discos más importantes en la historia de la música española.

mapenalver@ideal.es

 
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