¿Cómo le gustaría que fuera la campaña para el referéndum sobre el Estatuto, que se celebrará el 25 de febrero de 2007?
Hay una posible interferencia, que es que se celebrará en fechas muy próximas a la campaña de las elecciones municipales, pero yo espero que no se mezclen la una con la otra. Si el PP, IU y el PSOE han apoyado el Estatuto, todos deberíamos coincidir en que el objetivo fundamental es explicar el Estatuto a los andaluces y, sobre todo, movilizar a la gente para que vaya a votar y, de esta manera, el texto tenga un gran respaldo de la ciudadanía.
-¿Ofrecerá un pacto al resto de partidos políticos para que sea posible este acuerdo sobre el referéndum?
-Yo estoy dispuesto, aunque está claro que no se trata de que los tres partidos políticos hagamos campañas conjuntas. Lo importante sería que trasladásemos los mismos mensajes a la ciudadanía.
-Usted ha asegurado sentirse muy satisfecho de como queda reflejada la Disposición Adicional Segunda del Estatuto, la que hace referencia a la 'deuda histórica' ¿Considera que este problema se ha solucionado de forma definitiva?
-Es muy importante que en el Estatuto se hayan recogido plazos, algo que no sucede en el Estatuto aún vigente, y que se haya fijado un plazo máximo de tres años para solucionar un problema que venimos arrastrando desde hace muchos años. Y en esta solución están comprometidos el Gobierno de España y el Gobierno de Andalucía y yo creo que este es un paso cualitativo muy importante.
-El Estatuto garantiza que, en los próximos siete años, el Estado invertirá en nuestra Comunidad en relación a la importancia de nuestra población. ¿Cree usted que, transcurrido este periodo, a Andalucía le convendrá más que se fijen las inversiones en relación a lo que aporta al PIB, como en Cataluña?
-En el plazo de siete años, no. Lo que sí creo es que nuestro índice de participación en la población española va a ir reduciéndose y, sin embargo, nuestro índice de aportación al Producto Interior Bruto va ir aumentando. Pero en siete años no creo que aún se pueda dar esa convergencia.
-Durante la última fase de la tramitación han tenido que trabajar los parlamentarios del PSOE en Andalucía con los de Madrid. ¿Ha existido sintonía?
-Sí. Ha existido una perfecta compenetración y fluidez entre ambos.
-¿La tarde en la que se cerró definitivamente el acuerdo entre PP y PSOE en la Comisión Constitucional, quién dijo el último 'sí', usted o Javier Arenas?
-(Sonríe) No sabría decirle con exactitud, pero sí le puedo decir que en el último momento yo dí dos redacciones sobre el tema de 'realidad nacional', como última palabra mía y, efectivamente, el PP, no sé si fue Arenas, Trillo o Rajoy escogieron una de las dos.
-¿Temió por el acuerdo?
Siempre existió ese temor, pero yo siempre he pensado que habría acuerdo. Era muy difícil para el PP mantenerse fuera del consenso. Votar en contra del Estatuto habría tenido un coste político para un partido que ya tenía el antecedente de la postura que mantuvo con relación al 28 de febrero de 1980.
-¿Considera un suicidio político la posición del Partido Andalucista con respecto al Estatuto?
-Yo lamento mucho la actitud del Partido Andalucista y no la puedo entender, ni siquiera, desde una óptica partidista. Mu-chas veces me coloco en el lugar de un dirigente del Partido Andalucista y no logro entender cómo se puede actuar de esta manera, porque yo creo que eso va a conducir al PA a ser un partido extraparlamentario. Hace pocas horas que el Congreso de los Diputados ha aprobado la reforma del Estatuto Andalucía con un respaldo histórico. El presidente de la Junta de Andalucía aún conjuga el sentimiento de felicidad por este logro, con el de tristeza por el fallecimiento de su madre. Sobre la mesa de su despacho, el Estatuto de Extremadura. El presidente de aquella comunidad anuncia un recurso contra el texto andaluz por atribuirse las competencias sobre el Guadalquivir y el flamenco. Para un articulado sobre el que todos los partidos coinciden en señalar que ayuda a la cohesión de España, la queja parece más bien una broma.
-¿Misión cumplida?
-Sí, sin duda. Y cuando se cumple una misión con el éxito que ha cosechado en el Congreso de los Diputados, donde ha sido aprobada prácticamente por unanimidad, salvo dos abstenciones, pues también es motivo de satisfacción. Una satisfacción que tenemos que rentabilizar todos de igual manera. Pero quien lo tiene que rentabilizar sobre todo es la ciudadanía que, en definitiva, va a ser el principal destinatario de esta gran herramienta que representa el Estatuto de autonomía, con todos los derechos, financiación y competencias
-Han tenido que practicar ustedes una especie de cirugía política para mantener la columna vertebral de lo aprobado por el Parlamento andaluz y, a la vez, introducir los cambios necesarios para incorporar al PP al consenso.
-Concitar el consenso es complicado, y más complicado concitar el consenso entre dos partidos con posiciones, no ya diferentes, sino a veces contradictorias, como son el PP e IU, por lo tanto, hemos tenido que jugar con una gran habilidad. Pero concitar el consenso es precisamente un reflejo de la cualidad de liderato, y eso también lo hemos hecho, ejercer el liderazgo a la hora de concitar el consenso.
-En los últimos días se ha vivido una especie de competición para establecer qué parte ha cedido más para propiciar el consenso.
-Yo creo que esa es una polémica absurda y es una polémica inútil. Nadie debe rentabilizar partidariamente el consenso sobre el Estatuto de Andalucía. Explicar el consenso en clave de partido me parece absurdo y una falta de respeto para la ciudadanía. El acuerdo es obra de todos, porque todos hemos cedido. Quizás los que hayamos tenido que ceder más hemos sido nosotros, como partido que elaboró el Estatuto y, en consecuencia, para atraer al acuerdo a PP e IU, hayamos tenido que ceder más. Pero el consenso es obra de todos. El hecho de que se considere ya que el Estatuto es necesario y oportuno, frente a otros momentos en que se decía que no lo era, pues es una cesión. El hecho de que se diga que una reforma estatutaria no atenta contra la unidad de España, pues eso es otra cesión. Nosotros como partido, también hemos cedido, lo mismo que ha cedido Izquierda Unida.
-La inclusión del término 'realidad nacional' en el Preámbulo ha centralizado el debate final. ¿Se han solapado otras cuestiones de mayor interés en el Estatuto a causa de este término?
-El tema de 'realidad nacional' entra justo en lo que es la simbología de la comunidad autónoma y de los sentimientos y, por lo tanto, por nuestra parte era obligatorio mantener el término 'realidad nacional', que al final ha sido el tema más delicado y el que ha creado más polémica. Pero hemos llegado a un encuentro con el PP en una doble dirección. La primera, una referencia histórica como quería el PP y, la segunda, una relación con el presente, como quería el PSOE, y ahí ha estado el punto fuerte del debate.
-¿'Realidad nacional' nos acerca más al Estatuto catalán o nos diferencia del valenciano y del balear?
-Cuando se introduce el término 'realidad nacional', en el campo de los signos y de los símbolos, es para trasladar el mensaje a la ciudadanía de que nuestro Estatuto de autonomía se puede equiparar al que más. No queremos más que nadie, pero tampoco menos que nadie. En definitiva, lo que hace homologable al Estatuto de Andalucía con el de Cataluña son las competencias, el nivel de autogobierno que hemos alcanzado, la financiación o las inversiones del Estado que durante siete año nos aseguran que serán proporcionales a la importancia de la población andaluza. El hecho de ser un Estatuto de máximos en competencias y de máximo de autogobierno es lo que hace que nuestro Estatuto sea homologable al catalán. Y repito que esto no quiere decir que sea igual que el catalán.
-¿Andalucía gana poder con el nuevo Estatuto?
-Andalucía gana poder, pero no solamente eso, ganan los ciudadanos, que eso es lo importante. Este Estatuto también hay que entenderlo en clave de la ciudadanía, en clave social. ¿Por qué?, porque no solamente se fortalecen los derechos que se han ido acumulando todos estos años, sino que también se establecen nuevos derecho sociales, educativos, sanitarios. En este sentido es un Estatuto innovador, pero también es un Estatuto para la ciudadanía, porque establece más facultades y derechos para los ciudadanos a la hora de controlar y de exigir responsabilidades a las instituciones cuando no cumplen con sus compromisos o no cumplen con las leyes.
-Todos coinciden: Este Estatuto ayuda a la cohesión de España.
-Hemos dado un ejemplo muy claro de cómo se puede elaborar un Estatuto en el marco de la Constitución y al mismo tiempo con el máximo de consenso, que fueron los compromisos que adquirimos cuando yo inicié el debate sobre la reforma del Estatuto de Andalucía. Yo creo que hemos aportado tres elementos claves: un punto de referencia para los estatutos que vengan; tranquiliza y serena el debate territorial, ya nadie va a hablar de la ruptura de la unidad de España, y no es sólo bueno para Andalucía, sino también para España, porque fortalece la España plural.
-De hecho, va a ser difícil que otro Estatuto de una comunidad histórica coseche un respaldo tan importante en el Congreso.
-Hemos marcado un techo. Nunca ha salido del Congreso de los Diputados un Estatuto de autonomía con el grado de consenso que ha obtenido el andaluz, ni siquiera la propia Constitución española de 1978 alcanzó este grado de respaldo.