El teatro continúa siendo uno de los platos fuertes en las fiestas patronales de Armilla. Ojalá otros municipios continuasen tan recomendable ejemplo. Porque mientras muchos ayuntamientos dilapidan su presupuesto festivo en espumas insulsas, pasacalles cansinos y grupos de aficionados insoportables, Armilla sigue confiando en compañías profesionales, ciertamente madrileñas, pero de todo ha de haber en una programación que pretende ser cosmopolita.
Este año ha sido María Luisa Merlo, la gran actriz que muchos recuerdan de pretéritos Estudio Uno, la hija de aquel genio de la escena que fue Ismael Merlo, la madre de otro actor que continúa una de las sagas teatrales más aplaudidas en el siglo XX español.
Pero, a diferencia de frecuentes compañías formadas alrededor de un actor o actriz de renombre, con secundarios de escasa valía y destello excesivo de la cabecera de cartel, aquí María Luisa se ha rodeado de compañeros excelentes, buenos actores, tal vez demasiado histriónicos y forzados en el dramatismo, tal vez poco contenidos hacia la flema británica y la sugerencia más que a la extroversión. Pero en eso también tiene su responsabilidad el director de actores.
El caso es que María Luisa está en el nivel que se esperaba de ella, recordando aquellas comedias que veíamos en el Centro de la Diputación, cuando Armilla aún no tenía teatro municipal. Ella sabe dar un paso atrás, sobre todo en el segundo acto, para que sean sus compañeros los que luzcan ese juego de sugerencias, de hilvanes sueltos, de queso clavado en la ratonera, que es sello de la factoría Agatha Christie.
Mantiene a la perfección su papel de narradora y narrada, de autora y víctima de la obra. Los demás imprimen un ritmo creciente, que nunca decae y siempre distrae, casi excesivo al final, con muchas salidas y entradas que aturden más que atemorizan. Pero así son las obras de esta autora inglesa, cuyo esquema deductivo hemos visto tantas veces en el cine que ya casi no nos llama la atención en teatro. Sin embargo en el teatro de Armilla no se oía una mosca. Mientras a cuatro pasos la feria estaba a reventar, en la sala todas las butacas llenas, todos atentos para descubrir al asesino, y al final, todos aplaudiendo la buena comedia que, cada como año, visita la localidad en la semana de San Miguel.